Ilustración de la serie ‘La calle no está sola’ por Los Tlacolulokos

Los maestros oaxaqueños suelen corear en sus marchas una consigna que ya es histórica: “¡Si Juárez viviera, con nosotros estuviera!”. Lo hacen desde 1980, año en que rompieron con el largo periodo de sumisión y control al que estaban sometidos.
Existe una fotografía que las nuevas generaciones de profesores deben observar, ya que ilustra la defensa que de Juárez hace la CNTE en Oaxaca. En una multitudinaria manifestación realizada por los educadores oaxaqueños, en junio de 1980, en el Distrito Federal, su manta principal rezaba: “Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo, pero que con sus hechos lo traicionan (Benito Juárez)”. Y la siguen publicando. En 2006, el año de la insurrección del pueblo de Oaxaca contra el sátrapa asesino Ulises Ruiz Ortiz (URO), Juárez volvió a salir a las calles, en esa ocasión en un grafiti monocromático, que mostraba su rostro portando una boina estilo Che Guevara, con una estrellita de cinco puntas: la estrella socialista.


Cada año, el 21 de marzo (fecha de natalicio del patricio), los profesores de la Sección 22 de Oaxaca realizan un acto político de protesta en la tierra natal de Juárez, a la par del acto oficial de los gobernantes en turno. Son historias memorables cómo los gobernantes tienen que realizar obligadamente sus eventos, cercando militarmente la enorme estatua, proferir un discurso de tres minutos, firmar el libro de visitas y salir huyendo en helicóptero. En esos actos, los maestros y los ciudadanos vuelven a sacar sus carteles y sus pintas en la carretera y en el pueblo: “Malditos aquellos…” y los malditos gobernantes se pitorrean.


Nochixtlán, Oaxaca, cobró relevancia mundial a partir del 19 de junio de este año, cuando la policía federal atacó la barricada de profesores y ciudadanos en la autopista México-Oaxaca, dejando un saldo de 10 muertos y más de 100 heridos de gravedad. La agresión se dio en medio de la lucha frontal que la CNTE libraba (y sigue librando) contra la nefasta reforma educativa. Pues bien, en ese tranquilo y hoy ofendido pueblo de la mixteca oaxaqueña, nació, en 1871, el ilustre educador Abraham Castellanos Coronado. Don Abraham Castellanos siguió a la generación de Enrique C. Rébsamen, Justo Sierra, José Vasconcelos, Ignacio Manuel Altamirano, entre otros pedagogos que revolucionaron el pensamiento educativo mexicano; obra que debe estar presente en las aulas y en las calles de Oaxaca.


Castellanos escribió para la posteridad obras como: Organización escolar (1897); Metodología especial (1904); Pedagogía de Rébsamen (1905); El criterio sobre métodos de escritura (1908); Benito, libro de lectura mecánica (1908); La enseñanza del lenguaje (1911); Teleología especial (1917); Conferencias histórico-pedagógicas (1917), entre otras.


Si cuestionáramos con sus palabras la política educativa actual diríamos: “Los principios que sean buenos, adaptarlos [pero] no imitemos, escojamos los principios. Tomemos la idea para amoldarla al espíritu que tenemos en nuestra sangre. La imitación nos llevará al fracaso […] Nosotros propendemos a la imitación. Somos amigos de la imitación constante, sin regla y sin norte […] lo mismo en la escuela que en cualquier género de conocimiento” (Conferencias histórico-pedagógicas).


Si nos atreviéramos a criticar a los que no luchan, ni siquiera por defender sus derechos pisoteados y prefieren traicionar a sus hermanos de clase, les expresaríamos con las ideas de Abraham Castellanos: “Si alguna vez nos sentimos fatigados al pie de añosos encinos, y desde allí contemplamos el lejano horizonte, hoy […] quiero llevarte al país azul de los árboles de oro, donde no se cansa uno jamás” (“El Rey Lukano y los hombres de oriente”, leyenda Indígena).


Si los profesores de Oaxaca se atreven a elaborar otra manta, parecida a la de 1980, y la pusieran al frente de su próxima manifestación exigiendo castigo para los asesinos del pueblo de Nochixtlán y para el carnicero de Chalcatongo (URO), con palabras de Abraham Castellanos, entonces en esa manta leeríamos: “Es un deber erguirse contra la tiranía, y dentro de cada línea, léase mi grito de protesta contra la brutalidad de los opresores” (Ibid).


Muchas enseñanzas podemos encontrar en la obra de Castellanos, nochixtleco profundo, revolucionario convencido, luchador incansable contra la ignorancia y las injusticias. Murió a los 37 años de edad, en Pachuca, Hidalgo… recordando siempre su terruño mixteco. En 1910 escribió: “Hermana mía […], ¿lo recuerdas? Hace ya tantos años dos jóvenes vagaban por el país de los Ñuu Savi [Pueblo de la Lluvia], buscando las fuentes de la historia”. Jamás se imaginó don Abraham Castellanos Coronado que su pueblo, alguna vez, fuera mojado con sangre inocente y con lluvia…de balas.

Por Ricardo Rojo

ricardorojo7819@yahoo.com.mx

*Columna publicada en: http://old.nvinoticias.com/…/secc_a/files/mobile/index.html…

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