Por Diana Laura Arroyo

Pero ya pasó el día sin coche”. “Ya lo sé”. “Lo hubieras hecho una o dos semanas antes para que tuvieras un buen timing para publicar”. “Pues sí”. “Lo vas a terminar en mayo”. “Yep, el primero”.

Luego de una breve charla con un compañero, decidí realizar un proyecto personal en honor al Día Mundial de la Tierra, sólo que como se me da lo radical, pensé extenderlo un par de días más.

La idea empezó el 22 de abril, justo después de que Indira Kempis invitara a los candidatos a la alcaldía y gubernatura de Nuevo León a moverse a pie, en bici o transporte público en el Día de la Tierra. Me imaginé a sus asesores de comunicación e imagen moviendo citas, mítines y compromisos en su agenda para que el candidato en turno pudiera aparecer de lo más tranquilo mencionando por alguna de sus redes sociales que se sumaba al reto. “Un día parece fácil”, pensé. Sólo es cuestión de que muevan los compromisos de mayor logística para el día siguiente con el fin de que puedan aparecer en la agenda ciudadana como uno de los que sí cumplieron.

¿Cómo sería la vida de alguien acostumbrado a usar el coche si prescindiera de él durante más de un día? Digamos, ¿una semana? Sin estar involucrada en la política o la vida pública, pensé que este cuestionamiento sería la oportunidad perfecta para demostrar lo que pasaría si una hija de vecino optara por dejar de usar coche por unos cuantos días.

Así empecé el reto #SemanaSinCarro, en donde el objetivo es usar cualquier tipo de transporte a excepción del coche en una ciudad que prioriza a los automovilistas, a pesar de que son menos del 35% de la población, de acuerdo a cifras del INEGI.

En Monterrey y su área metropolitana, zona con una extensión de 9,690 kilómetros cuadrados, apenas contamos con 2 líneas de metro con 32 estaciones, más de 100 rutas de transporte urbano y una infraestructura para peatones y ciclistas que dista mucho de los recursos de las ciudades preocupadas por su gente y no por los espacios para los automóviles.

Ten cuidado, hay muy poca consciencia hacia los ciclistas y esta ciudad no está hecha para andar en bici” fue uno de los comentarios que escribieron cuando publiqué el reto en mi cuenta de FB para pedir una bicicleta prestada como medio de transporte durante esta semana, en la que podré moverme a pie, en camión urbano, metro, bicicleta o, ante alguna emergencia, de “ride”.

El día de hoy se cumplió un día, aunque tengo que confesar que además de que tuve la oportunidad de trabajar desde casa, la verdad es que, igual que las suposiciones que hice de los políticos, con toda la intención moví mis pendientes grandes para ayer, y hasta mañana, que empiezan las reuniones podré decir que me muevo como los millones de personas que se enfrentan a una infraestructura con múltiples carencias todos los días en la ciudad más contaminada del país.

Finalmente, una compañera me prestó una bicicleta y mañana iré a su lugar de trabajo por ella. “¿Podré subir la bici al camión?”, le pregunto a mi amiga, mientras que tan sólo de imaginar mi día con tantas dudas, me siento como una completa extranjera en mi propia ciudad.

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