Por Claudio Tapia

Foto por Victor Hugo Valdivia ‘A contra luz’


Como la representación popular es una impostura, los supuestos legisladores solo sirven para surtir leyes sobre pedido. Su chamba se reduce a trabajan las iniciativas legales que les presenta y ordena el Ejecutivo al servicio de los poderes fácticos que lo encumbraron en el poder.

Los congresistas elaborarán las leyes de las reformas constitucionales, tal y como se las piden, a modo: con huecos, silencios, ambigüedades y descuidos deliberados, para que al final, el abuso de poder, el desvío de funciones, el saqueo y la acumulación de poder económico y político sin límite, sigan siendo legales. Ni siquiera se tratará de malas leyes: la ley, será la falta de ley.

Se suponía que tenían todo listo para la magna representación, así lo afirmaron los coordinadores de las bancadas en el Congreso, pero algo ocurrió y fracasaron en el intento de hacernos creer que son ellos los que legislan por iniciativa propia. No fueron capaces de sacar a tiempo las leyes que el ejecutivo les envió. El teatrito se les cayó. Y no les queda de otra que repetir la función.

La letra chiquita de las reformas constitucionales, como les llamó Sergio Elias Gutierrez en El Norte a las leyes secundarias en materia energética y de telecomunicaciones, no se aprobó en el Periodo Ordinario de Sesiones del Congreso Federal, porque, nos dice, el desacuerdo en las reglas del reparto del poder contenidas en la iniciativa de reforma político-electoral, mandó a las demás reformas a la congeladora.

Así ocurrió. Los partidos ventilaron sus desacuerdos, no sobre los contenidos de las iniciativas – eso no les importa – sino en torno a la prioridad de las leyes que más les benefician. Cual va primero y cuál después, fue el centro de la discusión.

Para que la segunda puesta en escena les salga bien, tendrán que hacer algunos ajustes y actuar como si el gobierno tuviera un proyecto claro de nación, y en función de eso demostrar públicamente la conveniencia general de aprobar las propuestas contenidas en las iniciativas, aunque esto último les parezca innecesario.

El gobierno de Peña Nieto se ostentó como portador de un proyecto ambicioso de transformación que no era necesario siquiera explicar, escribió Silva Herzog en el Reforma. Se decía y se repetía que las reformas que se llevaban a cabo eran ésas que durante lustros no pudieron concretarse. Hablar de las “reformas pendientes” era suficiente. Para qué explicarlas.

Sin perder el tiempo en dar razones innecesarias, había simplemente que hacer las reformas. Solo que eso: legislar lo obvio, también requiere que los congresistas simulen que reflexionan, debaten, acuerdan, y pactan las reformas y sus alcances. Y como no les salió bien la primera actuación y el tiempo les ganó, tendrán que repetirla.

El verdadero legislador, no tendrá que salir a dar la cara para explicar y defender sus caprichosas propuestas. Cuenta con el respaldo concertado de los sumisos impostores de la representación. Ningún congresista ha preguntado ni pedido respuestas claras a quienes redactaron las iniciativas en Los Pinos. ¿Para qué? si el compromiso es surtir el pedido tal y como llegó.
Por excepción e iniciativa propia, los secretarios de hacienda y energía comparecieron ante los legisladores para explicar los alcances de la única reforma que va en serio y a fondo: la privatizadora de los energéticos. La seguridad jurídica es indispensable para que los socios inviertan, así que esas leyes les deben quedar muy claritas.

No hace falta más. Como se trata de las reformas que el país requiere, con eso basta, no es necesaria ninguna otra explicación. Las demás leyes pueden quedar tan suavecitas y ligeras, tan a modo, como convenga a los interesados. Las reformas del montón solo son el escenario de acompañamiento de la principal, de la que verdaderamente importa.

Por su parte, los medios cumplieron cabalmente su labor de desinformar y distraer: difundieron ampliamente las 10 sesudas preguntas (involuntariamente a modo) que el cineasta Alfonso Cuarón dirigió al presidente sobre la reforma energética. Podemos estar tranquilos porque, además de que ninguna de las preguntas cuestiona la legitimidad del despojo de los recursos naturales propiedad de la nación, ya los secretarios mencionados respondieron directamente a dos de ellas, y el resto fueron puntualmente “aclaradas” en el sitio de internet del gobierno federal.

Sin más explicaciones que dar – para que no se diga que no somos un Estado de Derecho – a los legisladores solo les resta mejorar su actuación en el montaje teatral del próximo Periodo Extraordinario de Sesiones del Congreso.
La función va a comenzar, segunda llamada…segunda…

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