Por Karel Čapek

Foto por Victor Hugo Valdivia (Festival de Zombies)

Singapur, 4 de octubre, Leading 63, Heavy 317, Team 648, Oda Jobs 26,35, Trash 0,08,

Spawn 80-132.”

Noticias así pueden leerse diariamente en las secciones económicas de los periódicos, entre los telegramas que indican los precios del algodón, el estaño o el trigo. Pero, ¿saben ustedes qué significan esas misteriosas palabras acompañadas de ciertos números? ¡Claro que sí! El comercio de las salamandras, o sea, el S-Trade. Mas, sobre la forma de efectuarse dicho comercio, están la mayoría de los lectores poco informados. Quizá se imaginan en un gran mercado con miles y miles de salamandras por el que se pasean los compradores con cascos tropicales y turbantes, observando la mercancía a la venta hasta que, finalmente, señalan con el dedo a una joven salamandra sana, bien desarrollada, y dicen: “¡Véndame esa pieza, por favor! ¿Cuánto vale?”

Pero, en realidad, el mercado de las salamandras es muy diferente. En el edificio de mármol del S-Trade en Singapur no verían ustedes ni una sola salamandra, sino empleados eficientes y elegantes vestidos de blanco, recibiendo los encargos por teléfono. “Sí, señor. Leading vale 63. ¿Cuánto? ¿Doscientas unidades? Sí, señor. Doce Heavy y ciento ochenta Team. Okey, comprendo. El barco saldrá de aquí a cinco semanas. Right? Thank you, sir.”

Por todo el palacio del S-Trade resuenan los timbres y las conversaciones telefónicas. Da más bien la impresión de un despacho o banco que de un mercado. Y, sin embargo, este noble y blanco edificio con esbeltos pilares en su fachada es un mercado, más conocido mundialmente que el bazar de Bagdad en tiempos de Harán Al-Raschid.

Pero volvamos a la noticia citada sobre el mercado y su, podríamos decir, jerga comercial. LEADING se llama a las salamandras especialmente elegidas, inteligentes, por lo general de unos tres años de edad, especialmente preparadas para ser capataces y jefes en las colonias de trabajo de las salamandras. Se venden por unidades, sin tener en cuenta su peso, apreciándose solamente su inteligencia. El Leading de Singapur habla buen inglés y se considera de primera calidad y de completa confianza. También se ofrecen diferentes clases de salamandras-jefes, como las llamadas Capitán, Ingeniero, Jefe Malayo, Contramaestre y otras, pero los Leading son más apreciados. Hoy oscila su precio alrededor de los 60 dólares por unidad.

HEAVY se llama a las salamandras fuertes, atléticas, por lo general de dos años de edad, cuyo peso oscila entre 50 y 60 kilos. Se venden solamente en cuadrillas de seis (llamadas pelotones). Están entrenadas para los trabajos más pesados, como romper rocas, transportar bloques de piedra, etc. Si en la noticia arriba mencionada se dice “Heavy 317”, eso significa que un pelotón de seis salamandras pesadas cuesta trescientos diecisiete dólares. Para cada pelotón de Heavy se destina, por lo general, un Leading como encargado y guardián.

TEAM son salamandras para trabajo ordinario, con un peso de 40 a 50 kilos, que se venden solamente en equipos (teams) de 20 piezas. Están destinadas al trabajo colectivo y se las emplea en desecación de terrenos, relleno de mares, construcción de diques, etc. A cada Team de 20 salamandras corresponde un Leading.

ODD JOBS es una clase particular. Se trata de salamandras que, por diferentes motivos, no han completado su aprendizaje ni están especializadas en ningún trabajo, por ejemplo, por haber crecido fuera de las granjas establecidas para las salamandras. Son, podríamos decir, medio salvajes pero, en muchos casos, muy inteligentes. Se compran por unidades o docenas y se las emplea en diferentes trabajos o tareas pequeñas, para las que no valdría la pena enviar a todo un pelotón de salamandras o a un equipo. Si consideramos al Leading como la élite de las salamandras, podríamos decir que Odd Jobs son algo así como el pequeño proletariado. En los últimos tiempos se compran de preferencia como materia prima, siendo después educadas por particulares y convertidas en Leading, Heavy, Team o Trash.

TRASH, o deshecho, son salamandras de menos valor, débiles o con algún defecto físico, que no se venden por separado ni en grupos, sino en montón y al peso, por lo general por decenas de toneladas. Un kilogramo vale hoy de 7 a 10 céntimos. No se sabe, en realidad, para qué se las compra, quizá para algún trabajo ligero bajo el agua. Para evitar malas interpretaciones, queremos recordar que la carne de las salamandras no es comestible. Este Trash lo compran, por lo general, los chinos, pero no se ha averiguado todavía a dónde lo llevan.

SPAWN es, sencillamente, el retoño de salamandra, mejor dicho, los renacuajos hasta el año. Se compran y venden por cientos y son muy solicitados, principalmente porque son baratos y porque su transporte es mucho más sencillo. Una vez trasladados al lugar fijado, se les cría hasta la época en que son aptos para trabajar. Se les traslada en barriles, ya que los renacuajos no necesitan salir del agua diariamente como las salamandras adultas. Puede suceder que de los renacuajos salgan individuos de una inteligencia extraordinaria, que se aproximen al tipo estándar Leading. Por esto, el negocio de los renacuajos cobra todavía mayor interés. Las salamandras de gran inteligencia se venden también por piezas, alcanzando precios de algunos cientos de dólares la unidad. El millonario norteamericano Denicker pagó 2 mil dólares por una salamandra que

hablaba fluidamente nueve idiomas y la hizo transportar a Miami en un barco especial. Dicho viaje costó 20 mil dólares. En los últimos tiempos se compran renacuajos para los llamados establos de salamandras, donde se seleccionan y entrenan salamandras deportivas rápidas. Éstas se enganchan después, en número de tres, en pequeñas embarcaciones en forma de concha. Las regatas de conchas tiradas por salamandras están muy de moda, siendo la diversión favorita de la juventud norteamericana en Palm Beach, Honolulú y Cuba. Se les llama Carreras de Tritones o Regatas de Venus. En conchas ligeras y adornadas que resbalan por la superficie del mar se alzan las competidoras vestidas con los más hermosos y diminutos trajes de baño, sosteniendo en sus manos las riendas de seda del terceto de salamandras. Se disputa el título de Venus. El señor J.S. Tincker, llamado el rey de las conservas, compró para su hija tres salamandras de carreras (Poseidón, Hengist y Rey Eduardo) en nada menos que 30 mil dólares. Pero todo esto ya queda fuera del marco del S-Trade, que se limita a vender a todo el mundo solamente trabajadores en calidad de Leadings, Heavies y Teams.

Hemos mencionado antes las granjas de salamandras. Que no se imagine el lector grandes establos y campos cercados. Son sólo unos cuantos kilómetros de costa desnuda en la que se elevan unas casitas con techos de pizarra. Una es para el veterinario, otra para el director y las demás para el personal que guarda a las salamandras. Al llegar la marea baja es cuando se pueden ver, desde la costa hasta el mar, largos diques que dividen el litoral en varios estanques: uno para los renacuajos, otro para los Leading, etc. Cada categoría se entrena y alimenta por separado y ambas cosas se hacen al atardecer. A la puesta del sol, las salamandras salen de sus agujeros y se acercan a la playa, reuniéndose alrededor de sus maestros que, por lo general, son militares retirados. Primero tienen una hora para aprender a hablar. El maestro dice una palabra, por ejemplo “cavar”, y con un gesto indica a las salamandras su significado. Luego las forma en filas de cuatro y les enseña a marchar. A esto sigue media hora de gimnasia y, después, descanso en el agua. A continuación aprenden a usar las diferentes herramientas y armas, después de lo cual y bajo la vigilancia de sus maestros, hacen algún trabajo como práctica: construcciones acuáticas, etc. Terminado esto, las salamandras vuelven al agua y reciben su alimento, consistente en galletas especiales que contienen, principalmente, maíz y sebo. Las salamandras Leading y Heavy son alimentadas con carne. La pereza o la desobediencia se castigan retirándole a la culpable el alimento. No se aplican castigos físicos porque la sensibilidad de las salamandras al dolor físico es mínima. Con la salida del sol reina en las granjas de salamandras una tranquilidad sepulcral. La gente se va a descansar y las salamandras desaparecen bajo la superficie de las aguas.

Esta rutina cambia solamente dos veces al año. Una, en la época de celo, en que se deja a las salamandras solas durante 15 días, y otra, cuando llega a la granja el barco cisterna del Sindicato de las Salamandras que entrega al director las órdenes sobre cuántas salamandras de cada clase han de ser embarcadas. La selección se hace por la noche. El oficial del barco, el director de la granja y el veterinario están sentados a una mesa iluminada por una lámpara mientras que los guardianes y la tripulación del barco les cierran a las salamandras la salida al mar. Luego las salamandras se acercan, una a una, a la mesa y se las reconoce como apta o no apta. Las salamandras seleccionadas suben después a una barca que las conduce al buque-cisterna. La mayoría van voluntariamente, o sea, basta que se les dé una orden tajante. Algunas veces, sin embargo, es preciso usar un poco de fuerza como, por ejemplo, atarlas. Las larvas o renacuajos son, desde luego, recogidos en redes.

El transporte de las salamandras en los barcos-cisterna es humano e higiénico. Cada dos días se les cambia el agua de los recipientes y se les da alimento en abundancia. La mortalidad durante el transporte alcanza solamente un 10 por ciento. A petición de la Sociedad Protectora de Animales, en cada buque-cisterna hay un capellán que se preocupa de que se trate humanitariamente a las salamandras y que noche tras noche les hace una pequeña plática en la que, principalmente, les inculca el respeto a los hombres, la obediencia y el agradecimiento a sus futuros amos, que no desean más que ocuparse paternalmente de su bienestar. Desde luego, es bastante difícil explicar a las salamandras esa “preocupación paternal”, ya que el sentimiento de la paternidad les es desconocido. Las salamandras más educadas decidieron llamar a dicho capellán “Papá Salamandra”. También han dado muy buen resultado las películas educativas que son proyectadas a las salamandras durante el transporte y que les enseñan, ya la técnica humana, ya su futuro trabajo y obligaciones. Hay gente que traduce la abreviatura S-Trade (salamander trade), como slave trade, o sea, comercio de esclavos. Como observadores imparciales, hemos de decir que si el antiguo negocio de esclavos hubiera estado tan bien organizado y hubiese sido tan higiénico como el actual de las salamandras, no podríamos menos que felicitar a los esclavos. Sobre todo con las salamandras más caras, se guardan una serie de atenciones y delicadezas, principalmente porque el capitán y la tripulación del barco responden con sus sueldos por la vida de las salamandras que les han sido confiadas. El que escribe este artículo fue testigo de cómo hasta los más duros marineros del buque-cisterna S.S.14 estaban profundamente impresionados cuando 240 formidables salamandras enfermaron de diarrea. Iban a mirarlas con lágrimas en los ojos y daban salida a sus sentimientos humanitarios con ásperas palabras tales como: “¡Qué falta nos hacían estos bichos del diablo!”

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