¿Qué se come donde nunca se duerme?

Por Mariana Treviño y José Ignacio Hipólito

Ilustración por Haydeé Villarreal

 

Con más de 70 años de vida, y famoso por aparecer en 1999 en el video de Jumbo “Siento Que…”, el Restaurante Al, ubicado en la Calzada Madero del Centro de Monterrey, se mantiene como uno de los negocios con más tradición e historia de la ciudad.

Conocido por abrir las 24 horas y por nunca haber cerrado sus puertas (a excepción de dos ocasiones: el día de la muerte de don Eugenio Garza Sada y el día del fallecimiento del dueño original, Guillermo Otero), el Al sigue recibiendo a todos aquellos que llegan al lugar después de las fiestas para echarse un café, un menudo o un pozole. “Al, Restaurant y Nevería, Pase Ud.”, dice la leyenda impresa en las dos puertas de vidrio.

Adentro las paredes retro en tonos claros y color turquesa recuerdan la atmosfera de aquellos años cuando el negocio fue fundado y era conocido como el punto de reunión para los artistas de teatro, cine y televisión que llegaban a cenar después de las funciones. Los dos grandes espejos laterales y la cafetera que corona el pasillo principal adornan este espacio tan remoto y tan vigente al mismo tiempo.

Según el mesero David Castillo, que lleva más de 20 años trabajando en el restaurante, las mañanas son más concurridas que las noches, e incluso algunas veces hasta se tiene que hacer fila para entrar debido a la gran popularidad y tradición que se ha forjado el Al a través de tantos años.

El menú de los desayunos, aparte de las migas con huevo, el machacado y los chilaquiles, ofrece pan dulce fresco y recién horneado en el segundo piso del local. Sólo han habido tres panaderos desde la fundación del restaurante. Primero estuvo don Romero, un veracruzano que originalmente trabajaba en la pastelería Jesther, de la calle Vicente Guerrero; después estuvo Salvador Muñoz (hermano de Memo “el Turbo” Muñoz, ex jugador de los Rayados); hoy en día ocupa el puesto el panadero Ángel Marín. Fuera de los típicos bisquets y conchas de vainilla y chocolate, el postre más famoso es el pay de crema con coco, que, según Castillo, es la especialidad de la casa.

Así, cada día, el Al sigue cifrando la vigencia de su historia, de sus empleados y de sus clientes que se entremezclan entre niños, jóvenes, adultos y ancianos. Costumbre de los viejitos madrugadores y alternativa para los trasnochadores del Centro.

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