Por Daniel Nush

En 1996 hicimos un viaje familiar (el padre, la madre y el abuelo) para que conociera el mar.


Hoy comemos con una quina de amigos viejos de Yatzachi el Bajo, comunidad serrana de Oaxaca, de poco más de veinte familias.


El plan era que conociera, primero, el Pacífico, y después el Golfo de México: la primera imagen del mar.


Reunidos de manera circular en una sala de escasos muebles, los viejos recordaron el largo viaje en tren que se realizaba hacia la Ciudad de México y sus olores.


Era una tarde fresca y gris.

La migración, el nomadismo, no ha dejado de existir. La naturaleza del hombre es de migrante. Hemos migrado de pueblo en pueblo.


Había un barco diminuto en el horizonte.


Los viejos expresan que si existe algo más jodido que ser indígenas en México es ser un migrante centroamericano.


Sentí mucho desasosiego por las violentas olas y el ruido de sus choques.


Solalinde es el único que se ha dado cuenta.


El abuelo no me permitió entrar al mar porque estaba implacable.


Recuerdan que murió Adolfo, migrante, hijo de maestros.


Me dijo que lo contemplara sin acercarme tanto.


En la sobremesa, platicamos que los medios electrónicos no provocan lazos de comunicación.


Fue sólo contacto visual.


El individualismo, la separación y el alejamiento no generan conversación

La segunda vez que visité el Pacífico fue en otra coordenada geográfica y el clima fue muy distinto.


El camino y la plática se llevan bien, la reunión y la plática también

En esa calurosa ocasión tuve el primer contacto con ese mar infinito.


El café de olla se servía en la mesa.


Mentiría si no admito que la felicidad se conjuga perfectamente con el sol y la espuma del mar.


Hablar, comer, vivir: son acciones en comunidad

Sin embargo, en ese viaje recordé al padre y la diversión en los ríos.


La lengua perdura porque la recreamos en la charla del día a día, en la cooperación de la vida.


Las piedras incómodas e inolvidables de un río.


En las comunidades serranas, las personas se siguen reuniendo para conversar.


El lento y vital fluir del agua, la música de la montaña.


Descubrí, para no extender el recuerdo, que en el fondo prefiero nadar en el río que en el mar.

Comments

comments