¿México está en los adornos o en la quesadilla?

Por Mariana Treviño & José Ignacio Hipólito

Es difícil encontrar buenas quesadillas en el Centro de Monterrey, y no nada más en el Centro, sino en todo Nuevo León. El maíz azul se ve como una rareza culinaria, mientras que para la gran mayoría de los regiomontanos, la palabra tlacoyo sólo evoca al calzado que comúnmente usan los nativos. Los antojitos propios del Distrito Federal son casi desconocidos o portan otro nombre. Por ejemplo, los tacos de canasta son llamados tacos de rancho o tacos al vapor y son preparados de forma distinta, pero con el mismo principio.

A través de la calle Cuauhtémoc pueden encontrarse puestos en donde se preparan “quesadillas estilo México” y antojitos mexicanos que evocan el centro del país, con todo y el mandil de cuadros que todas las doñas usan en las esquinas del Distrito Federal. Los fines de semana estos puestos se llenan como si al traer el sabor de las quesadillas se trajeran parte de la sobrepoblada capital.

Un par de locales después de la Iglesia de La Purísima se preparan quesadillas que inclusive sobrepasan las estilo México; van más allá de la imitación y tienen un elemento que todo antojito mexicano debe tener: aceite y grasa escurriendo. La especialidad de las Quesadillas Tres Marías son las quesadillas infladas o fritas, que se preparan de manera un poco más laboriosa que las llamadas quesadillas naturales. Para poder lograr hacer una de esas delicias se necesita una cantidad ridícula de aceite, ya que una vez que a la masa se le pone huitlacoche, champiñones, tinga, deshebrada o simplemente queso, hay que sumergirla en él para que se dore y se infle. El resultado son antojitos inigualables que debido a que son laboriosas de preparar, generalmente se comen fuera de casa.

Las Quesadillas Tres Marías tienen una sucursal en el municipio de San Pedro, pero la primera es la que está a un par de pasos de la Iglesia de La Purísima, parada obligatoria para toda amante de los antojitos mexicanos, y más aún si se extraña el sur de la república. En Serafín #806, esquina con Padre Mier, se puede ver un llamativo anuncio de tres adelitas sonrientes con unos ojos tan rasgados que casi parecen chinas. Las tres invitan a comer un tentempié, un desayuno (también venden jugo de naranja), un antojito o un refrigerio para cualquier ocasión: al término de misa en domingo, en una austera comida familiar, un lonche entre clases de inglés, en Relaciones Culturales, una parada antes de ir a hojear libros a Gandhi un par de calles más adelante o simplemente ir a comer.

El local es austero. No tiene esos adornos neo-mexicanos que uno esperaría encontrar debido al nombre, y a pesar de que los adornos a veces son un atractivo para lugares de antojitos, el Tres Marías no los necesita. Las mesas no son de barro ni de madera; las salsas no vienen en molcajete, pero no hace falta. La tortilla doblada o la masa inflada con queso o sin queso, con guisado o sin guisado, vegetarianas o quesadilla son más que suficiente. Cada mordida es una demostración de lo mexicanas que son. 

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