¿Cantar qué y para quiénes?

 

Por Oscar David López

Foto por  Andrea Sicsik 

 

Querida JuanGa:

Me estoy muriendo de sed. Ésta es una carta de amor y de reproche. Discúlpame que te lo diga. Me he desgastado la voz como nunca y sé que fue merecido por la recompensa de verte en escena, pero no estoy de acuerdo en cierta postura acomedida que tienes con el pueblo mexicano. Como sabrás, anoche fui a tu concierto en Monterrey, el primero de los dos que das este noviembre de 2014. ¿Qué puedo decirte que no puedan más que confirmar las 20 mil personas que coreamos, amamos, soñamos, tristeamos y nos regocijamos con tu música? Creo que poco. La experiencia de tu presentación en vivo no era clara para mí. O sea: mi mamá, mis hermanas, mis cuñados, mi propio padre, todos ellos habían vivido tu vibración escénica. Todos los hombres heterosexuales (hay que aclararlo, porque yo sería el único que se tuerce en su propia exposición amorosa) que conforman mi anillo familiar en donde alabamos tu forma de ser y, sobre todo, de sentir, te aman como artista. Debo reconocer que yo nunca te había visto en vivo. Anoche, no sólo yo, que soy un jotito de cabaret, sino mis amigos, mis siete amigos (también heterosexuales, al parecer, porque siempre hay que dejar la duda abierta) que estuvieron conmigo y que no gustan de preferir en su menú amoroso el cuerpo de su mismo sexo asignado al nacer como objeto de deseo, deseábamos desde hace un tiempo verte así, cerquita, en un espacio cerrado, como una cita en un café. Sobre todo después de las lamentables noticias de tu salud durante este año. Sí, nos preocupaba que desaparecieras de este planeta y que nunca te veríamos actuar, cantar, mariconear, bailar, dirigir, entregarte en vivo. A nosotros. Porque sí al mundo, a las cámaras, a Televisa, a los partidos políticos, a las deudas de Hacienda. Quizá también tiene que ver que yo mismo estuve por una racha de internamiento hospitalario como la tuya. No puedo presumir que fue tan grave como lo que has pasado, pero debo reconocer que estuve tan “al borde de la muerte” como tú. No es que yo sea más vulnerable que un hombre de 64 años (es decir, de tu edad física), sino que evidentemente ambos somos seres frágiles debido a que estamos vivos y en un país como México. ¿Por qué digo esto? Pues porque sí habría que hacer un teorema del ser mexicano, de la mexicanidad ante el mundo, estaría conformado por mucha de la música y las letras que has escrito. JuanGa, lo dijiste anoche: “¡Viva Michoacán!” ¿Y qué sucede en ese estado de la República? Pues se nos han olvidado las autodefensas que han organizado y proporcionado una seguridad que ningún gobierno, ni estatal ni federal, ha podido mantener. Cada suceso desagradable de este país nos va amasando más como un pueblo fantasma, como en la novela de Juan Rulfo. Esto lo digo porque hemos olvidado a las Muertas de Juárez. ¿Alguna vez has clamado justicia por todas estas mujeres que han dejado a sus familias desconcertadas con su ausencia? Lo digo porque Ciudad Juárez es la tierra que te dio un sentimiento de frontera. Sí, naciste en el centro del país, pero, vamos, todos sabemos que tu historia comienza en la frontera norte de México: ahí donde hasta ahora (y seguramente en el futuro) ha nacido una necropolítica, una narcomanipulación, una despolitización e impunidad que ha crecido por todos las latitudes del país. Yo no pretendo hacerte consciente de nada con mi carta. Pero sí me gustaría recordar ciertos pasajes que han marcado la historia de México a través de tu música. Porque no sólo las jovencitas memorizan a Juan Gabriel, como dijo Carlos Monsiváis. Todos te memorizamos. Los tiempos cambiaron contigo y se adaptaron. ¿Te acuerdas de 1977, cuando Díaz Ordaz, el ex presidente y asesino de Tlatelolco, al volver a México de su estadía como embajador de España, dijo a la prensa: “Aquí me tienen, como dicen ahora, en la misma ciudad y con la misma gente”? La criminalidad siempre te ha citado, JuanGa. No hay criminal que no sea sensible a ti. No hay hombre más duro, más macho, más cabrón que no sepa de memoria al menos una de tus canciones. ¿Por qué? Pues es simple: tú haces que tu sensibilidad sea la de todos. Te amamos anoche. Por eso una amiga Minerva decía: “Pinche jota”. Esa mariconería que ella nunca podrá expresar es su más grande envidia. Por eso la injuria, JuanGa. No creas que es grosera y homofóbica. Ella lo dice porque, como mi amiga, también es amiga tuya. Así como mi amigo el artista Miguel Fernández de Castro, con su voz recia de Sonora, grabó un audio de tu gran tema “Así fue”, en donde todas las 20 mil personas nos hicimos agua salada, llanto de lagarto, lágrimas de madre enferma y acalambrada que busca a su hijo aún sabiendo que ni el polvo hallará. Hace poco fui a la marcha a favor y denuncia por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. ¿Sabes lo que me conmovió? No vas a creer: no sólo los criminales te citan como en el caso de Díaz Ordaz, también las madres te dicen de memoria. Una madre dijo al micrófono: “Yo he sufrido mucho por su ausencia, desde ese día hasta hoy no soy feliz”. Y agregó, como una gran guerrera: “Los llantos de las madres de los desaparecidos no los dejarán dormir”. Es decir, a los políticos, a los corruptos, a los que hacen que nos vendan como carne empaquetada y nos cobren incluso por eso. JuanGa, tus canciones pueden ser himnos no sólo gays, sino del desamor y la ausencia en un punto ontológico que se vuelve hermosamente humano. Incluso Octavio Paz, nuestro flamante premio Nobel, que dicen que fue impulsado en el galardón por el ex presidente Carlos Salinas, se sabe tus canciones de memoria, y dice: “Es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor”. ¿No lo has escuchado? Sí, es una pieza de arte de mi amigo Benjamín R. Moreno. ​Óyelo. ¿Y te acuerdas cuando Carlos Salinas también impulsó que el arte popular entrara a Bellas Artes? Ahí celebraste tus 25 años. Y la familia Salinas de Gortari te aplaudió. ¿Y tú qué hiciste? Le mandaste “un beso con todo tu amor” en agradecimiento. No te lo reprocho. También le mando un beso al ex presidente porque por él tenemos uno de tus más grandes conciertos en audio. ¿Y cómo estás ahora? ¿Mejor de salud? ¿A poco no sigue siendo verdad que “No me gusta enfermarme porque se siente uno muy mal”, como dijiste en aquella entrevista en un programa especial de Siempre en domingo, en el mayo de 1981? Yo aún no sabía y ya me sabía tus canciones. Tus emociones eran mis emociones. Es decir, iban a ser mis emociones, mis sentimientos, mis pensamientos, esa actuación que tengo (y tenemos muchos mexicanos e hispanoamericanos) frente a situaciones específicas como el amor, el desamor, el engaño, las apariencias, el dolor. Yo quería entrevistarte. Traté por todos los medios de llegar a ti. No pude. No me dejaron. “No”, me dijeron. Y me cerraron la puerta, los correos, las posibilidades en la cara. No me enojo. Ser Juan Gabriel debe ser muy difícil, ¿o no, Alberto? Yo tenía dos preguntas. Muy simples. No tienen que ver ni con tu orientación sexual. Ya se lo dijiste a Pati Chapoy: “Lo que se ve, no se pregunta”. Y esa es la respuesta que damos todos. Lo que se ve, JuanGa, no se pregunta. Pero yo tenía dos preguntas. Sobre dos rolas. Una es la reversión que hiciste de una de tus canciones para apoyar al PRI en la campaña del 2000. ¿Te acuerdas? Era pegadiza. Lástima que los mexicanos queríamos, soñábamos, anhelábamos un cambio. Tú cantabas: “Ni Témoc, ni Chente, Francisco va a ser el presidente”. Claro, Francisco Labastida. Y ni una rola así como las que tú sólo sabes hacer, esas piezas que se meten en los huesos y la carne sin importar la preferencia sexual ni la posición socioeconómica. Además, eras un cínico: “Ni el PRD ni el PAN, el PRI es el que va a ganar”. ​Acá te puedes oír: claro, creías que estaban “totalmente fuera del aire, amores, estamos aquí solitos”. Pero siempre la tecnología nos vigila. ¿Tú crees que en realidad merecía ganar Labastida? Francisco, como le decías, tu cuate. ¿O cuántos impuestos te perdonaron? ¿O cuánto te pagaron por esa rola sumamente pegadiza que incluso a veces mis amigos y yo que somos antipriistas la cantamos? O sea: ¡Qué bendición que no la cantaste anoche porque sí te hubieran aventado pedradas en lugar de rosas! Aunque es posible que de los 20 mil asistentes pocos tuvieran conciencia política, o incluso desproporción cívica, y nada de empatía con los otros. Muchos sí están afectados mental y emocionalmente por los sucesos actuales en México. Pero, bueno, no hablemos del presente, porque tu gira es de los éxitos. ¿Consideras que mucho de tu éxito lo debes a Televisa? O sea, todos sabemos que por años Televisa censuraba temas de uso común y corriente, de la vida pública y global, que afectaban no sólo a los mexicanos, sino a todos los pueblos con dictaduras en el mundo. Televisa es un aparato de control emocional. Lo veo con mi familia. A veces los escucho decir palabras que para mí representan una gran desgracia en sus vidas. De veras: los veo derrumbarse intelectual y emocionalmente por su propia boca. Eso me da mucha lástima porque luego los veo citarte. Y eso no es justo. La belleza y la sinrazón son cosas que pueden más que el amor. Entonces todo es una manipulación vía satélite: no son videntes, son televidentes. Recuerdo justamente la entrevista de Carlos Monsiváis al ex Subcomandante Marcos. A propósito del EZLN y sobre la censura en la misma izquierda, el Sub contestaba: “Incluso en la izquierda parlamentaria dominan las viejas formas culturales. No creas que nada más estaba vetado Juan Gabriel, sino todo lo que no hablara de sangre, muerte, sacrificio; toda una iconografía, incluso verbal y musical, aunque suene contradictorio, de lo que es el proyecto revolucionario”. Así que, ¿por qué callar, JuanGa? Antes de los miles de muertos de la guerra contra el narcotráfico que emprendió Calderón estaban las muertas de Juárez, y antes Tlatelolco, y seguidito el Halconazo del 1971, etcétera. Así como tu gira de puros éxitos, este país gobernado por infames corruptos podría hacer una gira de puros fracasos para el pueblo. Pero, qué ganas, eso no es posible: ¿una gira de fracasos? No: siguen, y siguen, y siguen. No mames, JuanGa: ¿por qué alinearte de esa manera? Eres un marginal que llegó al epicentro del terremoto emocional y, así como así, te desafanas. No se vale. Te amamos y, a la vez, te reprochamos. Luego de tu concierto, mis amigos y amigas y yo fuimos al Jardín Cruz Blanca Wateke. ¿Te acuerdas del moreno aquél que boxeaba? ¿Qué año era? ¿1985? Creo que sí. Viniste al Palenque, cuando existía. El ex boxeador un día me enseñó la foto contigo, en el Wateke, abrazaditos, en una mesita, dando una modesta representación de amistad. Luego me enseñó otra: estás en el baño de su casa. Es muy linda. Pura belleza de cantina en el after. En fin, fuimos ahí porque era el lugar ideal para el festejarte en espíritu luego del concierto. Estaba ocurriendo el Miss Gordita Sexy Wateke 2014. Una de las concursantes se travistió de ti y te hizo el honor. De veras: se la fletó. Pero no ganó. Aquí abajito te pongo la foto de mis amigos y la ganadora. Pero antes, también te dejo un video donde La Cercada, que fue ganadora del mismo certamen en 2013, y anoche era la maestra de ceremonia, se pronunció a favor de la búsqueda de los normalistas de Ayotzinapa. Dijo: “Somos una comunidad que apoya a otras comunidades”. De veras, JuanGa, ¿de qué comunidad eres? ¿De Michoacán? ¿De Ciudad Juárez? ¿La gay? ¿La trans? Te cuento que le dicen La Cercada porque es del Cercado, Nuevo León. Allá hay buenos caballos, por si un día que vuelvas se te antoja cabalgar y respirar el campo. Yo te acompaño, faltaba más. Pero a lo que iba: ¿por qué no te pronuncias a favor de la justicia en México? Los mexicanos necesitamos que un ídolo como tú guíe a la gente apolítica y que sin querer se daña, nos daña y te daña. Querida JuanGa, te digo querida por tu canción y porque eres una de las personas que más quiero sin haberla conocido. Compartimos tantas anécdotas juntos, aunque vividas en diferentes tiempos y espacios. Mis amigos, mis amigas, mi familia y yo deseamos que estés siempre radiante, que siempre muevas las nalgas como las mueves, y que “seas muy feliz, que encuentres amor, mi vida, que nunca, mi amor, te digan adiós un día”. Que nunca desaparezca nadie que ames. Que seas muy feliz mientras el pueblo mexicano te sigue amando.

Amoroso,

Óscar David

*Texto publicado en Vice

Comments

comments