¿Qué se fiçieron las damas,

sus tocados, sus vestidos?

-Jorge Manrique-

Durante los primeros años de la década de los 60, todo en la vida se volvió A Go-Go.

Minifaldas, medias de malla, vestidos en línea A con aplicaciones geométricas, pantalones a la cadera, acampanados y de mezclilla, telas estampadas, rayadas o cuadriculadas; audaces hot pants, zapatos de charol en todas las posibles combinaciones de colores, largas botas de tacón afilado, plataformas, cinturones muy anchos, chalecos de gamuza con flecos tipo cuera tamaulipeca, pelucas sintéticas, pestañas Pixie, cafés cantantes, tardeadas, las primeras discotheques y, por supuesto, la música que se bailaba.

Todo era A Go-Go. Hasta los mangos empalados con sal, chile y limón que se exhibían callejeros en los puestos de fruta picada. Porque lo que no era A Go-Go, simplemente no vendía.

De allí el enorme éxito del programa televisivo Discotheque Orfeón A Go-Go que todos los viernes, durante media hora a partir de las ocho y media de la noche, en cadena nacional, se transmitía por el Canal 2 del antiguo Telesistema Mexicano. Programa de corte juvenil con el que medio México se puso a bailar. O a intentar hacerlo.

Las salas de las casas de entonces, en donde el lugar más preponderante lo ocupaba la única tele en blanco y negro que cada familia en promedio tenía, se convertían así, semanalmente, en las pistas donde se ensayaban los contorsionados pasitos de baile que en la pantalla se veían cuando, por ejemplo, y al grito de “¡Miauuuuuuuu!”, aparecían Los Hoolligans interpretando su gran éxito “El Gato Loco”. “Ahí viene el gato loco, le patina el coco…”

Y ahí estaba una, aunque apenas fuera una niña, brincoteando de un lado para otro. Braceando rítmicamente hacia arriba, hacia abajo, a la izquierda, a la derecha, adelante, atrás. Meneando al compás del ritmo la melena de lacio fleco y peinado de gatito. Entrecerrando los ojos, pero eso sí, sin perder la compostura.

Pocos, fuera de los del D. F., podíamos saber entonces quiénes eran las cotizadas Chicas A Go-Go de ese programa. Sólo con el paso del tiempo logramos establecer que entre ellas estuvieron Lucía Guilmáin (sí, la hermana de Juan Ferrara); Macaria, la mismísima Perlita de la telenovela Ladronzuela; las actrices July Furlong y Jacqueline Voltaire; Malena Soto, que luego tuviera su propio ballet e hiciera giras de presentación por toda la República, incluyendo a la cadena de hoteles Camino Real; la cantante Lila Deneken; Martha Velasco, quien casara luego con Bill Haley (sí, aquel de “Rock around the clock”; Jessica Munguía, la esposa actual del “Lujo de México”, don Marco Antonio Muñiz; y otras menos conocidas como Elba Ponte, o tan súper conocidas como Maxine Woodside, que si bien no bailaba, sí modeló ropa A Go-Go para la marca Bobby Brooks.

Por su negritud descolló siempre Gilda Méndez, quien ahora es una notable cantante de jazz, soul y góspel. Algunos incluyen en la congregación a Malú Reyes, quien luego fuera vedette y pareja del boxeador Vicente “El Zurdo” Saldívar. Baste decir que hasta en su propio programa Silvia Pinal llegó a bailar A Go-Go, para que todo esté dicho.

Porque el A Go-Go fue la onda, definitivamente. Toda una época ya vuelta tan inolvidable como la de los años 20. Razón por la que entre quienes escuchan la radio en las horas del recuerdo del rock de los años 60, más de alguno todavía reconoce los grandes éxitos de entonces, interpretados por grupos como Los Hitters, Los Rockin Devil’s, Los Yaki, Los Belmont’s, Los Crazy Boys (con su piradísimo vocalista, Luis Vivi Hernández), Los Hermanos Carrión, Los Babies, entre muchos otros. ¡Puro cover del hit parade y el top ten!

Aún así, al escuchar aquella conocida y loquísima introducción musical que a la letra dice: “Naaaa, na, na, na, na; nanana, nanana, nanana, ¡ha llegado la hora, de bailar el jerk!”, muchas de las que ahora son abuelas o bisabuelas sentirán correr la juventud por sus venas e, instintivamente, volverán a aquellas épocas donde la onda era bailar agitadamente arriba de una tarima, o en el interior de una simulada jaula de barrotes.

Y con sus ojos entrecerrados recordarán la época cuando todo, absolutamente todo, hasta los mangos petacones con sal, chile y limón, era A Go-Go. Porque para ellas, y como bien dicen, recordar eso de “Quítate ya de aquí perro lanudo”, o aquello de “Fi, fi, fa, fa, fo, fo, fo, miren a la puerta ya llegó”, significa volver a vivir.

Por Carmen Libertad Vera

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