Por Gabriela de la Rosa

Mario González, padre de César Manuel, habla de la experiencia de su hijo trabajando en el Consejo Nacional de Fomento Educativo. En las comunidades que visitó conoció la pobreza que ahí se vive y en su mente surgió el anhelo de ser maestro rural. A él le gustaban los caballos, soñaba con comprar una casa en la sierra donde pudiera criar a sus animales. En la Normal Rural de Ayotzinapa encontró la oportunidad de estudiar lo que deseaba, ajustándose a su situación económica.

Mario González es un hombre firme. Toma la palabra en conferencias de prensa, alza la voz en mítines frente a miles de personas, encabeza manifestaciones junto a los familiares de los 43 normalistas desaparecidos y de los tres que fueron asesinados. Caminan juntos, sosteniendo las mantas con los rostros de sus hijos, llevan el ceño fruncido, labios tensos que entonan palabras furiosas y desesperadas y miradas de tristeza, esperanza y coraje.

Sus semblantes recuerdan a los familiares de los desparecidos que no forman parte de los normalistas. Las cifras oficiales, ofrecidas en agosto del 2014, dicen que son 22,322 personas desaparecidas en México, aunque los números varían dependiendo de quién los presente, y lo cierto es que cada número representa una familia desgarrada, un asiento vacío, una vida y un futuro truncados. Sus fotografías, como las que Hilda guarda en su cartera, son lo que queda de ellos. Y los recuerdos evocados a diario por aquellos que no descansan de esperarlos.

Los familiares de los que han sido desaparecidos, van descifrando el destino de su ser amado ausente, buscando alguna huella, alguna pista que pudieran haber dejado, encendiendo veladoras que iluminen su camino. Con su fotografía en la mano junto a una rosa blanca, con su rostro estampado en la playera junto al lema “¿Dónde está?”, o colgando con un cordón sobre sus hombros. Guardan esas imágenes como reliquias, como prueba de su existencia, para preservar la memoria de quienes fueron arrancados de sus vidas. Esas fotos nos recuerdan que ellos, podríamos ser nosotros y que nosotros somos como ellos.

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