Por Lidia Arias García

El texto, para mí, es claro. Un tanto cómodo, pero se corta muy rápido. En todas las historias presenta un punto interesante, sólo que son tan cortas que me deja con incógnitas. Por ejemplo: en el primer encuentro en el mercado de las armas hubiese sido muy interesante saber qué imagen le deja esa persona a Javier.

En las historias hay de todo. En algunas dije “Siempre es lo mismo”, pero otras me hicieron sentir el dolor, la rabia, la impotencia y la ironía.

Contra Estados Unidos es un libro que en esta ocasión no llenó mis expectativas, más aun cuando se menciona a Javier Sicilia a cada momento y también por su forma de dirigirse a él, como si cada paso fuera muy exacto. El hecho de encabezar una marcha de tal magnitud no era para que gozara de ciertos privilegios, pues lo hacen saber: prácticamente pidió que lo patrocinaran, o así lo interprete.

Después de leer toda la obra me pregunto: ¿se dejó llevar Javier por el sistema? ¿Dónde quedó aquella euforia? ¿Fue tan buena la oferta que ahora calla o acomoda sus planteamientos?

Considero que se logró mucho, pero era cuestión de continuar, de no bajar la guardia, pues el horror sigue teniendo sus consecuencias. Cuando uno inicia una batalla personal, creo que debe llegarse hasta las últimas consecuencias. No nos deben de seguir ignorando y aplastando cada vez más sólo porque no seguimos su juego o porque se sienten superiores a otros.

Todos vemos las cosas de diferente manera, pero ante las injusticias es importante unirnos y hacer lo que se pueda, siempre de manera continua.

Si bien enfrentarse a la incomprensión e injusticias no es algo nuevo, ni se logra en meses, ni en pocos años. Debemos procurar la unidad, alzar la voz. Existen las famosas instancias, pero muchas de las ocasiones quieren apagarnos.

La Caravana por la Paz se hizo (considero) en paz, y lo que esto me deja es que podemos no estar de acuerdo en algunas actitudes y actividades de protesta pero sí recordar que nuestras armas son la voz y la unidad, pues el gobierno, uno mismo con los narcos y apoderados, hace y deshace lo que quiera con aquellos que consideran inferiores a ellos y que utilizan como escudos.

Diego Osorno es un hombre joven y con agallas para inmiscuirse en la travesía. Aunque desconozco sus textos anteriores, este me agradó por partes. No sé si estas narrativas más adelante tendrían un giro, es decir, si pueda cambiar su perspectiva a la de la o las personas de las que se habla.

Se escribe lo que se percibe, pero en muchas ocasiones no basta, pues nunca sabremos a ciencia cierta el fin de las actividades, y más con personajes tan específicos.

Espero se me hagan las observaciones. Me es difícil seguir un esquema, pero trataré de acatarme.

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE. 

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