Por Yazmin Morales

Foto por Victor Hugo Valdivia

En una entrevista anónima hecha por C. Delacampagne en febrero de 1980 para la revista Le Monde, Foucault dijo: “La situación hoy en día es bastante particular. Tenemos instituciones de escasez mientras que estamos en una situación de superabundancia”. Hoy tenemos acceso a tanta información asequible a través de un sin número de medios que irónicamente nos hemos vuelto menos hábiles para comunicar, conocer, dar seguimiento; somos súper-bombardeados al grado de la inactividad.

No es de sorprender que los mismos habitantes una región determinada ignoren la historia local. Vivimos en un mundo donde la pulsión de investigación quedó obsoleta. Nadie investiga nada, ni siquiera la policía; no les vayan a “dar cuello”. A los mexicanos, y específicamente a los regiomontanos —lo que me compete personalmente— nos han arrancado la historia para implantarnos una identidad hueca, llena de grasa, excesos y vanidad.

Hoy en día la ciudad está llena de monumentos fantasmas, estatuas que no miran ni son miradas, edificaciones que se caen a pedazos y están bajo amenaza de ser demolidas (Barrio antiguo). Los regios no conocen su historia.

A mí me tocó crecer en “la era sin tiempo”, llena de espectros. Soy de aquí y no podría mencionar cómo se vivía ni qué se pensaba hace más de 10 años. He visto lo poco que aún forma parte de nuestra identidad siendo demolido a tiros. Perseguí los espejismos de aquella ciudad que conocí sólo a través de lo que me contaban, pero cuando tuve la madurez y la oportunidad de experimentarla, ya no quedaba nada.

A veces pareciera que a nadie le importa, que jamás pasó ese Monterrey de verdad, regio en su existir, en sus diversiones; aquella época en que uno podía encontrar todo tipo de música y de baile, ferias y expos, un lugar donde las personas disfrutaban libremente de la naturaleza, los paisajes, las expediciones a municipios fuera de de la metrópoli sin miedo al asesinato o el secuestro.

¿Ya nadie se acuerda?

¿Qué podríamos esperar de aquella historia? Parece que “La Sultana del Norte” ya no dice nada. Las nuevas generaciones piensan en nieve, otras en beisbol…

Focault también dijo que “la esencia de nuestra vida consiste en el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos”.

Hay pocos los interesados en la política; Nuevo León no aporta nada. Son minoría quienes “hacen como que luchan” porque son ignorados, y el problema es que no puedes luchar contra alguien que te ignora. Sólo tenemos destellos de cultura, apenas unos efímeros flashazos. Pocos conocen los bailes folklóricos de la región, menos aún a Don Antonio Tanguma.

La conexión de la gente con la cultura debe ser incesante y tan polimorfa como sea posible”. Los tiempos, las costumbres, las sociedades, la cultura, todo cambia, todo se transforma, pero conformarse con una historia intrascendente, con una carne asada o un evento futbolero, es TREMENDAMENTE DIFERENTE.

Somos lo que hicieron con nosotros. Nuestra historia nos determina de cierto modo, pero si “no tenemos (conocemos)” nuestra historia, ¿qué va a ser de nosotros? ¿Necesitaremos la historia para imaginar si quiera el futuro de la región?

¿De qué sirve la historia si ya pasó?…

 

Comments

comments