No pienso decir su nombre, su seudónimo o cualesquier otro apodo que tenga. Hablaré, más bien, de su pobre e insulso mensaje, el cual inmediatamente me hizo recordar un divertidísimo artículo titulado “Dejemos ya de engrandecer idiotas”.

Y es que hace ya una semana se viralizó el video de una chica de 16 años que “tomó la decisión consciente de dejar la preparatoria” en su atrevido intento por combatir el sistema retrógrada que nos ha inculcado a “tener cierto grado de estudios para finalmente estudiar lo que queramos”, desatando así tanto admiración como polémica.

Leyendo los comentarios encontré elogios, críticas, burlas y alabanzas. Entre sus simpatizantes, destacó uno que me dio muchísima pena, el cual felicitaba a la joven por su actitud e incluso deseaba que hubiera más como ella cuando, en realidad, su discurso no hace más que herir un país que de por sí ya está lo suficientemente frágil y vulnerable como para que llegue una chavita enojada y lo pervierta aun más; en este caso, dando como ejemplo el abandonar sus estudios.

Porque si bien es cierto que la sociedad está mal y lo importante que es perseguir nuestros sueños, su mensaje —por no decir berrinche— pierde credibilidad una vez que subestima el poder de la educación. La educación siempre ha sido la clave y siempre lo será, y aunque tampoco quiero defender nuestro sistema educativo, existe muchísima gente que perdura en la ignorancia. Peor aun, existe muchísima gente que todavía con conocimientos se corrompe y abusa de los demás.

Sin educación no somos nada, y temo porque la juventud se base en estos falsos ídolos para crear un juicio propio. Y lo digo porque nuestro país es el mismo que puso a Peña Nieto en la presidencia, porque nuestro país vecino hizo lo mismo con Donald Trump y porque no tiene nada de especial (o sabio) una adolescente de 16 años que está enojada y grita groserías con tal de llamar la atención.

Ser adolescente no es fácil, y a los 16 yo también buscaba comerme el mundo. Entonces me di cuenta que para lograr un cambio se necesitan acciones, no palabras. Y no creo que dejar la escuela sea algo que deba presumirse. Al contrario, en México necesitamos más educación y menos celebridades. Porque tenemos la mala costumbre de engrandecer a los que no deberíamos, de atender a quienes no lo merecen y de ignorar a los que ponen en alto el nombre de nuestra nación.

Necesitamos más buenos ejemplos, no falsos ídolos.

Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

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