¿Qué fuerzas lucharán por el rumbo del estado?

Por Jesús González Ramírez*

 

Entre 2010 y 2013 se generó un movimiento de resistencia hacia la violencia causada por la guerra contra el narcotráfico y a favor de otras causas sociales. A partir de 2014 estamos instalados en una lucha de movimientos que terminará en 2018 y que implica a muchos actores. Para Nuevo León y su futuro como sociedad, estos son los principales movimientos, y la lucha será durísima e muy interesante; una réplica local al suceso nacional de aquel histórico año 94, donde, si bien ganó el PRI, se crearon las condiciones para que en el 97 el partido perdiera dos de los estados más importantes del país: Nuevo León con Canales y el Distrito Federal con Cuauhtémoc Cárdenas.


No es poca cosa lo que se juega, pues si se triunfa en esta lucha de movimientos, lucha que contiene demandas populares de justicia y dignidad humanas, el estado dará un giro inesperado hacia otra política, una transición hacia un posible Nuevo León humano y solidario. Es claro que algo pasa en la sociedad de Nuevo León y también es claro que sólo es perceptible si se le ve con perspectiva histórica y de mediano plazo, tanto para atrás como para adelante.


Como hemos documentado en el libro Primavera Regia Pospuesta, de 2010 a 2013 hubo en el estado una resistencia a la violencia bestializada del narcotráfico y su colusión con autoridades municipales, estatales y federales; una resistencia que salió a tomar las calles y que, al sentirse en compañía, comenzó a organizarse y protestar también por otras causas. Fue algo precario como movimiento, incipiente, y tal vez germen de algunas de las acciones que vendrían después; germen también, por supuesto, de una toma de conciencia de muchos jóvenes, en su mayoría mujeres, de que sí se podía protestar en Nuevo León.


Para quienes les gustan los números podemos mencionar que la última marcha masiva antes de este periodo fue en el año 93. La realizaron los maestros contra el fraude al Isssteleón, y a ella asistieron unas 20 mil personas. El periodo 2010 – 2013 dio concentraciones de protesta muy importantes: entre 4 y 5 mil personas en junio de 2011 para recibir a la Caravana por la Paz, un número similar para protestar por el ataque al Casino Royale en agosto de 2011 y, por último, entre 15 y 20 mil personas el 7 de julio de 2012 para protestar contra los resultados electorales que dieron la presidencia a Enrique Peña Nieto.


Este es el primer movimiento que converge en la lucha hacia el 2018. Quienes lo activaron continúan las luchas e incluso las han evolucionado. No es masivo, pero crece; está enfocado en las emergencias sociales y en las agresiones económicas hacia la población, pero no encuentra una fórmula para poder actuar juntos en objetivos específicos.


El segundo movimiento es de carácter electoral y está agrupado alrededor del resultado en las elecciones estatales del pasado 7 de julio, en las que obtuvo la gubernatura Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”. No es secreto para nadie que la clase política y empresarial se rebelaron contra las mafias controladas por Natividad González Paras y Rodrigo Medina (o mejor dicho, su papá Humberto Medina Ainsle), por el PRI y por el grupo antes llamado “La santísima trinidad” del PAN, controlado por Fernando Larrazábal, Raúl Gracia y Zeferino Salgado.


Esta rebelión comenzó a crear en 2014 la estructura que buscaba colocar a un gobernador ajeno a estas mafias. Paralelamente y sin ser parte de ese esfuerzo, Jaime Rodríguez intentaba obtener la candidatura del PRI a la gubernatura, pero fue bloqueado por el grupo gobernante. Mucho se ha escrito ya y se seguirá escribiendo de cómo convergieron al final El Bronco y las estructuras políticas y económicas “tradicionales” que empujaban la candidatura de Fernando Elizondo para tomar el poder con la figura del “primer gobernador independiente de partidos políticos” en la historia de México. Este movimiento sigue latente y se reorganiza, pues muchos de sus integrantes ahora son funcionarios públicos. Busca consolidarse en el gobierno y apunta a ampliar el resultado en 2018, minimizando a los partidos políticos.

 

Su intención es tratar de hacer un buen gobierno y al mismo tiempo crear simpatías o estructuras que amplíen el número de votos que obtengan en 2018. Puede o no, dependiendo de lo que les convenga en el momento, atacar la injusticia social o dejarla permanecer. Tiene por lo pronto una gran parte de la opinión pública a su favor.


El tercer movimiento es popular y está por formarse de manera lenta en 2016 y más intensamente en 2017. Se trata de la organización de Juntas Vecinales, ya con los Derechos Políticos que les da la Ley de Participación Ciudadana, una ley largamente peleada y que se fue transformando con el tiempo en una lucha por los derechos de la población —o bien PRI y PAN subestimaron el poder que esta ley da la población o confiaban en que la gente no se organizaría, y en caso de que lo hicieran, calcularon que sería fácil cooptarla—.


Hay Juntas Vecinales u organizaciones similares ya formadas en muchos puntos del estado, y son muy activas para defenderse utilizando recursos legales contra el gobierno o echando mano de las redes sociales para contrainformación. Entre sus triunfos se cuentan la detención de obras perjudiciales para las colonias o el reforzamiento de medidas de seguridad. Hay otras Juntas que estuvieron a punto de formarse pero no terminaron de cuajar, como las que pelean legalmente contra pedreras en Santa Catarina. También hay las que están en un proceso de consolidación muy fuerte, como la de los vecinos del Centro de Monterrey.


Estos serán los ejemplos que arrastren a cada vez más colonias a formar sus Juntas Vecinales, pues la población será informada de que están ejerciendo sus derechos con armas legales que obligan a los gobiernos a “mandar obedeciendo”. La población sabrá que puede ejercer un presupuesto participativo y que puede vigilar el uso de recursos económicos por medio de las contralorías ciudadanas, entre otros avances democráticos de la nueva Ley. Para bien o para mal, la población de Nuevo León cree en los caminos legales, y es más factible que se involucre con una ley que la respalde que con manifestaciones masivas disruptivas.


Estas Juntas Vecinales no son sino una de muchas formas de Autonomía Urbana que se irán desarrollando, unas más radicales que otras, pero que si se mantienen serán un contrapeso poderoso a las estructuras de los partidos en la lucha de movimientos, así como el germen de un posible voto razonado y masivo.


Evidentemente el cuarto movimiento es el de PRI, PAN y las grandes empresas (nacionales y extranjeras) que buscarán regresar a Nuevo León a donde estaba antes: el estatus en el que ellos dominan el presupuesto público. Para lograrlo, utilizarán todas sus estructuras clientelares, aunque ahora con una cantidad menor de recursos, pues sólo cuentan con los presupuestos municipales que gobiernan y de la ayuda que les llegue de otros gobernadores de sus partidos.


En esta lucha ya instalada hay también al menos tres factores que incidirán en los movimientos y su lucha: el nacional, el conservador local y el libertario local.


En el primero vemos que se replicará una lucha encarnizada por la presidencia en 2018 por parte de PRI, PAN, MORENA y los candidatos independientes apoyados por grandes empresarios. Esta lucha tendrá repercusiones locales importantes, pues dependiendo del número de votos que pueda obtener, cada parte abandonará o apoyará a los candidatos locales. Esos apoyos externos pueden reforzar a alguno de los movimientos y darle ventajas por sobre el que este enfrentando.


El conservador local es aquel que cree en la militarización, el uso de la fuerza para controlar a la población y en el extremo religioso. Muchos de los que forman este factor ya están en el segundo movimiento y tratan de dirigirlo a posiciones más conservadoras.


El libertario local da su apoyo al primer movimiento en lo que respecta a movilizaciones de protesta y se mantiene en la construcción de un proyecto alterno de economía y política. Estos dos últimos factores —el conservador y el libertario— pueden incluso en algún momento tornarse vanguardias de cualquiera de los tres movimientos (exceptuando al de los partidos políticos, pues estos se guían por el pragmatismo hacia la toma del poder).


Las combinaciones para alianza de corto plazo entre los tres movimientos que tienen como enemigo común a los partidos políticos son muy posibles y por ahora sólo calculables como teoría; una teoría que puede ir cambiando cada mes dependiendo de la fuerza y acción que tomen cada uno de ellos.


Ya estamos en una lucha de movimientos instalada en Nuevo León, y su final será en 2018 ¿Tú que harás?

 

 

*Jesús González Ramírez es defensor de Derechos Humanos, miembro de Alianza Cívica Nuevo León y de Fuerzas Unidas por nuestros Desaparecidos en N.L.

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