Por Liliana Flores Benavides

Mi primer encuentro con la Purísima fue cuando yo tenía 16 años. Me encantaba comer hamburguesas con papas fritas en el restaurante Bona. Acudía con mi amiga Rosa María Rocatti, compañera en la prepa del Tec. Allí me enteré que en esa plaza, los domingos, los jóvenes de la clase media de la zona metropolitana caminaban dando vueltas para flirtear. Muchos jóvenes actuales son producto de los amores de la Purísima. Pasaron muchos años, para nuevamente reencontrarme con este barrio. Esto fue propiciado por la necesidad de espacio ante un problema social urgente.

Cuando decidí hacer el Barzón en Nuevo León, identifiqué que el problema social iba a ser muy grande y que por ende necesitaba un espacio muy amplio de reunión. Como no tenía dinero para rentar una oficina con auditorio, pensé: “pondré una oficina pequeña, pero cerca o enfrente de una plaza. Esa plaza será la polis griega, allí nos reuniremos para discutir la problemática.”

Así lo hice, me instalé en una casa pequeña por Serafín Peña casi esquina con Padre Mier y la Plaza de la Purísima. Fue el punto de reunión.

La plaza y el barrio habían cambiado mucho de cuando iba a las hamburguesas Bona en 1994, preámbulo de la crisis de 1995, cuando me instalé en este barrio. La Purísima, había dejado de ser un barrio de paseo familiar, a uno de prostitución masculina y venta de droga.

Lo primero que hice fue hablar con los que se prostituían en la plaza, les expliqué que se avecinaba un problema económico muy fuerte, que todos íbamos a estar afectados, que la plaza la concebía como un lugar de encuentro, que iban a acudir muchas familias preocupadas en busca de una solución y que les pedía muy respetuosamente que llegáramos a un acuerdo. Esto es que “trabajaran” en horas durante las que las familias no estuvieran presentes. 

Dos pláticas respetuosas fueron suficientes, para que ellos me dijeran, “no te preocupes, nos vamos a ir a otra calle, dispongan de la plaza.” Lo mismo hice con los que vendían droga. Nunca me constó que lo hicieran, pero los vecinos decían que sí. También se fueron.

Los negocios estaban quebrados, con la crisis económica. Hablé con los dueños de las paletas, con los propietarios de los elotes La Purísima, con la agencia de carros, con los de la comida china, con los del Burger King, igual con los del súper 7, con el padre Tapia de la Purísima, y con todos y les dije: sus negocios y espacios se van a reactivar, va a venir mucha gente a la Plaza, pórtense bien con ella, podemos ser una buena comunidad. Empezamos a reunirnos en la plaza, la barríamos, limpiábamos las bancas y maceteros, recogíamos todo el mugrero y dábamos información y esperanza a la gente y el barrio se empezó a activar. La plaza de la Purísima se convirtió en un espacio en donde cada árbol, banca y planta pueden dar testimonio del sufrimiento y de la alegría -al resolver sus problemas- de la clase media del área Metropolitana de Monterrey. 

Hoy quieren agraviar el barrio. 

Hay un proyecto que han denominado “Nueva Purísima”, detrás del cual están los intereses personalísimos del Arquitecto Ricardo Padilla. El se ha dedicado a comprar terrenos alrededor de la Plaza de la Purísima y quiere cambiar el uso de suelo de unifamiliar a multifamiliar. Para ello se vale de mecanismos y recursos municipales.

El ImplanCMty, es la instancia que ha organizado una consulta “ciudadana” para modificar el plan urbano de la ciudad y el arquitecto Ricardo Padilla, quien preside el Consejo Consultivo para el Desarrollo Urbano Sustentable de Monterrey, es además integrante activo en el ImplanCMty,

Estamos ante una simulación de consulta. La decisión ya ha sido tomada. Falta un mes para que se vote en el cabildo el resultado de la misma y ya lucen vacíos algunos edificios ocupados por negocios con más de treinta años de existencia como la agencia de autos y el Colegio Fleming. Han montado un supuesto espacio de convivencia afuera de un negocio nuevo, donde pretenden dar un aire europeo al barrio. Se organizan festivales anunciando la Nueva Purísima e intentando legitimar el proyecto con pseudo activistas pagadas por el municipio. Ni las formas cuidan.

Cuando el arquitecto José Ricardo Padilla Silva, especialista en diseño urbano, fue designado por unanimidad como presidente del organismo consultivo dijo a los medios: «No tengo agenda, mi agenda es la Ciudad», pero olvidó agregar, “y mi primer objetivo de negocios es el Barrio de la Purísima”.

Recapitulando:

  1. La consulta ciudadana, por parte del ImplanCMty, ha sido una simulación.

  2. El arquitecto José Ricardo Padilla Silva, no puede ser Juez y Parte, pues se están utilizando recursos públicos y mecanismos públicos para fines de usufructo privado.

  3. Se está disfrazando el hecho anterior, con un discurso de que ahora la “Nueva Purísima” será un barrio cultural, hipster, que “legitiman” a través de seudo activistas sociales pagadas por el municipio.

Nosotros no estamos en contra de las mejoras necesarias a la Plaza y el Barrio de la Purísima, pero respetando la opinión de los vecinos, respetando las tradiciones y que no se utilicen recursos ni mecanismos públicos para beneficio privado.

 

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