Pocos esfuerzos académicos son tan interesantes y entretenidos como El compendio de literatura automotriz [1] de Mathew J. Murphy.

La literatura automotriz es un movimiento esencialmente poético que sucedió a finales de los 50 en Eureka y otros pueblos del norte de California. Su enfoque fue, como habría de suponerse, el automóvil. Los exponentes de la literatura automotriz —en su mayoría jovencitos, casi todos greasers— escribían acerca de la belleza de la maquinaria: su estética interna y externa, la sincronía perfecta de sus partes, las sensaciones y sonidos producidos por ésta. Más tarde, en su faceta media y tardía, el movimiento viró hacia temáticas más abstractas, como los nexos del automóvil con el cuerpo y las consecuencias de la velocidad.

Es necesario aclarar que el término “literatura automotriz” es una invención del mismo Murphy, nacida más por capricho que por precisión terminológica. Como lo establece él mismo en la nota introductoria del compendio: “La literatura automotriz es una de las ramas menos exploradas de la creación literaria, en parte por su novedad y poco alcance, pero también por la ignorancia e incluso el esnobismo de quienes se dedican a estudiar esta noble expresión del espíritu humano. Una verdadera pena, mas aprovecho esta falta de interés para establecerme como precursor de una tradición académica y para acuñar la terminología que habrá de definirla […] ‘Literatura automotriz’ me pareció el nombre más bello y adecuado”.

Esta cita ilustra el tono general del compendio. La prosa de Murphy es más bien relajada, sea por la naturaleza de su carácter o por una intención consciente de oponerse a la seriedad —más no al rigor— típica de los escritos académicos. Intencional o no, es una cualidad que se agradece, ya que ayuda a navegar las casi 400 páginas que componen la obra.

El compendio de literatura automotriz está dividido en dos secciones. La primera —la más breve— es un texto narrativo, escrito con un estilo reminiscente al de Tom Wolfe, sobre los varios viajes y encuentros sucedidos durante la investigación. La odisea comienza con Murphy hojeando periódicos viejos en la Biblioteca Pública de Fresno, donde encuentra la fotografía de seis muchachos [2] sentados sobre el capó de un Mercury Turnpike 57; uno de ellos lleva un libro voluminoso y de tapa oscura bajo el brazo mientras los demás sujetan hojas de papel (probablemente manuscritos) contra el regazo o cerca del pecho. Al pie de imagen se lee la leyenda “Young poets of the road”. Con esta anécdota arranca el viaje que lleva a Murphy hasta los puntos más recónditos e invisibles del norte de California. Ahí tendrá encuentros con académicos, coleccionistas de libros, el dueño de un bar y uno que otro poeta automotriz, ya muy alejado de las palabras escritas en su juventud.

Esta primera parte del libro podría parecer un intento de Murphy por forzar su propia producción literaria aprovechando la excusa de una aventura académica. Es posible que sea así, mas eso no disminuye la utilidad (ni la calidad) del texto. La primera porción del compendio termina ejerciendo la función de un reporte que detalla la metodología empleada por Murphy para la investigación. Además, las entrevistas hechas a los poetas y demás personajes que entraron en contacto con el movimiento complementan el material de la otra porción.

La segunda parte del compendio es el estudio tal cual. Formalmente hablando, no difiere mucho de otros textos que examinan escuelas y movimientos artísticos. Murphy comienza exponiendo una historia del movimiento, ubicando primero su punto de origen y los nombres relacionados a los inicios de la literatura automotriz para luego hablar de su estética y el desarrollo de ésta a lo largo de su breve existencia.

A pesar de que la biografía y evolución del movimiento proporcionan datos de interés, la verdadera sustancia de la segunda parte está en la exposición de autores y sus obras. Murphy opta por el formato de ficha biográfica comentada seguida por todo escrito que ha podido encontrar; cada poema, cuento y ensayo aparece sin anotaciones [3], acumulando un total de 97 textos escritos por 19 autores.

De los textos puedo decir que son tradicionales en su técnica pero extraños por su temática, la cual los vuelve casi ajenos a toda literatura escrita en el momento, e incluso después. Las descripciones que estos jóvenes hacen de sus automóviles no se limitan a la pura admiración del objeto tal cual. Escriben del automóvil como un producto no del ingenio del hombre, sino de una inspiración celeste que le ha entregado al ser humano los secretos del balance entre precisión y belleza implícitos en la naturaleza, haciendo de éste una reproducción artificial perfecta de la “mecánica primigenia” [4] y, por lo tanto, el primer gran logro de la especie como estudiosa de los artificios que mantienen en marcha al universo. Esta es la idea de la que parte toda literatura automotriz, el cimiento sobre el que se construye el resto de la estética del movimiento: la celebración de la figura del auto, su conexión con una inteligencia superior, las posibles transformaciones que habrá de producir en el cuerpo y el espíritu [5].

Una escritura ciertamente extraña, casi de otro mundo. Es lamentable que en la academia escasee el interés por literaturas excepcionales y casi inexistentes. No nos queda más que disfrutar lo que tenemos.

Por Kaizar Cantú

[1] The Compendium of Automotive Literature (TBC 1991).

[2] En una nota al pie, Murphy indica que la fotografía apareció impresa en el diario California Double Star (JUN 11, 1958). De izquierda a derecha, los muchachos en la foto son: Mick Harper, Abner King, Maxwell Cooper, Frank “Penspeed” Bennet y Brodie Ramirez. El joven sentado a la extrema derecha quedó sin identificar.

[3] Las últimas páginas del libro contienen un listado de panfletos y otras publicaciones en los que Murphy encontró algunas de las obras. Sin embargo, la lista no abarca ni la mitad de los escritos que aparecen en el estudio. En la nota introductoria, Murphy sólo menciona que fue muy difícil rastrear las palabras de aquellos jóvenes y especula con melancolía acerca de la cantidad de versos perdidos en basureros o devorados por los hongos y la humedad. Es posible que los otros textos los haya sacado directamente de manuscritos, diarios y otras fuentes más directamente relacionadas con los autores.

[4] primal mechanics” en el texto original: “The First Mile” (Pat Walton)

[5] Frank Bennet tiene una trilogía de poemas cuya temática es la velocidad: “Gas It”, “Speed Limit” y “Crashing Through”. En conjunto cuentan la historia de un muchacho que viaja por la carretera a alta velocidad hasta que atraviesa el horizonte.

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