Ilustración de la serie ‘muros en Monterrey 420’ foto por David Pulido, arte por oh! Kiwi

Yo soy del norte, de Baja California y para ser más exactas de Ensenada. Estudio en Mexicali y tengo amigas que se fueron a estudiar a Tijuana.
A principios de éste año comenzaron a circular varias anécdotas de chavas que van en mi universidad sobre cómo intentaron levantarlas en su camino a la escuela o rumbo a sus casas. Historias que mi cabeza no termina de procesar, pues muchos de los lugares donde intentaron secuestrarlas eran sitios por los que todas hemos llegado a caminar normalmente, lo que genera ese miedo y mortificación ante la idea de “mañana podría ser yo”.
Después de las denuncias de las chavas ante las autoridades y por la presión a la misma universidad, se nos otorgó vigilancia al rededor de la institución.

A partir de la semana pasada me he encontrado una vez más con historias similares, esta vez en Tijuana y Ensenada. Para aquellas que han salido vivas, no quiero ni pensar la experiencia que es, agradezco que se encuentren con bien y entiendo que compartan su historia para advertirnos a todas de lo que está pasando.
¿Y las que no pudieron salvarse? ¿Las que también gritaron y lucharon sin la misma suerte? ¿Qué pasa con esas jóvenes de las que nadie habla? ¿Quién busca a esas niñas que terminan siendo una cifra más?
Nos están matando.

La noticia del día Lunes 19 de Septiembre, era que de declararse alerta de género en Baja California las ciudades cómo Tijuana y Ensenada se verían afectadas en el turismo.
“Lo que se ha estado trabajando aquí es viendo todo ese tipo de medidas preventivas de cambios y reformas, para que no se dé precisamente la alerta de género, porque la alerta de género es un extremo en el cual por ejemplo una ciudad pujante cómo Tijuana o Ensenada que son ciudades también viven mucho del turismo, si se genera también una alerta de género es decirle a la gente que están matando y asesinando mujeres”. (Lo copié del artículo tal cuál, así de culero escriben o habla la diputada.)
Terminaba la nota diciendo que “en ningún estado, ni siquiera en el estado que tiene más números de feminicidios, que es el Estado de México se decretó esa alerta por lo que implica”.

¿Qué implica? Neta. Díganme ¿qué implica que nos dejen de matar? Y a todas nosotras, porque éste problema no sucede sólo en el norte, no sólo en el Estado de México, no sólo en Ciudad Juárez, no es sólo de Monterrey, no es sólo en tu ciudad, no es sólo algo que pasa en los estados que no conoces, o de los que siempre oyes. Ésta es la realidad de todas nosotras y es una realidad de la que nadie quiere hablar, porque si, da mucho pinche miedo saber que esto esta pasando.
Y más que tristeza es una frustración y rabia por la realidad que vivimos, pero hermanas, es cierto todo esto y lamentablemente nadie va a ver por nosotras si nosotras no levantamos la voz entre todas.

Olvídense de prejuicios, de clases sociales, de la “vergüenza” por defender nuestras vidas o nuestras causas. He visto lo que con mucho o poquito este espacio ha logrado y veo que todas son mujeres con empatía hacía las demás, si es cierto, no concordamos en todo, pero seguro nadie sería capaz de desearle a otra una muerte como la que muchas de nuestras chicas desaparecidas han sufrido.
Ojalá tuviera en mis manos más soluciones que palabras, pero es aquí cuando recurro a todas y cada una de ustedes que se siente de la misma forma a sacar ideas más elaboradas que el sólo “tener mucho cuidado” o “no andar solas”.
Manifestaciones, va. ¿Funcionan? ¿Si logramos hacer algo tan organizado como una “marcha profamilia” (ironía)? Yo digo que sí.

¿Qué estamos esperando que suceda? ¿A quién estamos esperando para que llegue a cambiar las cosas? ¿Al gobierno, la policía?
No te intentes convencer de que estás cosas están pasando muy lejos, la próxima espero en el alma que no vayas a ser tu, porque la realidad es que nos están matando.

Por Maria Vargas

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