Por Anali Acosta

Ilustración musulmana de Journal An Nahar ‘Me llamó terrorista’

Yo, como cualquier persona, después de un día pesado, disfruto de sentarme y ver una película, algún programa o pasar el tiempo viendo notas en Internet. Pero no importa qué tipo de diversión visual elija, siempre tengo que pasar por la desventura de ver mujeres que se dedican a vender su imagen. Mujeres que tienen regímenes alimenticios muy estrictos, que se matan haciendo ejercicio, que tienen a un ejército de personas trabajando para hacerlas lucir mejor. Y, por si eso fuera poco, también existe el Photoshop.

Por un lado está el crecimiento de trastornos alimenticios en la población, y por otro estas mujeres recordándonos lo lejos que las demás estamos de los actuales cánones de belleza.

Hay que entender que una mujer obsesionada con ser delgada no es una peculiaridad, ni un caso aislado. Es un producto social, construido bajo ciertos paradigmas sociales. Esta obsesión no tiene que ver con salud; no se trata de verse lozana o estar saludable. Y tampoco tiene que ver con belleza precisamente; siempre puedes estar más delgada.

En cuanto a los desórdenes alimenticios en México, los datos más recientes del INEGI son del 2012, recabados en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición. Esta encuesta, levantada en la población adolescente, en comparación con su semejante hecha en el 2006, muestra que en seis años se duplicó el porcentaje de bulimia y anorexia en el segmento de 14 a 19 años. También nos demuestra que es un problema más común en la mujer, pues es 2.5 veces mayor la presencia de desórdenes alimenticios en ellas que en los hombres.

Las mujeres estamos siendo constantemente bombardeadas por publicidad que nos exige ser extremadamente delgadas y bellas para ser valiosas como personas. Y, créanmelo, nunca es suficiente. Basta con ver esas mujeres delgadísimas en los comerciales que sufrían por sus “kilitos de más” hasta que “por fortuna” encontraron un producto que cuesta un ojo de la cara. Pero lo vale, porque estar delgada es lo más importante en la vida (ajá…).

Es lacerante la psicosis de la sociedad actual por alcanzar cánones de belleza tan exigentes. Hace unos días leí en Internet una nota titulada “Científicos opinan que las llenitas son las mujeres perfectas”. Lo primero que pensé fue: “¿Quiénes son esos peleles que en nombre de la ciencia se atreven a dar su opinión, no solicitada ni requerida, sobre el cuerpo de las mujeres?”. Leí la nota, según la cual las mujeres llenitas tenían… 63cm de cintura.

¡Sesenta y tres centímetros! ¡Mujeres llenitas de 63 cm de cintura!

A eso me refiero con psicosis. Como si la valía de la mujer fuera cuantificable y, peor aún, proporcional a los centímetros de la cintura. Como si andar midiendo su belleza fuera un asunto primordial y digno de ser publicado y sometido a debate.

Además de cruel, es injusto. Una sociedad que tiene los ojos puestos en el peso y talla de las mujeres nos exige gastar valiosos recursos con tal de ser delgadas. Demanda invertir tiempo, esfuerzo, dedicación y dinero para lograr tal fin.

Esto tal vez es propio del capitalismo actual, donde como población quedamos a merced de las reglas del mercado, sin que el Estado intervenga. Mientras más anorexia y bulimia existan, más son los potenciales compradores de la industria de la delgadez. Las políticas públicas encargadas de velar por un adecuado desarrollo, emocional e intelectual, son bastante escuetas frente a una cultura que vende productos basura a costa de la salud física y emocional.

Parece ser que la compañías no entienden o que no les es rentable entender que las mujeres tengamos la capacidad de desarrollarnos en lo que queramos; en el arte, la academia, en la ciencia, etc. Ningún medio de comunicación se sale de esta norma. Se nos “invita” incesantemente, una y otra vez, a hacer dietas desde el Internet, la televisión, los espectaculares en la calle, el radio. A veces la invitación es abierta, pues se trata de un producto para adelgazar; otras veces velada, mediante el uso modelos extremadamente delgadas como prototipo de mujer “común y corriente”, exactamente como tú deberías ser y no eres .

La publicidad no está ahí por generación espontánea. Hay intereses económicos de por medio, hay mercados que son redituables y un sistema político cómplice. Los reglamentos para la publicidad, que actualmente existen, tienen una deuda enorme con las mujeres.

Definitivamente algo debe estar mal en el entorno de las mujeres, algo que las hace propensas a trastornos alimenticios, y esta es mi lectura. A la industria de la delgadez le importa un carajo el bienestar de las mujeres.

Esta industria puede y debe ser exterminada o, en su defecto, ser regulada.

 

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