Pasaron junto a mí las bicicletas, los únicos insectos de aquel minuto seco del verano, sigilosas, veloces, transparentes: me parecieron sólo movimientos del aire.”

Neruda

La primera migración de invierno por “Bikes Across the Borders” hacia Monterrey ocurrió hace 5 años, vinculada con los orígenes del colectivo regiomontano Pueblo Bicicletero. En la Plaza de la República, de Reynosa, sucedió el primer encuentro entre ciclistas de Austin y Monterrey. Una tarde fría y con lluvia fue el contexto para iniciar un recorrido en bicicleta, desde las chulas fronteras del norte hacia Monterrey, el cual llegó a la desaparecida Kasa Komunitaria, luego de tres días rodando con velocidad pausada.

Además de las motivaciones de encuentro entre dos grupos ciclistas, existe otra con base generosa. Una de las ideas centrales de Bikes Across the Borders ha sido la donación de bicicletas en nuestra ciudad. Desde Austin –en el mágico Valle de Texas- durante días pedalean en velocípedos que ya no regresaran a su sitio de origen, porque alguien en Monterrey las recibirá en donativo. Quienes los conducen a nuestra ciudad, harán su regreso en autobús, posterior a la entrega de su vehículo de dos ruedas a una persona en nuestra comunidad.

Ya los queríamos conocer” fue la frase seguida de un abrazo, dicha por Joshua Collier en un punto indeterminado de la Planicie Costera del Golfo, ya en territorio de Bravo, Nuevo León. La comunicación de intenciones se dio posterior a un acoso sin descanso por parte de “halcones” y policías al servicio de la delincuencia en la chula Reynosa – la Reina de las Fronteras-, quienes no pudieron aceptar ni comprender la presencia de ciclistas trasladándose por la ciudad, atinando tan solo a forzar la salida del grupo lejos de la frontera.

La treintena de ciclistas nunca dejó de causar asombro en los pueblos de Bravo, Ramones y Cadereyta. Ver al grupo rodando por la carretera, con sus remolques cargados de equipaje, a ritmo lento y constante, seguro fue una escena que no se había advertido antes por esos rumbos. Menos era de esperarse en esa época, violenta y de terror como nunca en la vida. La sorpresa se mantuvo en la zona conurbada de Monterrey.

La noche previa a la llegada del grupo a Monterrey, buscando dónde descansar, un ganadero de Los Ramones ofreció las instalaciones de la Asociación Ganadera del pueblo para dormir. En ese momento, el grupo de texanos ciclistas se transformaron en músicos, con instrumentos sacados de sus remolques. Flautas, guitarras y panderos, volvieron festiva la noche, con los anfitriones del ganado desbordando alegría ante el inesperado arte musical y bicicletero.

La violencia, como hoy, todo lo desbordaba por esos tiempos. Los policías de Cadereyta buscaron siempre bloquear el paso del grupo por ese rumbo. Cuota o no pasan, era la consigna de los cuicos, desvirtuados sin remedio en su trabajo de protección, vuelto en uno de agresión contra la población en Nuevo León. La excepción fue en la Villa de Guadalupe, con un patrullero que hasta el límite con Monterrey acompañó al grupo, buscando priorizar el paso de ciclistas ante cualquier intento de los autos para invadir el largo recorrido.

Hoy fue el inicio de la tercera migración de Bikes Across the Borders hacia Monterrey. Además de los territorios que les tocará estar en territorio texano, rodarán con ciclistas en Tamaulipas de las alta serranías (y las chulas fronteras) provenientes de Matamoros, Rio Bravo y Reynosa. Luego tocará pedalear en Nuevo León con destino final del recorrido en la Casa Bicicletera- sede física del Pueblo Bicicletero-. A ese tiempo habrán transcurrido más de diez días de fantástico recorrido, montados en las dos ruedas de las bicicletas.

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Se comprueban las hipótesis del poeta. Pronto viene la llegada de las bicicletas. Silbando, cruzando puentes, rosales, zarza y mediodía.

Por Antonio Hernández

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