Por Manuel J. Lara

Foto Por Victor Hugo Valdivia

Quizás mi próxima novela comience con un: “Recuerdo que la muerte de Santiago Carrillo me pilló en México.” O tal vez con algo así: “El gobernador esgrimió que el problema de la inseguridad era una cuestión de percepción. Eso es lo que sucede cuando se gobierna desde un helicóptero, le respondió alguien en Twitter.” En cualquier caso, tendré que contar algo de todo esto.

Anunciaban en la radio boletos para un concierto que mezclaba violines con DJ’s y me acordé de una reciente conversación con Paco en la que me preguntaba si había visto el notable parecido entre Springfield y Monterrey. Sólo pude responderle con una sonora carcajada. Sigue pareciéndome impresionante como aquí las autoridades emiten comerciales de forma ansiosa y compulsiva en todos los medios de comunicación sobre su labor legislativa, fruto arrollador de su absoluta ineficiencia para todo aquello que no sea llenarse los bolsillos con millones de pesos del contribuyente.

Ver militares por las calles resulta una visión estremecedora, y espero no acostumbrarme jamás a cosa semejante. Los soldados mexicanos, como los de todos los ejércitos del mundo, delatan en su mirada las huellas de la pobreza. A veces los encuentro merendando con algunas cosas que se han comprado en el Walmart. Su forma de portar grandes metralletas es semejante a la de un niño con un juguete: despreocupada. No puedo evitar reflexionar aquellas palabras de Aitor en las que, hablando sobre The Wire, me dijo:

Ahí es donde se comprueba que realmente los que delinquen tienen un mayor compromiso sobre su labor que los que se supone que tratan de detenerlos.

El tan gastado “problema de la violencia en México” no es más que otra angustiante pieza en la demostradísima “doctrina del shock” que estamos sufriendo en carne y hueso. Además, resulta increíble cómo descaradamente beneficia comportamientos ultra-capitalistas. El refugio antiaéreo es ahora el centro comercial, el ahorro en espacios públicos hace caja. Resulta abrumadora la campante ineficiencia del liberalismo; todo se resuelve de la manera más tosca. El otro día volvió a llover. Llovió un día y medio. El lunes a primera hora, la ciudad volvió a sumergirse en el caos. El parte del tráfico era en realidad un parte de guerra civil.

Descubrir cada mañana si el camión de la basura se habrá llevado o no tu bolsa es parte de la magia de vivir en México. Hoy he visto todo el día muchísimas mariposas por todos lados. Creo que es la típica cosa que todos percibimos pero nunca comentamos. En todo caso, el día se acaba igual en todos los lugares: poniendo y punto y seguido a la frase.

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