Por Raymundo Pérez Arellano

En el oficio del periodismo de vez en cuando es necesario hacer un alto y mirar atrás, recurrir al pasado y hacer un ejercicio de memoria.

La especie humana vive obsesionada con el concepto del tiempo. Le da importancia a las fechas, mide su vida en horas, minutos, días. Así, en estas líneas escribo hoy una remembranza de mi vida periodística. Tapo la botella y la echo al mar para que quien la encuentre y hurgue en su interior tenga la opción de leerla o echarla de regreso al océano.

Febrero de 2014 tuvo un significado especial para mi. Es la fecha en que se cumplieron 15 años de que apareció en Monterrey lo que en principio se concibió como un fanzine y que terminó siendo una revista: Letra.

Antonio Domínguez, Diego Osorno y un servidor empujamos para que la Facultad de Comunicación financiara el proyecto. En ese febrero de hace 15 años también fue la primera vez que ingresé a una redacción, mi bautizo como reportero.

La sección cultural del periódico ABC (cuatro hojas que se disputaban el espacio con la sección de espectáculos) fue mi primer refugio periodístico. Ahí , en una computadora con sistema MS-DOS, aprendí medianamente a redactar notas de la vida cultural de Monterrey.

Tiempo después me ofrecieron editar la sección policiaca de un diario rural que se distribuía principalmente los municipios de Linares, Montemorelos, Hualahuises, Allende y Santiago, Nuevo León : La Voz de la Región Citrícola.

En 1999 las notas más destacadas eran los borrachitos que remitían a la comandancia por orinar en la vía pública, los muertos por accidentes viales en la carretera nacional o los robos simples a las viviendas. Nunca esperé que años después la Región Citrícola iba a convertirse en un lugar peligroso, donde zetas y golfos se disputaran el territorio a balazos.

En ese mismo 1999 Diego Osorno barajaba la idea de fundar un periódico estudiantil en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UANL. Una noche, tomamos prestadas unas acreditaciones de prensa, entramos a un concierto de El Poder del Norte y en el backstage comenzó a tomar forma el periódico Vértice.

Además de servirnos como un gran taller de redacción, Vértice abrió la puerta para que Adriana Esthela Flores, Diego Osorno y yo ingresáramos al Diario de Monterrey que se convertiría poco después en Milenio Diario. Yo escribía para la sección de negocios y finanzas. Pero una restructuración en el diario nos mandó a la calle a 20 compañeros y quedamos desempleados.

Fermín Pérez, quien había sido director editorial del periódico ABC me sugirió probar suerte en el Regio, un diario local enfocado a la política y dirigido por un político: Leopoldo Espinoza, quien tiene el logro de haber sido el primer priísta derrotado por Acción Nacional en el municipio de Monterrey.

En el Regio conocí a Raúl Rubio, un ex guerrillero convertido en reportero. Él me enseñó la misión social que tiene el periodista.

Raúl entendió que la misión del periodismo es darle voz a quienes no la tienen. Ahí me empapé de temas medioambientales, conocí sobre el electrosmog, de la lucha contra la medicación infantil, de la importancia de conservar la memoria de los pueblos a través de sus sitios históricos.

Ahí aprendí también de la rebeldía, de la organización ciudadana, de la dignidad de los pueblos que le dicen basta a los poderosos.

En 2005 comencé a hacer televisión en Multimedios. En mis reportajes traté de evidenciar la ambición desmedida de los empresarios por comprar reservas ecológicas a centavos y venderlas en dólares, sin que les importe el daño ambiental.Se documentaron nexos de los políticos en el poder, los negocios de los parientes incómodos, las compras infladas y la corrupción en el sistema político regiomontano.

A la par una nueva agenda entraba cada vez con más fuerza a los medios de comunicación: la violencia en las calles de Monterrey ligada al crimen organizado. La pantalla de televisión comenzó a llenarse de ejecutados, tiroteos, persecuciones, decapitados y al mismo tiempo la ciudad fue llenándose de miedo. En Nuevo León la palabra Zeta fue proscrita del vocabulario. En cambio la gente encontró eufemismos para llamar a este grupo criminal: la última letra, la gente, los mañosos, los malitos.

En octubre 2008 comenzó un nuevo proyecto en la Ciudad de México. Milenio Televisión abría señal y le apostaba a un formato de 24 horas noticias como alguna vez lo hizo ECO. La diferencia sería el formato. Personas talentosas de CNI canal 40 crearon una cara diferente a los canales de noticias. Una imagen fresca, desenfadada, burlona, pero al mismo tiempo creíble fue la que marcó el proyecto.

De Monterrey pasé a la Ciudad de México. Y de ahí a viajar por todo el país. El oficio de reportero me permitió conocerel México de abajo. De escuchar los problemas de las personas del norte del país, pasé a conocer la problemática del país entero. Cada estado una particularidad, muchos méxicos en un mismo México.

En 2012 pasé a colaborar con Denise Maerker y con otra parte del talentoso equipo del antiguo Canal 40. Ahí conocí las ventajas de hacer periodismo con tiempo. Cada semana contar historias del México real. 5, 7, 12 minutos de tiempo aire para los reportajes, algo impensable en el formato de los noticieros diarios en México. Ahí me di cuenta que no basta con informar, es necesario explicar el contexto de lo que ocurre alrededor de un hecho noticioso. Sólo así se puede medianamente comprender la problemática del país.

15 años después este oficio me ha dejado muchas satisfacciones. He podido platicar con personas de países tan distantes como Líbano, Jordania, Israel, Siria, España, Haití, Cuba, Guatemala o los Estados Unidos.

El periodismo me ha hecho reír, soñar, crecer como persona, pero también me ha provocado temor, angustia y tristeza al sufrir un secuestro mientras realizaba mi trabajo.

Todas estas experiencias positivas y negativas hacen que hoy confirme lo que alguna vez planteó Silvino Jarmillo en la Facultad de Comunicación: el periodismo es el mejor oficio del mundo, porque se hace con la cabeza, pero va dirigido al corazón.

Comments

comments