Entrevista con Juan Carlos Onetti

Por Joaquín Soler Serrano

Joaquín Soler Serrano: Querido Onetti: queremos asomamos a su mundo… Será, claro, hasta donde usted nos lo permita. Según su leyenda, es usted hombre atrincherado en muchas preocupaciones y prevenciones…

Juan Carlos Onetti: Sí, es cierto, pero no por problemas de precaución, sino como ya le dije antes por un problema de mi timidez, de mi nerviosismo. Esta cita de hoy con usted me estropeó la noche de ayer, porque sabía que debía venir aquí hoy, y me preocupaba lo que pasaría, y cómo me comportaría yo, si estaría bien, o si estaría mal… La verdad es que desde que nos vimos ayer estoy sintiendo un ambiente muy amistoso, y cada momento me voy sintiendo mejor… en este momento estoy francamente bien.

JSS: Lo celebramos mucho, y eso es lo que deseamos. Hay escritores que se fraguan en la comunicación con los demás, a quienes gusta el estrépito, el diálogo con las gentes, escribir en los cafés… Hay otros que viven encerrados en su mundo interior.

JCO: Ése es mi caso.

JSS: Y es también un tema que le ha preocupado siempre: el de la incomunicación.

JOC: Y me sigue preocupando, hasta el punto que me acuerdo que en un homenaje que me hicieron en el Ateneo leyó mi amigo Luis Rosales un poema que hizo basado en un cuento mío, y que le quedó muy bien, muy bien. Allí aparece una chica que es sorda. Entonces, alguien me preguntó por qué era sorda. Y yo le dije que yo no la había pensado sorda, que me salió así, que me resultó, que no era una cosa planeada, y que en la relación amorosa hay siempre, por lo menos uno, que es sordo… en el sentido de la comunicación. Aunque generalmente son los dos.

JSS: Parece que empezó usted muy pronto a inventar historias…

JOC: Recuerdo que muy pronto empecé a mentir. Llegaba a mi casa y empezaba a contar historias que no habían ocurrido, ni ocurrirían jamás. A los chicos del barrio, también les contaba mis mentiras. Así es que para mí el escritor empezó ahí, mintiendo. Desde niño no he hecho otra cosa que mentir. Después seguí mintiendo en todos mis libros.

JSS: Pero mintiendo ya de una manera más madura, porque su primer libro fue señalado por los críticos y por otros escritores como el libro de un escritor que ya estaba muy hecho.

JOC: Lo que yo hice con entusiasmo en esos años era un diario de mi vida, «mi querido diario» como dicen todas las jovencitas, donde se acumulaban mentiras sobre mentiras.

JSS: ¿Diario jamás publicado?

JOC: ¡No, por favor!

JSS: ¿Alguna vez podría ser publicable?

JOC: No. Lo tiré, o lo quemé, no recuerdo bien. Las historias de mi diario eran todas hijas de mi imaginación. Había historias en ese diario que ni don Juan…

JSS: De modo que era usted un Casanova imaginario…

JOC: ¿Y qué iba a hacer en esa edad? Sólo tendría 12 o 13 años…

JSS: En 1950 aparece La vida breve. En ella aparece ya Santa María, una ciudad imaginaria, en cierto modo paralela en el tiempo a otras ciudades inventadas por otros escritores: Macondo, de García Márquez, en primer lugar… Por cierto que para todos esos autores del llamado boom hispanoamericano es usted una figura respetada y admirada.

JOC: Y a todos se lo agradezco mucho. Me siento amigo de todos, de Mario Vargas Llosa, de García Márquez, de Cortázar, de Carlos Fuentes…

JSS: También usted está en esa corriente del boom…

JOC: Fui arrastrado por ella. Cuando aquí tuvieron éxito las novelas del boom, se preocuparon de buscar a otros escritores latinoamericanos.

Ahora bien, la verdad es que yo he leído tantas cosas sobre el boom, y tan contradictorias, que no acabo de entenderlas. Por ejemplo, cuando se dice que eso no pasó de ser una combinación editorial. Yo digo que por mucha combinación que se haga, no se fuerza a la gente a comprar cientos de miles de ejemplares en todo el mundo, como con Cien años de soledad.

JSS: Ni engañar a los públicos de todos los países, a los críticos, a los escritores…

JOC: Los que han triunfado es porque tienen talento indiscutible.

JSS: Usted ha conocido mucho a Cortázar.

JOC: Sí, muchísimo, lo traté bastante en Buenos Aires antes de que Cortázar fuera Cortázar, y fuimos muy amigos. Creo que lo seguiremos siendo. Ahora anda muy ocupado en cuestiones políticas, y ha dicho una cosa que me parece absurda: que no va a escribir más, y que va a dedicarse a luchar por la amnistía de los presos políticos…

JSS: Es un escritor apabullante, de enorme talento, de inaudita brillantez…

JOC: De Cortázar, prefiero los relatos cortos. Los hay maravillosos.

JSS: Todos ustedes, los escritores de la otra orilla del océano, han cultivado muy bien el cuento. Usted mismo es un gran escritor de cuentos.

JOC: Pienso que en América concedemos al cuento más importancia que aquí. Los cuentos de García Márquez son excelentes. El coronel no tiene quien le escriba es una verdadera novela breve.

JSS: ¿Qué consideración personal tiene usted de su propia obra? Es muy difícil desdoblarse y verse uno desde fuera, porque no existe esa posibilidad, pero si usted leyera a Onetti pensando que en lugar de Onetti lee a Cortázar, o lee a García Márquez, o lee usted a Borges, ¿qué pensaría de ese escritor?

JOC: La hora de la verdad… Yo jamás he releído lo que he publicado.

JSS: ¿Nada?

JOC: Nada, nunca. Para mí se murió, se acabó. A veces me leo un capítulo, y digo, ¡qué lástima!… Debí haberlo trabajado mejor, aquí hay tantas cosas para desarrollar, o para embellecer… Otras veces abro el libro por otro lado, y entonces me digo: ¡pero qué bien escrito está esto! ¡Nunca más vas a volver a escribir como escribiste esta vez! Es una desgracia, tiro el libro, me siento derrotado por mi propia obra. Y además, siempre me apasiona lo que estoy escribiendo, lo que ya pasó, aunque le pongan después monstruosas tapas en Norteamérica, siempre me apasiona.

JSS: ¿Escribe usted despacio, es lento escribiendo?

JOC: Sí, lento, lento; además, amo mucho la grafía.

JSS: ¿Busca usted las palabras o le vienen solas? ¿Es usted un escritor en el que los vocablos se producen en torrente?

JOC: Cuidado con la palabra torrente…, cuidado.

JSS: No, no… Me refiero a si a usted las palabras le vienen solas o las tiene que ir buscando. En ese sentido decía torrente…

JOC: No. Solas. Me vienen solas.

*Fragmento de Escritores a fondo (1986)

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