De la serie Cabeza Dura

Por Daniel Nush

Me acuerdo que de niño me gustaban los huacales y jugaba a hablar inglés.


Me acuerdo cuando asesinaron a Paco Stanley y no sabía quién era.


Me acuerdo que me enteré hace poco que Stanley fue el pionero de introducir cocaína en Televisa.


Me acuerdo que, desde que lo conozco, Aristeo Aragón toma cerveza a partir de las siete de la mañana, antes de irse a trabajar.


Me acuerdo que mis papás nunca han tenido trabajo fijo.


Me acuerdo que mi tío Zeferino intentó cruzar la frontera por el desierto hacia Estados Unidos y regresó a Oaxaca cojeando.


Me acuerdo que en una fiesta de Yalálag conocí a un chico que se apellidaba Chimil y que había intentado cruzar cuatro o cinco veces la frontera y nunca pudo. Ahora hace huaraches.


Me acuerdo que me gusta el nombre de Zoogocho, un pueblo de la sierra norte de Oaxaca.


Me acuerdo que el Bartleby de Melville decidió no trabajar.


Me acuerdo que Tumbona publicó un libro extraordinario Contra el trabajo.


Me acuerdo que Marx pensó el trabajo como nadie.


Me acuerdo que el “trabajo vivo” es lo importante y no la “fuerza de trabajo”.


Me acuerdo que Santiago Sierra ha relexionado en su producción artística sobre el trabajo.


Me acuerdo que no he leído La riqueza de las naciones de A. Smith


Me acuerdo que tengo una lista de lecturas que ya no he realizado.


Me acuerdo que a Alberto Manguel le gustan las listas.


Me acuerdo que a George Perec también.


Me acuerdo de un texto de Umberto Eco: “El vértigo de las listas”.


Me acuerdo lo aburrido que es el catálogo de naves del segundo libro de la Ilíada.


Me acuerdo de un poeta gringo que reescribió la Ilíada y conservó el nombre de los muertos del poema.


Me acuerdo que lo leí en un libro de Cristina Rivera Garza.


Me acuerdo que ya olvidé porqué Cristina me untó toloache sobre la frente mientras estaba hincado en una librería-restaurante.


Me acuerdo frecuentemente de los poemas de Jorge Fernández Granados.


Me acuerdo igualmente de los poemas de Wislawa Szymborska a diario.


Me acuerdo que Szymborska murió un frío febrero.


Me acuerdo que, debido a la popularidad de August Strinberg entre la clase trabajadora, a su entierro asistieron 60 mil obreros.


Me acuerdo que el velorio de Amado Nervo duró un mes.


Me acuerdo que al sepelio de Marx asistieron nueve personas.


Me acuerdo que Cees Nooteboom escribió un libro memorable sobre las tumbas.


Me acuerdo las discretas tumbas de Walter Benjamin y de Bertolt Brecht que visitó Nooteboom.


Me acuerdo que una novia de Zoquitlán ama ir al panteón a dejar flores y siempre encontraba abejas.


Me acuerdo que ella estuvo en la cárcel cuando tenía quince años.


Me acuerdo que una vez me contó, mientras nos bañábamos, que muchas personas la visitaron cuando estuvo encerrada y que leyó varios libros.


Me acuerdo que José Revueltas estuvo cuatros años y medio en la cárcel en toda su vida.


Me acuerdo que la primera vez que confinaron a la cárcel a Revueltas —quizá imberbe— fue en una isla.


Me acuerdo que Cervantes fue prisionero.


Me acuerdo que Tomás Moro estuvo preso.


Me acuerdo que Boecio escribió en la cárcel La consolación de la filosofía, donde lo visitaba una mujer hermosa que se llamaba Filosofía.


Me acuerdo de Volodine y su escritura carcelaria.


Me acuerdo que Fray Luis de León escribió su Cantico espiritual en la cárcel.


Me acuerdo que la palabra carcere siempre me recuerda a Gramsci, que nunca he leído.


Me acuerdo que a Aristeo Aragón lo han encerrado muchas veces por orinar en la calle.


Me acuerdo que una tarde oriné en el Arco di Dolabella después que los policías se llevaron a un joven por orinar en la vía pública.


Me acuerdo que disfruto leer la última línea de cualquier libro antes de leerlo.


Me acuerdo que “una forma analógica de escribir, hacer y pensar ya sucedió, y no hay vuelta atrás” es la última línea del libro que estoy leyendo de Kennet Goldsmith.


Me acuerdo que los libros de poesía los leo en el orden inverso al propuesto.


Me acuerdo cómo finaliza Sicilia sus textos en Proceso: “Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés…”.

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