Por Ramón I. Centeno

Hace unas semanas, Javier Sicilia nos presentó una interpretación alternativa del mito griego de Narciso. Por un lado, “la tradición más conocida del mito dice que Narciso era bello y que muere ahogado cuando, al mirarse por primera vez en el espejo de una fuente, quiere poseer su imagen.” Por el otro, Sicilia recuerda una versión menos conocida, según la cual “en realidad Narciso se odia y se desprecia”. Por eso, “muere en cuanto se ve”.

Para Sicilia, la élite política de México encarna, de conjunto, a Narciso. La tarea, por tanto, es relativamente clara: debemos colocar “un espejo de varias caras donde Narciso pueda por fin ver su fealdad y suicidarse”. Un espejo de caras múltiples sería el “boicot electoral”: “la abstención, el voto nulo, el voto en blanco o ir a romper en las casillas la boleta del voto que nos corresponde”.

Los límites de esta visión pueden apreciarse a través de un chiste ruso que, de acuerdo con Slavoj Žižek, era popular dentro de la disidencia de la extinta URSS y Europa del Este. El chiste ilustraba “la futilidad de sus protestas”:

En el siglo XV – cuenta Žižek –, cuando Rusia estaba ocupada por los mongoles, un campesino y su esposa iban caminando por una vía polvorienta. Un soldado mongol a caballo se detuvo a su lado y le dijo al campesino que ahora procedería a violar a su esposa; y añadió: “Como hay mucho polvo en el suelo, ¡debes sostener mis testículos mientras violo a tu esposa para que no se ensucien!” Una vez que el mongol había hecho su acto y se había ido, el campesino empezó a reír y saltar de felicidad. La sorprendida esposa preguntó: “¿Cómo puedes estar saltando de felicidad cuando acabo de ser brutalmente violada en tu presencia?” El agricultor respondió: “¡Pero le gané! ¡Sus bolas están cubiertas de polvo!”

¿Qué lección extrae Žižek de esta historia?

Esta triste broma – dice – revela los aprietos de los disidentes: pensaban que le estaban dando graves golpes a la nomenklatura del partido, pero lo que en realidad hacían era simplemente ensuciar los testículos de la nomenklatura mientras la élite gobernante seguía violando al pueblo…”

No quisiera ser mal interpretado. En estas elecciones en México, Sicilia tiene razón, no hay por quién votar. Los partidos existentes han sido autores materiales, cómplices u omisos sobre la continuación del asalto neoliberal en México. Desde hace más de treinta años no deja de caer el salario real, reducirse las prestaciones sociales y aumentar la informalidad. Por si fuera poco, la devastación social gestada a partir de entonces ha degenerado en la actual barbarie del narco. Como efecto del TLCAN, se dio el mayor éxodo de mexicanos a Estados Unidos, producto de la primera oleada de reformas económicas para ricos – las mismas que parieron al Slim de hoy. A partir de 2006, la cosa empeoró cuando el régimen optó por desatar la guerra del narco como vía para lanzar a un lejano segundo plano los cuestionamientos al modelo económico. Desde entonces el saldo es brutal. ¿Cómo va el marcador? ¿110 mil muertos y 22 mil desaparecidos? El año pasado, el capitalismo mexicano continuó sus conquistas: el petróleo fue reabierto al popote privado.

¿Qué partido está dispuesto a jugársela para revertir el caos actual?

Ninguno de los que aparece en las boletas.

Los únicos desafíos serios al caos mexicano no están dentro del sistema, sino afuera de él, en las calles. ¿Logrará traducirse esto en un viraje en la conducción del país? No en esta elección, es verdad. Y ese es un problema que, en efecto, puede y debe quedar manifestado en el boicot electoral.

Pero Sicilia está equivocado sobre Narciso. Mis vísceras me permiten pensar en una tercera posibilidad al mito griego: tal vez Narciso era un pendejo. Pero la élite política de México no lo es: no se va a suicidar. Ellos saben que son feos pero no les importa, como bien dijera la hermana de un líder y padrote del PRI: “Feo pero chingón y bien machote”. Y ahí están frente al espejo, sodomizando jovencitas, al pueblo mexicano, y recibiendo aplausos por ello.

De lo que se trata no es de ensuciarle los huevos al sistema, sino de cortárselos. El campesino ruso debía darle un cuchillo a su esposa.

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