La Doña está molesta. Le habían prometido otra cosa. Esto está muy desorganizado.

—¿Pero quién puede organizar algo con esta señora presente? Los 20 policías andan como hipnotizados. Prefieren ir siguiéndola.

—Viene como le da la gana. Nomás fíjate en ese collar de saurios entrelazados, uno de diamantes verdes, otro de diamantes de visos amarillos. Y los aretes, dos hojas enormes de esmeraldas De Cartier, que es uno de sus joyeros. Se las sabe todas en materia de apantallar. Echale un look a ese vestido verde de Christian Dior, mitad kaftán y mitad pantalón. El nuevo estilo palazzo, ¿no? El abrigo es de martas cibelinas. Y fíjate que ninguno de estos cuates se da por provocado.

El lenguaje del cine-club de los 50s convertido en los reclames del pan-y-circo oficial de los 70s. Según el Fideicomiso de Nezahualcóyotl, los vecinos mediante pliego petitorio —decidieron que “varias calles de la populosa ciudad” ostenten nombres de Monstruos Sagrados: María Félix, Dolores del Río, Sara García, Fernando Soler y Angélica María. El boletín de prensa reprodujo fidedignas declaraciones donde los Humildes Habitantes certificaban con cuánta amplitud amores y esperanzas, dolores y dichas de las mayorías han sido o encarnados (con gloria celuloidal) por los artistas, nuestros diputados sentimentales. Y hoy se inaugura la gratitud develando la placa de María Félix en el cine Aurora, gélido e interminable galerón, anterior al concepto funcional de sala de arte, idéntico en todo a aquellos loables cines de los cuarentas, donde seis mil espectadores suspiraban al unísono ante la desdichada suerte de Jorge y María en El Peñón de las Animas.

La Doña ha llegado en plena proyección de Doña Bárbara y se niega a contemplarse en la pantalla ocupada en verificar su peinado. Andrés Soler murmura: “Ella sola y siempre, la implacable”. Los fotógrafos al asalto, la oscuridad reverbera con flashes. Desde la pantalla, Lorenzo Barquera le previene a Santos Luzardo: “La tremenda, la devoradora de hombres”. Se interrumpe la exhibición y se anuncia a “la máxima estrella del cine mexicano internacionalmente hablando”. El turno es del melo-dramaturgo Basurto, de smoking de fantasía:

—Respetable público, este es un día de fiesta para el pueblo mexicano. Ella es la sangre, el alma, el espíritu, la grandeza, la rebeldía del pueblo de México. Ella consagrará hoy una vez más a su patria cuando una calle de esta Ciudad Nezahualcóyotl, gran ciudad, lleve el nombre de esta extraordinaria mujer que por derecho propio figura al lado de las grandes mujeres de nuestra historia. El pueblo la ama y ella ha llevado lo mejor de nuestra raza a todo el mundo MARIA FELIX DE MÉXICO.

Los silbidos prolongados reiteran la falta de costumbre en el aplauso como certificado de civilización o prueba de que el director ha entendido lúcidamente el espíritu de Mahler o Stravinsky. La “comunidad” del Cine Aurora ha conocido a los Monstruos Sagrados segmentados por comerciales y alternados con series policiacas del Canal 5.

La Comitiva es objeto de ruido cognoscitivo y el melodramaturgo se auto promueve (“me hizo el honor de descubrir la placa”) y continúa en el arrobo ante el solo cuerpo colegiado que va de Doña Josefa Ortiz de Domínguez a la intérprete de La Cucaracha y La Bandida.

—Ella ha puesto a la altura de ella misma, que es muy grande, el nombre de México. Rendidamente, como Luis G. Basurto, y como vicepresidente que soy de la Sociedad de Escritores Mexicanos, te rindo hoy homenaje y te rindo homenaje en nombre de todos estos mexicanos de rodillas y a tus pies.

Se arrodilla y besa la mano de María Félix. El gesto carece de consecuencias para este público divertido, estupefacto y lejano. Hay golpes teatrales que nacen muertos. Imagínate si se le hinca así a doña Ángela Peralta el siglo pasado. Habla el presidente municipal de “esta bellísima Ciudad”. Luego, el representante del Fideicomiso de Neza:

—Señora, reciba usted un afectuoso saludo de nuestro gobernador el doctor Jorge Jiménez Cantú que comparte los sentimientos de este pueblo que la admira y la adora.

—¿Puedo decir una palabra? Pero podía él haberlo venido a decir personalmente.

A la Doña le divierte su agresividad y le satisface la rechifla enconada. Se da vueltas segura de su hazaña taurina y esperando la decisión del juez de plaza. El delegado palidece, balbucea y el espíritu de todos los devorados por La Mujer sin Alma reaparece.

—Señora, es cierto, pero ayer.

La Félix se desentiende de la disculpa en medio de un enorme alborozo.

—No importa, la presencia de ellos es bastante.

El anuncio de un speech del neogalán Valentín Trujillo despierta el mayor clamoreo —el único alegre— de la noche. Las fotonovelas y las telenovelas dan cercanía y confianza. La Félix es distante, es inapresable así se encuentre a unos metros. Ella se distribuye en el escenario, arroja su sonrisa con desprendimiento, se muestra arrogante y bellísima, ríe y afirma quién quita y un día ella sea presidente de Ciudad Nezahualcóyotl, domina el escenario, we are amused con la placa develada, es —a un tiempo— festiva y displicente, justifica la consigna del periódico local, El Tercer Mundo (Diario del Subdesarrollo).

TODO EL PUEBLO A ADMIRAR DE CERCA A LA COTIZADA ARTISTA DEL CINE MEXICANO: LA SIN PAR MARÍA FÉLIX”

Los de Condición Humilde la persiguen en sus despliegues y seguramente la admiran. ¿Cómo no hacerlo? Hermosa, famosa, elegante, rica y cotizada. En el recuerdo, una escena de la Zona Rosa, hace años. Un borracho cada diez o quince minutos, se levanta de su mesa y grita: “MARIA FELIX NUNCA SERA POBRE”. Por supuesto que no, ella pertenece al género extinto de las estrellas y al mundo desaparecido de la prosperidad y por eso modela su alborozo y lanza su mirada (que exige disciplinas idolátricas) a ese Auditorio Netamente Popular, cuyo solo vestuario y cuya sola pasmada distancia emocional ante el acto ahorra cualquier comentario de Índole Sociológica. El fatalismo histórico del país según las Cámaras de Comercio: María Félix nunca será pobre y los asistentes al Cine Aurora nunca alternarán con María Félix.

Un mariachi se arranca con “María Bonita” y una cantante le pide que la reciba emocionada y el público sigue chiflando y María Félix se sorprende gratamente y vuelve a modelar su contento con la reproducción de la placa que la declara epónima y se declara muy complacida por tener nombre de calle y el mariachi la va siguiendo y ella, la Doña, sale por un sitio sin asfaltar y lleno de puestos de sopes, asciende al automóvil de lujo y los contrastes para un cuento realista de los treinta se multiplican, y la chiquillería persigue al automóvil por más de una cuadra Ciudad Nezahualcóyotl ya se internacionaliza.

Por Carlos Monsiváis

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