El Estado mexicano es una máquina burocrática colosal. Según el portal de la Secretaría de Gobernación (Segob), la rama ejecutiva del poder estatal está constituida por 18 dependencias federales y 299 entidades gubernamentales, a las que se añaden las cabeceras de los 32 estados de la república, que a su vez se dividen en cabeceras municipales. Si a todo eso se añaden la rama legislativa y la judicial, las proporciones del Estado se vuelven todavía más monstruosas.

El volumen de información que produce el gobierno mexicano es proporcional a su tamaño. La cantidad de documentos que publica y conserva en formato digital o en papel aturdiría a cualquiera. Es común sentirse insignificante frente a tanta información, y se requiere muy poco esfuerzo para perderse entre toda ella.

Sin embargo, el hecho es que esa información existe, y aunque no siempre es de fácil acceso, mucha está disponible para consulta pública. Sólo hay que saber dónde está, quién la resguarda y cómo obtenerla.

El Diario Oficial de la Federación (DOF) es un buen ejemplo de información de fácil acceso y gran interés para el periodista (y para la ciudadanía en general). El DOF es un periódico oficial publicado por la Segob en el que se documentan nuevas leyes, reformas a leyes existentes, concursos, convocatorias y resultados de licitaciones, la elaboración de obras públicas y todo tipo de anuncios pertinentes al funcionamiento del Estado mexicano y sus dependencias. El DOF se imprime, pero también existe una versión electrónica de acceso gratuito en su página oficial, donde pueden consultarse ejemplares de hasta 1921.

La utilidad del DOF radica en que proporciona un registro de actividades oficiales del gobierno. Si la Segob recibe una solicitud de una organización religiosa para ser oficialmente reconocida como tal, el hecho aparecerá registrado en el DOF. Si la Secretaría de Economía prohíbe que otras entidades públicas hagan negocio con una empresa, lo hará saber a través del DOF. Si la Secretaría de Salud transfiere recursos presupuestarios al estado de Durango, el movimiento quedará registrado en el DOF. 

Imaginemos que la Secretaría de Cultura publica en la sección de prensa de su portal que planea implementar talleres de escultura abstracta en comunidades marginadas del estado de Querétaro. Si me interesa saber cuánto dinero se destinará a los talleres, lo más probable es que encuentre la información publicada en el DOF. Lo único que tengo que hacer es buscar el número en el que se público el anuncio. Una vez encontrado, sabré cuánto recurso planean dedicarle a los talleres, además de otros datos de interés: nombres de funcionarios involucrados en el proyecto, el objetivo de los talleres, si éstos pertenecen a una iniciativa más amplia de promoción cultural en el estado o en comunidades de ese tipo, etc. (En casos así de específicos lo mejor es aprovechar la búsqueda avanzada disponible en la página oficial del diario. Se pueden filtrar búsquedas por palabra clave, rango de tiempo, fechas específicas y por dependencia.)

Otro ejemplo. Digamos que siento curiosidad por una organización religiosa recientemente reconocida por el gobierno. Si hago una búsqueda al respecto en la página del DOF, aparecerá el anuncio en el que se hace pública la solicitud de registro de la organización. Quizá haya más de un anuncio, indicando que la organización ha tenido dificultades para ser reconocida, un dato interesante por sí mismo. Si me pongo a leer la solicitud (o solicitudes), encontraré más información útil, como la dirección en la que se ubica la organización, si cuentan con propiedad inmobiliaria en el país, el nombre de su representante legal, nombres de asociados y ministros, etc.

Estos datos por sí solos quizá no saciarán mi curiosidad por completo, mas ayudarán a seguir líneas de investigación. Como sucede con otras herramientas, el DOF no soluciona investigaciones de golpe. Resuelve dudas, solidifica sospechas y abre nuevos caminos para el investigador. También sirve para familiarizarse con los movimientos de la burocracia gubernamental y para encontrar hilos que podrían llevar a historias de interés.

Cabe mencionar (y subrayar) que el DOF no es una lectura ligera. Su lenguaje es denso, lleno de tecnicismos legales, y la edición es muy poco amigable: la letra es pequeña, los párrafos sofocantes. Tiene todo el carácter de un documento oficial de la burocracia mexicana. Es muy fácil cansarse, hartarse o perderse leyéndolo. Lo más recomendable es leerlo hasta acostumbrarse en la medida de lo posible a las particularidades de su lenguaje, y tenerle muchísima paciencia.

La página del DOF ofrece otros servicios de interés además de acceso gratuito a la publicación. A la derecha del portal hay un recuadro que despliega los anuncios más leídos por día, semana y mes. La opción “Tipo de Cambio y Tasas”, en la página principal, permite consultar el valor de monedas extranjeras en pesos a lo largo de dos fechas que se le especifiquen. Hasta hay una opción para traducir el diario a varios idiomas, incluidos inglés, francés, croata y urdu. Sin embargo, la misma página advierte sobre la calidad de las traducciones.

El portal del DOF ofrece un servicio extra quienes crean un usuario (sin costo) en la página. No estoy para nada familiarizado con los beneficios de registrarse en la página, pero aquí se resuelven algunas de las dudas más frecuentes al respecto.

El DOF no es la única publicación de carácter oficial abierta al público. Cada estado de la república tiene su propio diario o gaceta en la que publica anuncios pertinentes a su administración. Algunos municipios también cuentan con publicaciones oficiales, más no todos.

Es una labor que pesa, pero vale la pena echarle un vistazo al DOF y otro tipo de publicaciones oficiales. Uno nunca sabe lo que se puede topar.  

Por César A. Cantú

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