Esta ha sido una historia bastante larga. No olvides leer la Parte I y la Parte II.

Para Lumi

Con sólo 16 años y con su inigualable voz como único tesoro, Lucha se aventuró a probar suerte en los Estados Unidos, como se lo había recomendado Mr. Traills, un empresario de aquellos lares al que conoció durante su trabajo en la carpa. Al principio, la cantante no le tenía mucha confianza, pero ese fue el principal pretexto para dejar atrás a su madre, y también a sus seres queridos, quienes la hicieron sentir muy apreciada, y pues ni modo. Sólo esperaba que tanto sacrificio valiera la pena.

Al llegar a Los Ángeles, le proporcionaron un departamentito modesto con todas las facilidades modernas que existían en esa época, y aparatos que ni sabía usar, pero a ella se le figuró un palacio. Inmediatamente el empresario americano le abrió las puertas y le consiguió trabajo en un cabaret folclórico con ambiente mexicano (tequila y guisos), donde la aceptación fue inmediata y Lucha empezó a ganar sus buenos centavos, mejor que en su tierra natal, suficiente para hacerse de más vestidos y pagar clases de canto avanzado con un buen maestro. Mr. Traills no sólo empezó a pulir el diamante, sino que también lo promovió de la mejor manera y, como buen representante, le programó la primera sesión fotográfica y entrevista con la prensa para impulsarla.

En esa sesión fotográfica Lucha conoció a un joven periodista llamado Gabriel Navarro. Inmediatamente se gustaron, se enamoraron y se casaron en una ceremonia representativa, porque ella aún era menor de edad y querían evitar problemas. Dos años después, a la edad de 18 años, Lucha, quedó embarazada, hecho que la puso muy feliz, pero perdió a su bebé durante una noche de borrachera, cuando cayó al suelo y rodó escalera abajo después de discutir con su esposo. Él se sintió culpable, pero no pudo perdonarla porque a ella no le importaba su embarazo; regresaba cada noche, después de sus presentaciones, totalmente ebria.

Con ese golpe, pero sin sentirse derrotada, después de una larga recuperación, Lucha regresó a México, a buscar un poco de calor humano, ya que el médico también le comunicó que por la gravedad del golpe no podría tener más hijos por el resto de su vida. Le administraron un tratamiento, unas inyecciones para quitarle el vicio del alcohol: si probaba un poco de alcohol durante el tratamiento, se llenaba de ronchas, o sea que no era para quitarle las ganas, sino de darle un escarmiento.

Ya instalada de nuevo en México con sus familiares que la querían, Lucha regresa al ambiente artístico: programas de radio, actuaciones en cabarets; le vuelve la suerte. En una de sus actuaciones conoció a Pepe Campillo, uno de empresarios más famosos de aquella época, el cual la contrató de inmediato. El éxito continua, nada más que al festejarlo con su hermano Manuel, la cantante, consciente del tratamiento, se puso una guarapeta de aquellas y se enfermó, cortesía de las inyecciones anti-alcohol. Le salieron ronchas por todos lados (hasta en la garganta y aquellos lugares donde no pega el sol), por lo que decidió dejar el tratamiento para siempre, todo por fuera por seguirle dando gusto al alipús.

El señor Campillo la colocó en diferentes escenarios. Para entonces se empezaban a poner de moda los duetos, tríos y cuartetos, pero debido al mal carácter de Lucha y a las diferencias vocales (nuestra cantante sobresalía entre las demás voces, generando pleitos y desgreñes), y aunado a esto su afición por la botellas, la despidieron.

Pero el bajón no duro mucho. El Maestro Juan Nepomuceno Torreblanca la invitó como integrante del cuarteto Anahuac, acompañados de su Orquesta Típica, nada menos que para una gira por Alemania. La idea era llevar la música mexicana a países europeos. La compañía pisó Berlin a mediados del 1927. Debido a la ambición del proyecto, el cuarteto se integró con lo mejor de lo mejor en lo que a voces mexicanas respecta: en las tesituras de soprano y alto, margarita del Río y Luz Reyes; y por la parte masculina, los señores Juan Martínez y José Pantoja, en voces de tenor y bajo. Lejos de disfrutar el viaje en barco, se la pasaban ensaye y ensaye para que la presentación fuera de gran calidad… Pero tanto ensayo fue en vano, como cuando agarras una fruta y te espinas la mano… A los teutones no les llamó mucho la atención, a pesar del empeño que puso en la propaganda el empresario alemán que los contrató. Lo poco o casi nada que ganaron se empleó a cuentagotas mientras duró su estancia en el país de la cerveza. La moral se les vino a los suelos, se emborracharon y crearon una especie de anarquía ante el maestro Torreblanca; ya no lo respetaban, y él, perdida la paciencia, los abandonó a su suerte, en el frío.

El grupo de inmediato consiguió trabajo, pero no como músicos, sino como lavaplatos y realizando limpieza en varios restaurantes y cafés. Lucha empezó con problemas en su garganta, y debido a las malpasadas, se puso cada vez más débil. Temía perder la voz nuevamente, pero gracias al cónsul de México en Alemania, Lucha y compañía regresaron a su México lindo y querido.

Ya en México, a Lucha le detectaron una fuerte infección en la garganta y nódulos en las cuerdas vocales, resultado de aquella aventura musical en Europa. El doctor le advirtió que no se conocía una cura definitiva y que era posible reparar el daño por medio de una operación, pero bajo mucho riesgo; si se cortaba el músculo vocal un poco más de lo debido, se podían dañar las cuerdas vocales de manera permanente, y aun cuando la intervención se hiciera con éxito, a largo plazo, no era muy segura. El doctor le recomendó unos ejercicios vocales y de respiración por si quería volver a hablar normal, porque de la cantada podía irse olvidando para siempre.

Esto, lejos de poner a Lucha de malas, la envalentonó más. Siguió al pie de la letra los ejercicios, y no recuperó su voz al 100 por ciento, pero le cambió bastante el estilo vocal. Ella no permitió que la derrotasen; su temperamento fuerte, que la había metido en infinidad de problemas, le dio fuerza para recuperar su lugar en los escenarios. Eso asombró al médico, el cual opinaba sinceramente que nunca que se recuperaría. La voz resurgió: grave y rasposa, brava, fuerte e irregular. Adiós a la tersura, bienvenida la amargura.

De inmediato, Lucha se puso a buscar trabajo entre sus conocidos, y lo encontró en forma de un dueto junto a la cantante Luz Gil, que ya había conquistado cuba. Juntas realizaron una gira por el sur del país, en la que les fue a todo dar, pero la Gil dejó el dueto para irse a probar suerte al cine, y Luz continuó sola. El éxito empezó a crecer, dadas las carencias.

Una vez más, el amor le volvió a abrir los brazos en forma de guitarrista llamado José Gutiérrez, con quien Lucha inició un dueto: Los Trovadores Tapatíos. Les fue muy bien, no sólo en lo musical, sino también en lo sentimental. Se fueron a vivir juntos, y a la Reyes le volvió el deseo de ser madre, pero nuevamente le fue negado. Se hizo unos estudios y el resultado fue negativo. Sin embargo, el éxito le siguió sonriendo. Como dueto duraron cinco años, sus presentaciones difundidas por los periódicos de aquel entonces. El 30 de marzo de 1933, la radio difusora XETR inició sus transmisiones, incluyendo al dueto tapatío, y empezó la vida social. El dueto siguió, hasta que en 1936 se separaron por peleas y diferencias. Luego se volvieron a juntar, hasta que se terminó la historia artística y romántica gracias a la bebedera y las infidelidades de Lucha. Ella se hizo a la idea de que no necesitaba de nadie para triunfar, así que decidió empezar a trabajar sola. Grabó un disco con dos canciones donde hacía un dueto consigo misma, grabando la primera y segunda voz, comenzando a presentarse como Lucha Reyes, y de ahí para delante.

A finales de 1937, Lucha Reyes ya se había ganado el lugar como mejor intérprete de la música ranchera. Hasta el presidente Cárdenas, como buen michoacano, la fue a ver cantar, pidiéndole la de “Juan Colorado”. Ella, por supuesto, le dio gusto. Empezaron los contratos en los centros nocturnos más famosos de la capital, presentaciones en el teatro de Bellas Artes, alternando junto a otros artistas como Agustín Lara, Pedro Vargas, el Trió Tariacuri, consiguiendo compañeros de noche, de música y también de vino…. También hizo grandes amistades, como los Rivera-Kahlo.

Dentro de ese ambiente conoció a quien se convertirá en el personaje central en los próximos años de su vida: Félix Cervantes, empresario que tomó las riendas no sólo de la carrera artística de Lucha, sino también de su corazón; ella se enamoró perdidamente de él. El único defecto que le encontró la cantante fue que no le gustaba el tequila. Aun así, con esta pequeña diferencia, decidieron contraer nupcias. Todos en la familia estaban contentos por el paso que Lucha acaba de dar; hasta su mamá por primera vez estuvo de acuerdo con ella en algo, y la miró orgullosa en su camino al altar.

Pero a Lucha todavía la perseguían las pesadillas y sufrimientos causados por no poder ser madre como toda mujer. Cuentan que una vez, regresando de una gira, se molestó mucho porque una de sus criadas estaba dando a luz en la casa. Para ella era imperdonable, bajo su propio techo, la que paría era otra y no ella. Quiso lastimar a la reciente madre, pero su esposo Félix la detuvo. Lucha deseaba que la tierra se la tragara; exclamaba que era una piedra, que estaba seca, y con lágrimas de dolor se alejó de ahí, confundiéndose su lamento con el llanto del recién nacido y los ladridos de sus 32 perros. Subió a la azotea, se acercó a la orilla, y en el filo, sintió el aire de la noche. Cuando estaba a punto de tirarse al vacío, Félix la salvó con un abrazo fuerte.

Asustada, Lucha buscó refugio en la religión. Le pidió perdón a la Virgen y le prometió dejar el alcohol a cambio de que le concediera ser madre. En forma paralela, el éxito fue mejorando. Los centros nocturnos se peleaban por contratarla, e hizo su debut en el cine, cantando canciones para ambientar las escenas de las películas, debutando en la pantalla grande el día 8 de febrero de 1938. Después participó en más producciones cinematográficas, compartiendo créditos con Jorge Negrete, Domingo Soler y Joaquín Pardave. Lucha se sentía orgullosa de ver su nombre en las marquesina de los cines, le gustaba el ambiente y decidió dejar el trago. Además, desesperada por ser madre, decidió hacerse cargo de la hija de una mujer llamada Jacinta, que había sido su sirvienta, a cambio de un dinero. Y al grito de “A mí me hace falta el dinero y a ti un hijo”, Jacinta aceptó y le cedió a la niña, que Lucha registró como María de la Luz Cervantes Flores. Lucha sentía que la Virgen le había cumplido el deseo, pero como todo en la vida es águila o sol, le regresó el gusto por la bebida, y mientras velaban a su abuelita materna, su esposo Félix, cansado de su afición por el alcohol, le pidió el divorcio, dejándola nuevamente sola.

Pasó el tiempo y su hija adoptiva creció. Lucha Reyes se hizo novia del general piloto aviador Antonio de la Vega, quien, lejos de darle el amor que tanto necesitaba, la maltrataba: la golpeaba en donde cayera y la insultaba. Su familia y amigos lo sabían, pero callaban y preferían no entrometerse. Su salud se deterioró, se veía delgada y demacrada, sufría de insomnio, volvieron las pesadillas y aun así todavía filmaba, en el segundo semestre de 1943, el cortometraje “Que rechulo es mi Tarzán”. Se sentía tan olvidada de dios.

Durante una noche, en una de sus presentaciones en Waikikí, Lucha se negó a salir; de pronto se le fueron las ganas. El general, enojado, la jaloneaba. Afuera, la multitud exigía su presencia, y ella tranquilamente le dijo a su amante en turno que le comunicara a la concurrencia que no saldría a cantar. Se retiró del lugar, cansada. Sentía que todo le pesaba, quería estar sola, caminaba sin rumbo. A lo lejos, escuchó un mariachi. El corazón se le aceleró; quería cantar, pero sólo para ella…

Por un amor me desvelo y vivo apasionado, tengo un amor,

En mi vida dejó para siempre amargo dolor.

Pobre de mí, esta vida mejor que se acabe, no es para tí.

Pobre de mí (ay corazón) pobre de mí (no sufras más)

Cuanto sufre mi pecho que late, tan sólo por ti.

Es así como el lunes 24 de Junio de 1944, llena de tristeza y desilusión por la vida, después de haber recorrido varios lugares de la capital tomando tequilas con extraños y cantando con varios mariachis, tal y como a ella le gustaba, Lucha llegó a su casa de la colonia Álamos, Ciudad de México, se tomó 25 nembutales con media botella de tequila y falleció en la Cruz Roja a la edad de 38 años, ante el total desconcierto de sus seres queridos.

Así termina la historia de una mujer extraordinaria y valiente, inolvidable cantante, que vivirá siempre en los corazones y recuerdos musicales de los amantes de la música ranchera: Lucha Reyes, la Reina del Mariachi… ¡Y que viva el Chinguerito, ya después que viva yo!

Por Alex Fulanowsky

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