Por Liliana Flores Benavides

Ilustración por Óscar Hernández

No dejan de sorprenderme los recursos que usa el capital para reproducirse. Y este es el caso de la estrategia diseñada por desarrolladores inmobiliarios y la empresa El Narval.

Esta estrategia tiene como objetivo que los desarrolladores inmobiliarios puedan posicionar nuevos complejos y de paso mejorar la plusvalía de la zona donde ubican sus proyectos. La empresa es liderada por Luis Álvarez, quien visita comunidades mediante eventos que crean un ambiente “más positivo”, simulando ser vecinos de la zona con el objeto de atraer a compradores e incluso a quienes migraron.

Entre sus proyectos actuales están Valle Poniente, el sector La Purísima, Colinas de San Jerónimo y la zona Valle del Campestre, entre otros. Le pagan los desarrolladores y en algunos casos los gobiernos. Su estrategia tiene tres fases, cada una dura dos meses más otros dos de seguimiento en los que involucran a los vecinos que consideran más convenientes. Trabaja con las autoridades, en este caso del municipio de Monterrey, a través del IMPLANcMTY que dirige Gabriel Todd y el Laboratorio de Convivencia que encabeza Indira Kempis, quien trabaja para Margarita Arellanes.

En la primera fase empiezan con un evento para recabar información de los vecinos y se aseguran de que los medios hagan presencia. Con la información de los asistentes se ejecuta una investigación de mercado y luego diagnostican. Ya fue hecho: el Festival Nueva Purísima.

En la segunda fase se ayuda a crear una identidad comunitaria a través de un centro en el que los “vecinos” se reúnen para identificar los problemas de la colonia. En el caso de La Purísima está Mamamor, financiado por los desarrolladores inmobiliarios (obvio). Es puro bluff, con activistas o creativistas simulados.

En la última fase del proyecto se le da asesoría a la comunidad para resolver su problema más significativo. Eso es pura ficción. El proyecto se está implementando para aumentar la plusvalía de la zona; se venden los proyectos inmobiliarios, no los problemas de la comunidad.

Desarrolladoras como Delta, Fraterna y Pladis han encontrado un aliado en El Narval para mejorar la plusvalía de sus respectivos proyectos. Fraterna y Pladis pertenecen al arquitecto Ricardo Padilla.

Mucha gente de buena fe asiste con sus bicicletas, artesanías y puestos de alimentos a esos lugares con un genuino deseo de contribuir a la generación de espacios nuevos y ganas de realizar sus ventas. Y allí andan dando vuelta y vuelta a uno y otro mercadito, creyendo que son convocados por activistas sociales cuando en realidad todo es un negocio manipulado por los desarrolladores inmobiliarios.

Son simplemente tontos útiles del capital.

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