Leopoldo García Moretti fue un escritor argentino. Digo escritor en el sentido más burdo de la palabra: fue un hombre que vivió de la escritura en todos los ámbitos, excepto el tradicionalmente literario. Y aún así, una porción de su obra ha logrado alcanzar el horizonte de lo que con reverencia llamamos Literatura.

García Moretti (1951-1996) es una figura oscurecida por la metrópoli y su propia marginalidad. Lo muy poco que nos consta acerca de su persona es que nació en La Plata y que provenía de una familia de inmigrantes italianos [1]. Lo demás son conjeturas y mitologías que, debido a un gusto por el efectismo, me veo orillado a repetir.

A García Moretti se la ha descrito como un hombre pequeño y enfermizo, de mirada blanda, incapaz de gesticular siquiera la tristeza; una especie de Kafka, si se quiere, al menos en el porte de su figura. Se cuenta que fue un lector devoto desde pequeño, tomándole gusto a la lectura con versiones comprimidas de clásicos literarios como El Quijote, Los miserables y el Martín Fierro. Su disfrute de la lectura fue tal que, según se dice [2], llegó a un punto en el que se entretenía leyendo cosas de lo más pedestres: desde manuales de uso hasta el etiquetado de los alimentos. Parece que su placer no provenía del contenido y composición de las frases, sino del simple hecho de devorar símbolos con los ojos.

La vida laboral de García Moretti comenzó con la redacción publicitaria. A los 20 años consiguió trabajo en una agencia y se dedicó a escribir anuncios de cigarrillos que se publicaban en revistas y periódicos. Luego, armándose de cierto valor, logró concretar una carrera de escritor a sueldo, redactando manuales, reseñas, artículos especializados, comentarios en contraportada y uno que otro libro corporativo o de tema general. Todo este trabajo fue, por supuesto, anónimo [3].

Fue en esta etapa de su vida que a García Moretti le comisionaron la redacción de 100 obras maestras de la literatura moderna, un libro de resúmenes, todos ellos de novelas escritas durante el siglo xx en diversos países. La obra fue editada por Cóndor, con una selección de Juan Mondragón Hernández, e impresa en 1985 en Buenos Aires. Por fortuna, si no es que por excepción, el nombre de Leopoldo García Moretti aparece en la página legal con el crédito de redactor [4].

No habría sorprendido a nadie que 100 obras maestras fuera otro intento burdo por transformar a la Literatura en un producto sintetizable, diseñado para el consumo rápido y la efectividad inmediata. Pero no, la obra trasciende su función de píldora cultural, proyectándose como un ejemplar excelente de la narrativa breve y de la buena prosa, sino es que también como un experimento literario anclado en la forma del resumen.

Las 100 novelas seleccionadas para componer el libro no son lo que un buen crítico o estudioso de las Letras llamaría “obras maestras”, pero tampoco son malas, ni siquiera mediocres. De hecho, cada uno de los títulos compilados corresponde a una novela bastante buena, si no es que excelente y hasta memorable [5]. Y aún así, García Moretti las supera a todas. Sus resúmenes de entre 5 y 10 cuartillas condensan hasta 800 páginas de material en relatos de una brevedad vertiginosa pero dramáticamente efectiva, más aún que sus obras fuente. Sus 100 resúmenes son, de hecho, 100 obras maestras de la literatura moderna.

Este logro de García Moretti nos enfrenta con un par de cuestiones. Primero está el potencial de una forma de la escritura que ha permanecido relegada al papel de herramienta, cuyo mérito no trasciende de lo útil o lo conveniente. Sus páginas presentan un caso muy sólido a favor del resumen como otra manifestación de la Literatura, capaz de causar un efecto en la memoria de los lectores, abriendo una nueva brecha en el mundo de la literatura breve.

Plantea, además, el acto de resumir como un ejercicio creativo. Cabe subrayar que lo que ha conseguido García Moretti no es la confección de una narrativa corta, sino la transformación de una novela en una versión resumida de sí misma; versión que, en este caso, la supera en su efectividad narrativa. Visto de ese modo, las 100 obras maestras de la literatura moderna de García Moretti —puesto que son, en efecto, suyas— son un ejercicio excesivo de adaptación. García Moretti toma un texto ajeno y lo trabaja, haciendo una selección de sus elementos esenciales que luego estructura, condensa y redacta con un estilo propio. El resultado son resúmenes que podrían llevar el título de la novela que les corresponde, sin acomplejamientos y quizá hasta con mayor dignidad y orgullo.

Por último, habría que preguntarnos si será posible llevar este ejercicio de adaptación a otros formatos de la escritura y redimirlos en el proceso. Pero eso, quizá, sea puro entusiasmo de mi parte. Porque la verdad es que nadie —de los muy pocos que están al tanto— sabe con certeza si las 100 obras maestras de García Moretti son mero accidente o cargan con toda la intención de una mente artística. Tal vez no haya diferencia.

Por Kaizar Cantú

[1] Los pocos datos disponibles acerca de Leopoldo García Moretti pueden encontrarse en “Leopoldo García Moretti: escribidor y nada más”, de Paula Rodríguez Menéndez (Rayones, DIC 1991), y “La pluma sin gloria”, de María Soraya Barracuda (Nueva Gaceta Literaria del Uruguay, FEB 2000).

[2] En “Recordando al nunca conocido”, de Xavier Schultz (Letras de Plata, ABR 1999) y “La pluma sin gloria”, de María Soraya Barracuda.

[3] La doctora Ana Cristina Freire dedicó seis años al rastreo de la obra de García Moretti. La aventura fue, en palabras suyas, “ineficaz y absurda”. En efecto, no encontró nada que pueda darse por seguro, pero sí rescató más de un par de textos que podrían haber sido redactados por García Moretti: “El milagroso arte oriental del té” (Ama de casa, MAR-ABR 1979), “Flora y fauna del río La Plata” (El campista argentino, AGO 1984), “¿Nos han visitado dioses de otras galaxias?” (Ultranatura, MAR 1978) y Principios y funcionamiento del cohete (ACFA, 1978).

[4] La doctora Freire ha señalado (“Los rastros de García Moretti”, en Parnaso [SEP 1997]) que existen ejemplares de 100 obras maestras de la literatura moderna en los que no se hace mención de García Moretti, ni de ningún redactor, en los créditos. Esta anomalía se la atribuye a un error de edición. La pregunta es cuál fue el error: si la omisión o la inclusión del crédito.

[5] Sólo he leído un par de las novelas compiladas en el libro (Las tres capas del conde y Megagigas). La calidad el resto no es algo que me conste, pero confío en el criterio de la doctora Freiere, Paula Rodríguez Menéndez y los demás críticos y académicos dedicados al estudio de las 100 obras maestras.

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