¿Por qué sobrevive un grupo de hip hop en Monterrey después de la muerte de cinco de sus integrantes?

Por Diego Legrand

Fotografías de Victor Hugo Valdivia

Una mujer se desliza por el tubo del centro nocturno Obsesion en Monterrey. Su piel aperlada y su short verde y azul dejan entrever unas formas trabajadas a diario en un costoso gimnasio de las afueras de la ciudad; no es esbelta ni particularmente oronda. Tampoco es demasiado linda, pero la forma en que se mueve hipnotiza a los pocos comensales que se encuentran en el table-dance este martes a mediodía. Podría ser una chica promedio de cualquier antro regio, hasta que se comienza a desnudar. Retira sus prendas lentamente al ritmo del compás, y en menos de siete minutos,
se queda solamente con unos tacones transparentes de 14 centímetros. Los comensales dejan de comer su buffet de 80 pesos y se le quedan mirando, aunque baila su rutina con desgana. En el fondo se escucha la canción de Mente en Blanco “Soy de Barrio”, la última que publicaron los raperos de la México Lindo antes de ser asesinados por sicarios del crimen organizado en una hacienda de San Nicolás de los Garza. Su alcance fue tal que hoy los table-dance y antros de Monterrey retoman regularmente el sonido que se escucha en los barrios del noreste mexicano y en ocasiones más allá.

En la México Lindo, todo el mundo está convencido de una cosa: a Adán Zapata lo mataron por error. Al rapero principal del grupo Mente en Blanco lo asesinaron por equivocación. Guardo esta idea en mente mientras avanzo cuidadoso por las calles de su colonia, en el corazón de San Nicolás de los Garza, Nuevo León.

En el imaginario común, las clicas son sinónimo de lugares paupérrimos, violentos a morir e inmersos en un ambiente de película salvadoreña. Pero en Monterrey, las bandas de jóvenes solían reunirse en colonias similares a cualquier otra de las nuevas zonas construidas sin planificación urbana en la ciudad durante los últimos años, antes de que desaparecieran las pandillas de Nuevo León y que se escondiera la escena rapera de los frecuentes madrazos.

Todavía hace unos cuatro años, Los Republilokos y Los Killers protagonizaban riñas más o menos recurrentes en el límite de los barrios vecinos de las colonias Nogalera, El Roble, Héroes de México y Bravo Miraflores, divididas únicamente por la avenida central. Pero hoy en día estos enfrentamientos no son más que un recuerdo de la vida en la colonia antes de la guerra, igual que las pláticas entre vecinos sentados en sus mecedoras a horas tardías, la música a todo volumen en los techos de las casas y las carnes asadas de barrio.

Al fondo de la privada César Lozano, del lado de Los Republilokos, el mural de un joven rapero de gorra blanca, micrófono en mano y anillo epónimo en el puño izquierdo recuerda que este también fue el hogar de uno de los grupos de rap más emblemáticos del municipio. Así fue hasta el fallecimiento de cuatro miembros del crew, asesinados el viernes 1o. de Junio de 2012, y de uno más, ejecutado el lunes 23 septiembre de ese mismo año.

En un país donde la escena hip-hop a duras penas junta 20 cantantes que atraigan con frecuencia a un público de más de 10 mil seguidores, el desarrollo de un rap de barrio artesanal, grabado en estudios caseros y que logró reunir a más de mil 500 fans en dos días de concierto en Ciudad Juárez, además de tener miles de visitas en sus videos en línea, fue un fenómeno particular. De alguna manera, el grupo Mente en Blanco fue el símbolo de una época en la vida del municipio, marcada por el aumento incontrolado de la violencia, el reclutamiento de los jóvenes pandilleros por grupos del crimen organizado y la detonación del rap malandro y romántico local.

Por el momento, se está haciendo de noche y las sombras empiezan a surgir alrededor del mural de Adán Zapata, donde se juntan los que quedan de la pandilla a tomar caguamas, echar un porro y recordar los buenos momentos de la clica de Los Pitufos -una escisión de Los Republilokos- antes de que mataran a sus principales representantes. Es tiempo de entrarle al churro y a la carne asada.

Bienvenido a la México Lindo

-Lo único seguro en esta vida es que vas a morir; el resto es prestado, de a gratis, carnal -suelta El Foco mientras jala del porro y se empina una caguama. Trae los ojos rojos como si acabara de llorar, o es el efecto de la piedra que se metió antes de venir.- Aquí mataron a mi carnal, al Srat. Ese güey estaba bien pirata; siempre se te ponía al tiro y se quería trenzar con todos, pero era nuestro brother; aquí mismo lo quebraron -dice mientras señala el asfalto gris frente a la casa de Don Zapata.

El Foco viste una camisa negra demasiado larga con trazados tribales blancos, pantalones anchos y un corte a raso. Es pequeño de estatura y tiene cara de niño, pero sus historias son las de un veterano de guerra. Casi todos los que están presentes tienen menos de 25 años; la clica de Los Pitufos es así, un grupo de morros que desde siempre han vivido como adultos.

-Antes estábamos bien locos -añade un compa suyo, de gorra blanca y sonrisa amplia mientras le rolan la caguama Indio.-Asaltábamos Oxxos y el pedo, pero aquí no, en las colonias de al lado. Íbamos, robábamos un carro, pues para asaltar al Oxxo, y de allí sacábamos para la piedra -dice sin maldad, como si fuera un acto de toda la vida.- Pero también teníamos que sacar una mochada para los puercos. Desde que recuerdo, siempre nos han trepado por cualquier pendejada, por andar en la calle después de las diez o cualquier mamada. Siempre tuvimos que negociar con ellos para que no nos rompieran la madre. Hasta que llegaron los de la letra. Ahora ya no hay pandillas. Al chile, sí estábamos locos y bien morrillos, pero también nos cansamos- repone.- Cuando mataron a Adán, él ya estaba hablando de que quería zafarse. Siempre me decía “ya estoy cansado, vato; ya quiero tirar al león, pero no sé cómo salirme. Quiero rapear bien, carnal, volverme profesional en este pedo y vivir de esto, es lo mío.” Era católico, pero no cristiano. Sí decía que diosito lo cuidaba y traía su rosario, pero nunca se metió en esas locuras; le gustaba demasiado la loquera. Verdá’, a él lo mataron por un error; él no estaba metido en esos pedos del narco, le pusieron el dedo -concluye.

En la México Lindo, todo el mundo está convencido de eso: a Adán Zapata lo mataron por error.

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“Pero también teníamos que sacar una mochada para los puercos. Desde que recuerdo, siempre nos han trepado por cualquier pendejada, por andar en la calle después de las diez o cualquier mamada. Siempre tuvimos que negociar con ellos para que no nos rompieran la madre. Hasta que llegaron los de la letra”

Frente a su casa está uno de los murales más visitados del estado, según su padre, don Adán Zapata, – o Zapata, como le dicen los de la clica-: una efigie gigante de su hijo rapeando, micrófono en mano, en la que a veces dejan una bacha dentro de un pequeño recoveco sus carnales de siempre, los que quedan en la clica. Lo cierto es que decenas de jóvenes de todo el país vienen, se persignan en el mural y visitan la casa en donde vivió Adán Zapata, el estudio donde rapeaba y el techo del pequeño cuarto donde grababa el vocalista principal del grupo Mente en Blanco. Compran alguna de las playeras o de los discos que todavía vende Don Adán y se toman una foto con su cadena o su anillo. Más que un cantante, Adán es el símbolo de la México Lindo, del rap de barrio regio, una alegoría del rap de pandillas hecho en un estudio casero por chamacos a los que en algún momento nada más se les hinchó la gana cantar y sintieron que era la mejor manera de contar su realidad, de hacer un poco de catarsis. Más que un rapero, es un emblema.

A su casa llegan tres huerquillos que no deben rebasar los15, 12 y 7 años respectivamente. Visitan el lugar, saludan a la familia, compran un disco y cuando se enteran de que la vecina desde siempre ha tenido conflictos legales con la familia de Adán Zapata por el estruendo que hace la pandilla en la colonia, proponen simplemente quebrarla. Al cabo que vienen de lejos y batallarán para encontrarlos. Difícil saber si la propuesta es sincera o puro faroleo, pero por si acaso, Don Adán se apresura a calmarlos, a explicarles que no pasa nada y redirigirlos al estudio en el que grababa su hijo sus primeras canciones. La vida de curador de museo es más complicada de lo que parece en San Nicolás de los Garza.

En internet, Mente en Blanco es uno de los grupos con más pegue del momento, sobre todo entre los morros de 12 a 21 años de edad. La página oficial del grupo rebasa las 260 mil visitas y las rolas que en su nombre todavía suben sus familiares y amigos son descargadas en cuestión de segundos por miles de seguidores; la familia también rapea.

-A mi hija Dania la quieren en España -cuenta orgulloso Don Adán mientras prepara carne asada.- Nosotros somos una familia de músicos.

-Pero el más chingón era Adán -se apura en añadir Mamá Nelly, productora del mini estudio Frases Sueltas, irrumpiendo en la plática- Él era la estrella.

A un año de su asesinato, la familia y el crew todavía se reúnen para realizar una serie de conciertos en Matamoros, Piedras Negras y Monterrey. Viajan, presentan las últimas canciones de las chicas -Dania, Yahaira y Erika- y venden sus playeras, discos y pañuelos rojos a los fans que se congregan en la mayoría de las ciudades norestenses para escuchar sus canciones favoritas en vivo aún cuando sus intérpretes ya hayan fallecido. En el norte hay palabras que guardan un estigma de sangre, un halo oscuro de herida manchada y coagulada. Hay nombres que se pronuncian en voz baja entre los raperos. Mente en Blanco es uno de esos, salvo para sus fans de barrio que los enarbolan con orgullo. Esos morros, menores de edad su mayoría, también tiran la 14, como Adán, y visten de rojo, el color de las pandillas norteñas de la zona, sureñas en otros lados. Para ellos, el aura de misterio que rodea la muerte de cinco de los raperos del grupo es una seña de que lo que cantaban era verdadero, de que no eran simples hocicones. Es un orgullo. Para estos chamacos que han crecido en la mayor ola de violencia callejera que Monterrey haya conocido, la muerte de sus ídolos los transformó en mito, como en su época James Dean o Marilyn Monroe. La muerte violenta siempre atrae y fascina.

La carne asada ya está lista y algunos de Los Pitufos van llegando discretamente. El Lobo, Lalito, Tiger, Jasek y El Foco toman asiento en los botes que rodean a Don Adán para platicar con la familia y sus invitados. Fátima, la esposa de Zapata, ya está acostumbrada; cada fin de semana se siguen reuniendo los de la clica en la vieja casa de su hijo. En una esquina, un carrito de supermercado medio lleno de latas de Tecate Light se va atiborrando a medida que avanza la noche en la México Lindo. Las historias del pequeño Zapata se repiten, se enarbolan y se agigantan en esta reducida burbuja que nunca revienta. Aún después de que desaparecieron las pandillas, este sigue siendo el territorio de Los Republilokos, y en particular de Los Pitufos. De entre ellos, el más famoso fue Adán, pero varios de los otros morros que ya rapeaban con él están despegando, como Thug Pol.

-Este morro es bien verga, vas a ver -me dice en tono discreto Don Adán.- A ver, pinche Bryan, ve a buscar las bocinas y el micrófono. Quiero que cantes unas canciones de Adán.

Bryan es un niño apenas. Tiene ocho años, corte a rape y unos cachetes bonachones de hijo mimado, pero sus piernas y sus brazos llenos de piquetes y raspaduras recuerdan lo que es la vida en el barrio, una vida de calle y libertad. Ante sus rezongos, Don Adán saca un billete de 20 pesos para motivarlo a cantar. Bryan rapea bien, pero prefiere corear los versos del refrán, tanto de hombres como de mujeres. Es la gran esperanza de la familia, aunque Zapata se enoja cuando dice que fuera de Mente en Blanco, le gusta sobre todo C-Kan, el otro ídolo del momento entre los jóvenes de barrios mexicanos, la Egeria del rap malandro y romántico. Recientemente, C-Kan fue expulsado de una exposición de hip-hop en Monterrey durante una trifulca que se armó en el concierto con los cholos locales. Los integrantes de La Dinastía Zapata también participaron y recibieron algunos botellazos. Pero a Bryan no le importa. Él rapea lo que le gusta, y mientras se le va quitando la pena y entona unas canciones de Adán, un ligero olor a carne asada inunda el pequeño patio gris en tanto que las cervezas hacen su efecto, nublando el juicio de los comensales. En el fondo van juntándose nuevos invitados que saludan con respeto a Don Adán y se acomodan en las escaleras que dan acceso al techo donde Mente en Blanco grabó la canción de“Uno por uno”. Después de unas cuantas chelas, dos invitados se desafían discretamente en una esquina en batallas de freestyle; la cena y el show siguen en el fondo del patio. Callan de repente cuando alguien toca demasiado fuerte a la puerta. Todos los músculos se tensan, bajan la música, dejan de cantar y esperan a ver qué pasa. Después de unos minutos de discusión, Zapata regresa, sube el volumen de la música y toma otra chela. La fiesta vuelve. Bienvenido a la México Lindo.

“En su colonia se dice que alguien “le puso el dedo por envidia”, que asesinaron a Adán Zapata por celos profesionales. Lo único seguro hasta el momento es que el caso sigue igual de incierto y confuso como hace un año en una región donde la gente prefiere dejar las cosas en su estado después de cierto tiempo”

La Hacienda los Morales

El 1 de junio de 2012, Leo Ismael Ordaz Sauceda fue a recoger un auto Grand Marquis estacionado en la calle Pablo A. de la Garza por órdenes de sus superiores en el crimen organizado. En el interior del coche se encontraban cuatro pistolas y dos armas largas listas para usar. La violencia entre los cárteles arreciaba en el centro de Monterrey. Ya no era nada extraño ver pasear a pequeños convoys de camionetas sospechosas en la ciudad, así que nadie lo paró cuando alcanzó a sus dos grupos de cómplices en las avenidas Felix U.Gómez y la colonia Casa Blanca, sucesivamente. De acuerdo con el reporte oficial de policía, de allí se fueron el Grand Marquis, la camioneta Equinox y una Nissan X-trail a la colonia Hacienda Los Morales, donde interceptaron y ejecutaron a cuatro jóvenes que se encontraban en una camioneta X-Terra. Los cuatro eran integrantes de Mente en Blanco.

Ese día fallecieron Iván de Jesús Serna González de 25 años, Adán Zapata Mireles de 21, y los hermanos Diego Salvatore y Héctor Daniel Almaraz Huerta, de 20 y 19 años respectivamente. Estos dos últimos eran hijos de José Santos Almaraz, ex Secretario de Seguridad Pública del municipio de Guadalupe. Cuando lo capturaron y presentaron a los medios de comunicación ese mismo día, Leo Ismael Ordaz fue introducido como un integrante del Cártel del Golfo por el vocero de seguridad del estado, Jorge Domene.

-El detenido aseveró que la indicación que tenían para ejecutar a los jóvenes era por ser de “las contras”-precisaron los medios de comunicación en declaraciones oficiales.

Alrededor del asesinato de los cuatro jóvenes circulan muchas versiones imposibles de verificar. El día de la muerte de Adán Zapata se encendieron las redes sociales de Nuevo León. Miles de jóvenes fanáticos del rapero y de sus compañeros de Mente en Blanco saturaron el Facebook oficial del grupo con sus condolencias mientras que en la televisión aparecía la noticia del asesinato.

A más de un año de la balacera, la duda subsiste en cuanto a los motivos del ataque. La versión más concurrida entre el público escéptico fue que se trató de un acto de venganza en contra de los hijos del secretario de Seguridad Pública, una línea de investigación desmentida por el propio José Santos Almaraz. Otros, menos respetuosos, aseguran que los antiguos pandilleros andaban “en malos pasos”, aunque sus compañeros de la colonia aseveren lo contrario. Unos estudiosos del caso vieron en este asesinato el inicio de represalias en contra de los raperos que se acercaron demasiado a un bando en una guerra que no distingue sexos ni edades.

-Meses después asesinaron a los cantantes de vallenato Kombo Kolombia en el municipio de Mina de este mismo estado -dirán para justificar su punto.

Sin embargo, hasta el día de hoy no se conocen ejemplos claros de un grupo de rap que apoye a un cártel de la droga en Monterrey, a diferencia de lo que sucede con el Movimiento Alterado de Sinaloa, donde El Komander es uno de los principales representantes.

-En esta zona, los colombianos fueron de los primeros en entrarle al ruedo, pero por alguna razón los hiphoperos más o menos se han resistido hasta ahora -contará en entrevista en un estudio de grabación del poniente de la ciudad uno de los más viejos ingenieros y productores de la ciudad, Erick Santos.

Aunque en otros países como Brasil o Estados Unidos es un fenómeno relativamente corriente el asesinato de cantantes de rap, desde el icónico homicidio Tupac Shakur en Las Vegas hasta el reciente video viral en el que se ve el balazo que acabó con la vida del brasileño Mc Daleste en Campinas, las agresiones de este tipo son aún bastante raras en México. Fuera del homicidio de Iván Contreras y de dos de sus acólitos en Chihuahua durante 2010, es difícil encontrar rastro de otro asesinato similar que no sea el de los integrantes de Mente en Blanco. En su colonia se dice que alguien “le puso el dedo por envidia”, que asesinaron a Adán Zapata por celos profesionales. Lo único seguro hasta el momento es que el caso sigue igual de incierto y confuso como hace un año en una región donde la gente prefiere dejar las cosas en su estado después de cierto tiempo.

En una de sus canciones más narrativas y crudas, “Los más buscados”, los jóvenes raperos denuncian violentamente a la policía de su barrio y se reclaman como bandidos y pandilleros.

-Pero aquí no mataban a nadie. A lo sumo se metían un fierrazo en la nalga, y si sacaban una escuadra era para pegar unos tiros al aire -relata Zapata, guitarra en mano, sobre el segundo piso de la cantina en la que toca regularmente música de banda, en el centro de Monterrey-. Ese día del que habla en “Los más buscados” yo le pedí que fuera por una caguama a la esquina. Él nunca hacía esos esfuerzos porque era un artista, pero esa vez se propuso solo y fue por una chela al Oxxo de la avenida. Después de un rato de ver que no regresaba, fui por él, y cuando me dijo una vecina que lo habían levantado los policías del barrio, salí disparado en mi coche por ellos. Llegue a la comisaría antes que la perrera, pero después de que lo soltaron, cuando íbamos camino a casa, nos dimos cuenta de que le habían chingado una cadena de plata que yo le regalé. Así que nos regresamos en friega y entré a decirle al encargado que nos iban a entregar esas cadenas por las buenas o por las malas. Que las buenas iban a ser a través de una amiga mía que trabajaba en la PGR, así que ya se imaginarán la mala.

En este punto del relato, recuerdo que, según Octavio Paz, para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o ser chingado. Zapata asiente y retoma.

-Nos rodearon un chingo de patrullas de policías con toda mi familia en el carro y nos apuntaron con sus armas, pero al final nos entregaron las cadenas y pidieron disculpas. Así era Adán. Él plasmaba lo que vivía con violencia, pero nunca le hizo daño a una mosca. Para eso tenía al rap -remarca orgulloso su padre antes de volver a tocar en la cantina As de Oro.

Zapata admite que lo suyo son las norteñas y las cumbias románticas, pero que este trabajo le da de comer a toda su familia. Durante sus años de juventud, Zapata fue sucesivamente cantante de los grupos Toppaz, Celoso, Azteca y los Rayados del Norte, con los que realizó varias giras en México y América Latina.

-Adán sabía cantar -platicará media hora después en la parte superior del viejo bar de piso de tierra, bailarinas obesas y montañas de cemento dispersos-, pero nunca dejó que yo me metiera en sus canciones. Él era un artista completo. Cantaba colombias, norteñas y hasta hizo un tribal para darme gusto, aunque le cagaba. Pero Adán era un artista completo -repite antes de volver a tocar la guitarra durante unas horas más.

Adán, siempre Adán.

En el mundo artístico, la opinión sobre Adán Zapata está muy dividida.

-El hip-hop en general está fracturado -explica Erick Santos en su estudio de grabación cerca del Penny Riel.- En el norte del país, el hip-hop fue un producto consumido por chavos que tenían dinero para comprarse casetes, que tenían familiares o amigos en el gabacho que les enviaran los primeros tracks y que hablaran o entendieran el inglés. A pesar de que siempre ha existido un lado underground del género, con equipos como los de Soldados del Reyno de la colonia Independencia, ha prevalecido un rap menos hardcore. Sólo tienes que ver quiénes son los máximos representantes del rap en Monterrey -dice sin citar nombres-. A veces ni si quiera surgen de la propia escena hip-hop, sino de otros mundos como el del rock, donde ya se sabía cómo trabajar la música en estudios semi-profesionales. Con el auge de la violencia y el cierre de muchos foros, se fue polarizando el rap en la ciudad. Hay toda una generación MTV que no conoce la historia del hip-hop, ni ve su origen político, pero creció con el gangsta-rap americano y quiere hacer lo mismo en México. Son los que exponen el hip-hop malandro o romántico de forma casera o profesional mientras que el resto de la escena hip-hop regia, la clase mediera, trabaja un rap más politizado, o más extrovertido -analiza este hombre de cabello rapado, cuerpo fornido y sonrisa franca debajo de una pequeña barba en candado.

Rumbo a Zacatecas

En marzo de 2011, Zapata pisa el acelerador de la camioneta a todo lo que da. Es de noche, las carreteras son poco seguras en el noreste desde hace algunos años. Al interior de la vieja Suburban cuyas suspensiones rechinan, una decena de miembros de Mente en Blanco vestidos como raperos enfiestan, pistean y fuman en lo que llegan a su concierto en Zacatecas. Van tarde, como siempre. Como en cada tocada, Adán se lleva a todo su equipo; los alimenta, les provee chupe y viejas. Y como en cada tocada, llega con retraso al lugar de la fiesta, así que le pide a su padre que pise el acelerador aunque la vieja camioneta ya no soporte más. A medio camino se les empareja una troca negra de doble cabina con vidrio polarizados y los obliga a pararse en el borde de la autopista. “Ya valió verga”, piensa Zapata. Desciende un hombre armado y se acerca a su ventana.

-¿Pa’ dónde van?

-Pa’ un concierto en Matehuala, jefe, a cantar.

-¿Ustedes cantan? -vuelve a preguntar con cara incrédula el hombre armado, mirando a los chollilos sentados en la parte trasera de la camioneta.- ¿Y quiénes son?

-Pues Mente en Blanco. Él es mi hijo, Adán Zapata.

-Nombre, al jefe le encantan sus rolas. Váyanse sin cuidado, la carretera está segura de aquí a San Luis Potosí. Nomás déjenme un disco pa’ quedar bien con el mero mero, ¿no?

-Ta’ bueno.

muralzapata“Siempre tuvo ganas de conocer Culiacán, así que cuando lo invitaron a tocar allá se puso como loco. Pero en cuanto llegó al aeropuerto lo metieron a un cuarto los militares para interrogarlo sobre su presencia allí y lo golpearon. Después quiso poner una denuncia, pero le tuve que explicar que las cosas no funcionaban así allá -relata con una gran sonrisa triste Don Adán”

Mientras se seca el sudor, Zapata ve cómo el hombre regresa a su carro donde lo aguardan sus compañeros. Los escolta durante unos metros a cambio de un CD pirata autografiado. Ahora sí acelera al máximo para dejar de una vez la carretera, aunque se destartale la camioneta.

Como tantos otros, el concierto de Zacatecas será un caos y un logro. En otra ocasión en Matehuala se armará una batalla campal; aventarán ladrillos, un hombre caerá de un segundo piso y todos se esconderán de la policía en medio del desmadre que se desató en la tocada. De regreso para Monterrey, el equipo caerá en cuenta de que olvidaron a un integrante y regresarán por él. Si hay algo que no se puede reprochar a las pandillas es su falta de solidaridad. Dejarán su equipo de audio en el lugar. En Sinaloa, Adán Zapata se llevará una de las mayores decepciones de su vida, cuenta su padre.

-Siempre tuvo ganas de conocer Culiacán, así que cuando lo invitaron a tocar allá se puso como loco. Pero en cuanto llegó al aeropuerto lo metieron a un cuarto los militares para interrogarlo sobre su presencia allí y lo golpearon. Después quiso poner una denuncia, pero le tuve que explicar que las cosas no funcionaban así allá -relata con una gran sonrisa triste Don Adán.- En las calles se le quedaban viendo mucho tiempo por cómo iba vestido. Allá todo es tierra del narco, y supongo que la forma en que se vestían los huercos del noreste era muy reconocible en el culichi. Pero el caso es que Adancillo ya nunca quiso regresar. Fue de sus pocas malas experiencias.

Sentado en su bar favorito del centro de la ciudad, el cantante de La Verbena Popular, Juan Carlos Gómez, reivindica el derecho de Mente en Blanco a cantar.

-A mí siempre me ha latido la idea de que cualquiera pueda cantar sin necesidad de ser profesional -añade mientras pasa una canción de su grupo en la rocola del fondo.- Yo creo que estos vatos cantaban con el corazón y es lo que importa; decían lo que pasaba en las calles y aunque puede ser que les falte un perfil político, a fin de cuentas son los que sabían lo que se vivía allá afuera y lo contaban. Vivían esa realidad, por eso tienen tanto pegue.- Juancho remueve con una mano una de las mechas rebeldes de su cabellera hirsuta y rizada, ajusta su playera azul deportiva, termina su quinta botella de XX lager y explica que en su colonia, en Guadalupe, se está formando toda una camada de raperos muy buenos, más inspirados en Mente en Blanco que en la vieja guardia purista de la ciudad.

-Así era Adán -repite a quien quiere escucharlo su madre, Fátima, que normalmente rehúye los micrófonos y las cámaras.- Él siempre compartía todo con sus amigos. De niño fue a Estados Unidos con su papá y se puso a cantar con él para poder pagar el boleto de vuelta a toda la familia. A su padre se le había ocurrido ir solamente con 500 dólares. Cuando regresamos y le quedó un poco de dinero, le pidió a su padre una bicicleta con diablitos como recompensa por su trabajo. Pues nunca la vimos. Siempre la traían otros niños de colonia de un lado para otro. Y cuando se enojaba su papá, Adán le decía: “Nombre, no se preocupe, jefe. Esa es mi raza, es como si la trajera yo. Déjelos que se diviertan.” Compartía todo.

-Hasta las viejas -me contará más tarde uno de sus amigos de la colonia.- Cuando venían acá y todos estábamos loqueando él les decía: “Móchense con mis compas o yo no me voy a mochar con ustedes”. Así era siempre. Cuando llegaba a una tocada lo esperaban un chingo de viejas afuera y él nomas les decía: “Espérenme afuera del lugar cuando acabe el concierto. Les diré para qué hotel vamos”. Cuando no le gustaban claro, porque cuando sí, nos mandaba a todos a la verga -repite.

Adán Zapata conoció a la madre de su hijo en un evento de hip-hop por medio de la artista Fery Love, y de allí se la amarró.

-Pero tenía muchas morras… y novias -dice su padre con orgullo.

Hoy en día, la página oficial de Facebook de su hijo, Adán Eliud Zapata Manjarrez, nacido el 31 de mayo del año en que falleció su padre, mantiene un promedio de 15 mil likes a pesar de que el contacto con la familia del rapero es muy esporádico. En el norte del país, tener a muchas viejas es un signo de virilidad indiscutible que en ciertas colonias es ya concebido como una fatalidad.

-Nosotros siempre hemos dejado que las niñas tengan los novios que quieran. Ellas se saben cuidar -explica Fátima con entusiasmo.- El que los corría era Adán, pero no porque fuera celoso, sino porque le parecía que eran muy fresas los novios de su hermana Erika. Y ya te imaginarás con toda la clica allá afuera cómo los sacaban a chingazos.

Para una rapera es difícil hacerse un lugar en tierra de vaqueros rudos. Aunque ahora, a más de un año del fallecimiento de Adán, son las mujeres de la familia las que levantan el show y se presentan en giras locales; al grupo lo conocen como La Dinastía Zapata. El 7 de Julio de 2013, Erika, Yahaira y Dania se presentaron en la Expo Hip-Hop de Monterrey junto con una decena de otros exponentes del rap regio en un concierto que quedó marcado en las memorias de los asistentes de ese día…

Del Parque Fundidora a la Arena Santa Lucía

La Expo Hip-Hop de Monterrey 2013 fue todo un caos. Más de 3 mil personas asistieron a un concierto donde confluyeron los raperos más representativos de la escena malandra, romántica y chola del noreste junto a diversos low-riders, criadores de pitbulls, tatuadores y representantes de las marcas propias del género. Pero tuvieron que escapar del lugar con sus hijos en brazos cuando el rapero en boga, C-Kan, trató de subir al escenario y fue agredido por una decena de cholos que provocaron una pelea que se transformó rápidamente en estampida grupal. En el amplio recinto de la arena Santa Lucía, perteneciente a la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), la riña generalizada exhibió una fractura entre el público de grupos de antaño, como Soldados del Reyno, y equipos más jóvenes de raperos a la moda.

-Para los cholos, el honor lo es todo -me explicaría ese día un rapero presente en el evento que prefirió conservar el anonimato.

Quizá no trabajen tanta técnica, pero tienen una serie de códigos de honor en los que cualquier insulto o agravio puede rápidamente derivar en una venganza desproporcionada. Así que cuando llega un rapero malandrillo y quiere asemejarse a esta escena violenta, tiene que demostrar lo que está presumiendo o corre el riesgo de enfrentarse a las clicas locales que llevan mucho tiempo en el ruedo.

-Yo mismo me burlé de una rola de un compa una vez y nos tuvimos que trenzar para que acabara el pedo. Y eso que era mi compa -añade mientras agacha los ojos, como quien está cansado y quiere salirse de su propia vida.

Ese domingo 7 de julio, los débiles servicios de seguridad del evento fueron rápidamente desbordados desde que los primeros grupos que intervinieron en el escenario fueron abucheados hasta la batalla campal en la que intentaron involucrar al cantante C-Kan, quien salió huyendo del recinto, y donde lanzaron botellas a los miembros de La Dinastía Zapata. Para el público juvenil de estos grupos, generalmente menores de edad, el regreso a la realidad fue duro cuando se intentó mezclar con el de los cholos de la vieja guardia de Monterrey.

Al mismo tiempo, del otro lado de la ciudad, en el Parque Fundidora, se llevó a cabo el Callegenera, donde, a diferencia del primero recinto, no se cobró entrada ni se permitió el ingreso de bebidas alcohólicas. En el escenario se presentaron raperos introspectivos, como el joven Smak, o mucho más politizados, como Menuda Coincidencia, y los tradicionales Caballeros del Plan-G, pero el público fue casi 10 veces menor al que asistió a la Expo Hip-Hop. El concierto patrocinado por el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (Conarte) se desarrolló sin mayor problema y concluyó cerca de las 8:00 de la noche para que las familias pudieran regresar a casa seguros.

-Hace 10 años todos los grupos se juntaban, o por lo menos se topaban en algunos foros del Barrio Antiguo -explica el rapero X-mex-tres, cabello a rape, bandana y lentes negros, después de la Expo Hip-Hop que degeneró y en la que salió a rapear tres canciones.- Pero desde que la violencia golpeó a la ciudad, los lugares se fueron extinguiendo y la banda se separó poco a poco. Antes todos los raperos nos sacábamos unos a otros, y aunque hoy siguen habiendo relaciones o fallas entre cantantes de diferentes grupos, se han ido desconectando mucho de acuerdo a la colonia en la que viven. Si ves bien, no es el mismo público el que asistió a la Expo que al Callegenera, vato. Ni los mismos raperos. Algunos conocen la historia del hip-hop y otros conocen la calle. Los primeros saben de lo que hablan, pero los segundos lo viven, por eso tienen tanto pegue. Son hijos de la violencia, aunque no sepan por qué.

-Técnicamente, los de Mente en Blanco eran malos; su voz era chillona -explica en su casa un muy joven productor de rap más virulento que permanecerá anónimo.- El problema en México es que no hay una educación hip-hop. Los batos no saben de ritmos, de beats, de samples, mucho menos de la historia del género. Sólo agarran un micrófono, le meten corazón y creen que hacen hip-hop. No se dan cuenta de que no cualquier rap es hip-hop. Confunden ser underground con ser de barrio y violento, pero es la realidad que se vive allá afuera, por eso tienen tanto auge. Tristemente, hay muchos morros que quieren escuchar canciones de odio y morritas menores de 15 años que quieren oír rolas de amor aunque las traten de perras en medio de la canción.

Algunos otros raperos y productores de la vieja guardia contestarán simplemente “¿Adán quién? No lo saco.” En el mundo artístico, la opinión sobre el rap de Mente en Blanco sigue estando muy dividida, aún después del fallecimiento de la mayoría de sus integrantes. Pero los que lo conocen suelen amarlos u odiarlos, rara vez hay indiferentes.

Los Fresnos

El primer embrión de Mente en Blanco se formó en 2002 en un pequeño estudio casero de Los Fresnos. Inspirados por los primeros grafiteros americanos de los 90, dos adolescentes decidieron imitar a sus modelos del momento -Caballeros del Plan-G, Skool 77 o H-Muda- y grabar como pudieran en casetes sus primeros textos balbuceantes. Durante varios años se fueron juntando diversos integrantes, MC’s y DJ’s hasta que en 2006 conocieron a Adán Zapata en un cotorreo de La Nogalera, de acuerdo con la biografía no oficial del grupo que circula en diversas páginas de internet.

-Los vatos que escribieron eso sabían de qué hablaban. Se ve que conocían a los de la clica -me confirmará más tarde Zapata en entrevista.

-En la colonia en la que vivían casi todos imperaba la clica de Los Republilokos. En ese entonces no podías ni pasar por una calle de otra clica sin arriesgarte a meterte en un pedote; se ponían bien locos, pero rara vez había muertos -cuenta el locutor de un pequeño programa de hip-hop por internet, Fernando Rodríguez Garza.

Era una época de zozobra, pero de solidaridad también; la violencia siempre ha sido cotidiana en estos barrios marginados, pero nunca se había deshumanizado tanto como hoy. Antes los morros luchaban por su honor y el de su clica, mientras que hoy lo hacen por dinero.

-Movíamos todo lo ilegal en el barrio, pero en pequeñas cantidades, un kilo por persona a lo máximo; nada que ver con lo de hoy -recuerda mientras termina su tercera chela.

Después de algunos intentos fallidos con otras productoras independientes y caseras como Imperio Producciones, los integrantes del grupo decidieron fundar Zapata Producciones, de ahora en adelante el label oficial del grupo. Graban en el pequeño estudio casero donde todavía se reúnen los integrantes restantes del crew a las noches de festejo. La llegada de DJ Esus al grupo será un inmenso alivio para todos.

-Era un DJ reconocido. Tocaba en el Barrio Antiguo y todo -recuerda Mama Nelly,- pero se quedó con la Mente en Banco.

Eso se dice en la México Lindo. En otros lugares se cuenta que ese equipo era tan sólo uno de los proyectos que manejaba este joven DJ, que por otro lado buscaba concretar su gran trabajo, Rap para Raperos, con Nail. Pero aquí todo debe girar en torno a Adán. Siempre.

En alguna ocasión, recordarán sus amigos, se armó un desmadre en un antro del Barrio Antiguo, el Exit, o podría ser el Roché, durante un concurso de freestyle en el que supuestamente le cortaron el micrófono a Adán para que perdiera en semifinales contra otro contrincante en un duelo supuestamente amañado. En otro momento será una vieja la que se suba al escenario y muestre sus chichis para que pierda Adán por la cantidad de aplausos del público. Lo cierto es que la violencia que se apoderó de la ciudad y cegó la vida de cinco integrantes del grupo también golpeó de lleno al hip-hop tradicional. En una época en la que el rap malandro y romántico estuvo en plena explosión en Monterrey, Mente en Blanco se encontró en el momento adecuado en el lugar exacto.

En 2006, los miembros del grupo sacaron su primer disco en MP3 con 53 canciones, Anticuados. Fue hasta 2007 cuando pusieron a la venta Zapata Producciones con un éxito relativo en Apodaca y San Nicolás de los Garza. En aquel tiempo se añadiría a las filas del grupo el otro vocalista principal del grupo, Miguel Ángel González Srat, quien sería asesinado en la colonia México Lindo el 23 de septiembre de 2012. Murió frente a la casa del difunto Adán Zapata acompañado por su novia Yaresi Peña, según los medios locales. Parecería que tanto en la colonia como en el grupo Mente en Blanco, el destino de Los Pitufos se asemeja más a una tragedia griega que a un cuento de hadas moderno. La fatalidad es dura con los chicos de barrio.

De regreso a la México Lindo

-Para asaltar a una gasolinera tienes que entrar y salir en tres minutos. Al cuarto ya valiste verga. Eso lo vimos en una película de huercos y siempre lo aplicamos -cuenta un miembro de Los Pitufos sentado en el techo de la casa de Adán Zapata mientras apunta al vacío con su dedo índice formando una pistola.- La primera vez que fui a robar fue porque unos amigos me jalaron. Tenía como 12 años y nada que hacer. Dije sobres. Cuando llegamos a la gasolinera, el vato más grande me dijo “Pégale a los cajeros. Si no los golpeas no te van a hacer caso.” Así que los golpee con la cacha de la pistola y les grité que hicieran lo que decíamos o se los iba a llevar la  verga. Nos llevamos las botellas, el dinero de la caja y fuimos a comprar diez piedras y un poco de polvo. Todo en menos de tres minutos.

Respira hondamente y mira hacia el mural de su amigo.

-La verdad es que no necesitábamos ese dinero. Todos jalábamos en diferentes lados, pero así nos ocupábamos. Aunque, como dice Adancillo en una de sus rolas, varios cayeron por esas cosas, y unos aún siguen presos.

Lo piensa otro momento y dice que sí, que eran mamadas, que a él nunca lo cacharon pero que le podría haber pasado, que admira Gabriel García Márquez y a Alejandro Dumas, que tiene otros planes. Dicen que es el más callado de la clica, pero hoy no para de hablar.

Abajo, las chicas de La Dinastía Zapata se alistan para ir a hacer un featuring en la canción de un famoso rapero de Tijuana conocido como Cíniko. Don Adán, como casi siempre, se encuentra en su laptop, a un lado de los dos san juditas que marcan la entrada de su casa frente al muro repleto de fotos de Adán Zapata que recibe a los visitantes del improvisado museo casero de la colonia. El Ciniko les pidió un coro a las chicas y a la 1:00 de la mañana apenas van saliendo para el pequeño estudio de Frases Sueltas al otro lado de la avenida República Mexicana. En el trayecto, cuenta Dania Zapata que hace unos años sí era arriesgado pasar del otro lado de la calle porque siempre había fallas entre las pandillas, pero que su hermano fue uno de los primeros en realizar acercamientos con los otros grupos. Las rencillas bajaron hasta el punto en que hoy su hermana Yahaira es novia de un chavo de la otra cuadra al que llama El Pájaro, quien dice conocer a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y al Ejército Zapatista de Liberación Nacional aunque nunca ha ido a Chiapas ni a Colombia. Erika carga a su hijo y se ríe mientras sus hermanas graban sus partes de la rola en el diminuto cuarto. La noche es joven y siempre va acompañada de cervezas y desvelos continuos. En el barrio se vive con otro ritmo. Al lugar llega un rapero que acaba de salir del Topo Chico, la cárcel más ruda de la ciudad. Él tuvo suerte, dice Mama Nelly, a El Pichón le metieron un balazo en el pulmón con el que aún vive, a otros los sentenciaron a 40 años de cárcel por matar a un taxista.

-Los jóvenes no aprenden -explica sentada en su mecedora frente al parque de la colonia.- Hacen sus cosas, pagan su tiempo en la cárcel, salen y vuelven a caer al poco tiempo. Pagan su tiempo, dicen que ya no regresarán, pero en algún momento, casi siempre, vuelven a caer.

-Por eso armamos el estudio, para distraerlos del vicio -añade su hijo, el productor de Frases Sueltas.- Hacemos equipos de futbol o grabamos rolas de todo tipo, pero principalmente de hip-hop. El tiempo que pasan rapeando es el mismo que no pasan drogándose o haciendo maldades, es tiempo que pasan fuera de la cárcel.

Unas semanas antes del incidente del 10 de junio, Adán Zapata estaba pensando en retirarse de la loquera. En su cuarto-estudio escribió la canción “Perdóname Dios”, que dedicó a sus padres antes de fallecer. Con un fondo de trompetas tristes se disculpa por las cosas malas que ha hecho en la vida y admite su remordimiento. Ya quería tirar a león. Adán deseaba dedicarse a rapear de forma profesional y dejar a un lado la dura vida de barrio. Dicen sus amigos que se iba a mudar de su casa a la de un compa de Escobedo en la que la cosa estaba más tranquila. No quería dejar el barrio, pero sabía que la vida loca siempre te alcanza en algún momento en la ciudad del caos.

Me hundí en mi llanto, perdóname diosito santo
Estoy arrepentido y sé que tú imaginas cuánto
Perdóname pa, perdóname madre querida,
les he fallado a ustedes dos que me dieron la vida
Sé que he sido el hijo que no han querido
Por mi culpa han sufrido, por eso a Dios perdón le pido
Ayúdenme a escapar de este infierno
que siento que me quema y este fuego se hace eterno
He pecado como cualquier otra persona
Quiero acabar con esto, pero esto no se perdona
Me siento destruido, el diablo está acabando conmigo
Me encomiendo a ti, Señor, porque ya no tengo ni amigos
Nos das amor y te pagamos con desgracia,
miles de bendiciones y nadie te da las gracias
Ten, te entrego mi amor también
en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

La descendencia Zapata

Hace unos meses apareció una chica de Coahuila con el apellido de un famoso narcotraficante que decía estar embarazada del hijo de Adán Zapata. Por correo le explicó a la familia que no necesitaba dinero, pero que quería que su crío supiera quién fue su padre y como era su familia política. A pesar de que las mujeres del clan recibieron la noticia con gran recelo, Zapata se entusiasmó por la prolongación de su estirpe.

-Ya me habían contado que algo había pasado en un concierto en Coahuila, pero Adán no quería decirme lo que pasó. La chica me mandó unas fotos y la verdad es que se parece a un tío de Adán que no hemos visto en mucho tiempo. Tiene los rasgos de la familia. Yo creo que sí es de los nuestros, es un Zapata.

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