Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

La globalización ha generado una serie de cambios drásticos alrededor del mundo; cambios que, hasta hace algunos años, muchísima gente habría tachado de imposibles. Cada año la sociedad parece crecer un poco más, por lo que es muy común escuchar las múltiples ventajas y/o beneficios con los que contamos por vivir en esta época, como si eso fuera un símbolo de lo bien que hemos avanzando como especie, cuando, en realidad, este fenómeno también tiene un lado oscuro.


La educación pública ha estado en peligro de ser privatizada debido a intereses tanto económicos como políticos de las grandes naciones, afectando directamente a una gran parte de la población mexicana. Por esta razón, los magisteriales han estado en activo durante los últimos 30 años, abarcando grandes peleas y generando un mayor número de derrotas que victorias gracias a un gobierno ineficaz e indiferente ante las preocupaciones de su gente.


Bajo esta temática, Jill Freidberg y Corrugated Films nos presentan Granito de Arena (2005), filme que recaba una investigación a detalle sobre este movimiento y sus problemáticas tras la llegada de la globalización. Granito de arena sirve como precuela al documental Un poquito de tanta verdad (2007), sin embargo, la principal diferencia entre ambos es que Granito de Arena realiza un viaje hacia el pasado para comprender los hechos que desembocaron en las manifestaciones de Chiapas en 2003, enfocándose en los intereses neoliberalistas de México en torno al resto de las naciones como motor principal de los hechos.


A lo largo de la historia, miles de ciudadanos han decidido levantarse y exigir una democracia que no existe, ejerciendo su derecho de expresarse por medio de marchas y manifestaciones contra las injusticias que su mismo gobierno tolera a favor de intereses extranjeros que dificultan la vida de los residentes. En otras palabras, el pueblo es ignorado y después reprimido, ya que la violencia es un factor que no puede faltar en esta ecuación.


No existe un diálogo, y de haberlo, no es más que para controlar a la gente, con falacias que abundan como flores en primavera. Se proclaman falsas promesas y esperanzas efímeras con tal de mantener distraída la mente del ciudadano y con ello mandar todo al olvido, y entonces ningún problema se resuelve. Las cosas siguen igual o incluso peor que antes, sembrando aires de desesperanza e impotencia entre la población.


El documental me hizo recordar una ocasión en la que me preguntaron lo que opinaba sobre a las marchas, a lo que yo respondí que estaba a favor de ellas. ¿Por qué? Porque son un símbolo, y los símbolos ayudan a inspirar a otros; porque es una forma de expresión pacifica, con ciudadanos al frente, en busca de justicia; porque es un acto solidario que nos une los unos con los otros, demostrando que no estamos solos y que a todos nos importa una misma causa; porque, de no hacerlo, nuestras quejas no valen nada; porque estamos luchando por un cambio y, sin importar lo que piense el resto, esta batalla es importante.


Sin embargo, por más grande que sea la marcha, esta no asegura que el problema se resuelva o que la justicia regresará pronto. No volverá a menos que todos formemos parte del movimiento. No volverá si sigue existiendo gente que prefiera residir en la apatía.


Los magisteriales tienen un conjunto de valores e ideales por los cuales han luchado por mucho tiempo. Como se explora en el documental, están aportando su granito de arena para contribuir en la transformación del país y al futuro de las próximas generaciones.

Buscan justicia y equidad, no demandan menos que eso.


Entonces, si ellos están dispuesto a dar tanto, a no rendirse cuando todo parece indicar que esto es lo más apropiado, ¿qué es lo que está haciendo uno para mejorar su sociedad? ¿Cuál es tu granito de arena?

 

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