OBRA: Dolerse: textos desde un país herido

AUTORA: Cristina Rivera Garza

EDITORIAL: Surplus ediciones

AÑO: 2015

Nacemos conociendo el dolor y morimos dejando el dolor en nuestros seres más queridos. Este sentir, el del duelo, por mucho tiempo fue considerado como una parte fundamental del ser humano, pues hasta donde se conoce, de todos los seres vivos existentes en este planeta, el humano es el que puede sentir y trasmitir dolor, el que puede dolerse y condolerse.

Cristina Rivera Garza (Matamoros, 1964) nos ilustra en su último libro ese dolor que ha dejado de ser en estos tiempos “un dolor natural, como parte del ser humano, de este ser vivo”, pues, como comenta la autora, hoy en día el dolor se ha transformado en un sufrimiento indescriptible que forma parte de un “legado de violencia” que, según parece, trata de des-humanizar a los humanos.

Pese a que la historia siempre nos ha recordado a través del dolor que somos seres mortales, en los últimos años, los mexicanos hemos tratado de vivir con el dolor que día a día se hace más insoportable, pues como se comenta Dolerse, textos desde un país herido: “lo que los mexicanos de inicios del siglo xxi hemos sido obligados a ver —ya en las calles, en los puentes peatonales, en la televisión o en los periódicos— es, sin duda, uno de los espectáculos más escalofriantes del horrorismo contemporáneo”. Ese dolor ha infundido el miedo con el que la sociedad vive; con ello va también la impunidad de las autoridades que no esclarecen ni investigan homicidios, secuestros, desapariciones, entre tantas otras situaciones que actualmente tienen en un hilo a la sociedad mexicana.

La actual juventud está creciendo en un mundo lleno de dolor. Lo peor es que tal parece que este dolor nos hace olvidar la importancia de ayudar y creer en los demás; nos está deshumanizando. A esto se suma que ahora el Estado se ha deslindado y está atacando y desapareciendo todos esos derechos que eran parte fundamental de la vida que de una u otra forma mantenía cierto equilibrio. Esto coincide con lo que se redacta en el libro de Cristina: “ Estamos, ciertamente, frente a un régimen que poco a poco pero sin descanso alguno se ha encargado de desmantelar las bases mismas de esa relación social que es el Estado. Enrique Peña Nieto ha atacado por igual la protección ecológica, así como las escuelas normalistas rurales. Ha atacado la educación pública y, tras admitir la explotación de recursos naturales, ha puesto en riesgo a nuestro medio ambiente. Todo ello se ha materializado con la aprobación y publicación, como ocurre con las once reformas estructurales, que lo único que se ha conseguido y conseguirá con dichas reformas es establecer jurídicamente la impunidad de seguir acabando a la humanidad, confirmando y reafirmando el dolor con que el gobierno ha provocado a través de sus diferentes reformas”.

Somos parte de una generación que de puro milagro está sobreviviendo; se sobrevive a las leyes injustas, al narcotráfico e incluso al mismo gobierno. Lo más triste es el mundo que estamos heredando, pues aunque la muerte es parte natural del ciclo de la vida, el asesinar no lo es.

Y aunque muchos aún conservan la esperanza de que todo mejore ante esta realidad atroz, cabe rescatar las palabras de un periodista que cita la autora en su libro: “Yo escribo con la luz, dice. Conforme pasa el día me deformo pero, a veces, cuando algo del paisaje me alcanza a conmover —una nube, una planta, la lluvia— pienso que todavía soy humano”. Esto es parte de la esperanza que con fortuna muchos intentan conservar, dentro de todo lo malo que sucede, aún hay un buen paisaje natural, un buen acto humano, un milagro que nos recuerda que somos seres humanos y que nos sensibiliza de que la esperanza todavía existe.

Por Paula Ramírez Nava

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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