Por Jerry Shaw

Publicado previamente en la revista

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                                                              Aquella noche

en la playa

los relámpagos

fueron fotografías

tomadas desde lejos

desde otro mundo,

desde otro tiempo.

Para dejar huella

y que nunca jamás

se olvide

toda la tormenta

que puede provocar

un solo beso,

un solo abrazo.

El beso prohibido

Anaís Abreu D’ Argence

En estas líneas voy a compartir diferentes momentos de mi vida como performancerxbollerx/maricx/androfem-anarcocuir-trans mexicanx y la manera en que he logrado a lo largo de mi carrera que las palabras, el arte-acción y el afecto se apropien de la cárcel y de mis caminos subjetivos. Intentaré escribir el texto de una manera sencilla y clara, porque debo decir que estoy totalmente en contra de los textos teóricos, duros, para unxs cuantxs expertos en el tema. Y porque también esta es una de las muchas maneras de exponer mi posición crítica en el campo de la investigación. Lo que me interesa es acercar a quienes me lean, al trabajo que he realizado en algunas cárceles del Distrito Federal y al apego tan fuerte que tiene esto con mi vida personal porque como se sabe, lo personal es político y nosotros lo hacemos público…

El tema de los encierros para mi va a ser intenso y muy seductor, en el año 2009 que me instalé en el Centro Femenil de Readaptación Social Tepepan durante seis meses, y en el femenil de Santa Martha Acatitla por otros seis meses, desde aquel año he continuado trabajando a través de la performance y otras formas artísticas dentro de reclusorios con hombres y mujeres. Ha sido una etapa crucial en mi vida que me ha permitido entender la razón de la seducción y mi manera tan peculiar de moverme por el espacio carcelario.  Creo que todo lo que escogemos en la vida, desde un tema para investigar, un libro, una prenda o un lugar para vivir se relaciona directamente con nuestra historia de vida y si indagamos de manera profunda se pueden hacer fuertes conclusiones. En este caso elegí adentrarme al sistema penitenciario porque soy una persona como muchxs de ustedes que ha experimentado en carne propia, y muy viva, el desencanto y la desesperación de vivir presxs de las instituciones en nuestra sociedad capitalista. Cada una de ellas ha buscado regir nuestros pensamientos y cuerpos, hablan desde la imposición y escriben sobre nosotros los significados de sentimientos, sensaciones y emociones. Desde que nacemos en la sociedad se nos dice qué es el amor, a quién amar, cómo amar, cuándo amar y a qué hora amar.

De disidentes y amorosos: las voces de mi feminismo

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No me voy a reconocer como feminista hasta que Rotmi Enciso e Ina Riaskov, cofundadoras de la agrupación feminista producciones y milagros me abren de par en par las puertas de su espacio Ellas-Nosotras en 2007  y empiezan a reconocer mi trabajo de performance que buscaba la de-construcción masculina y dar un giro dentro de mi academia.  Durante mis años de formación pedagógica en la UNAM me percaté de la gran desigualdad que existe entre los géneros dentro de las carreras y decidí hablar de ello en mis acciones. Comencé haciendo pequeñas intervenciones en las clases y cada vez mi trabajo se hizo más y más político. Compartiré una parte de la performance Cuidador de bebés  que realicé en un Centro de Desarrollo Infantil en el año 2008 debido a la prohibición de una intervención educativa por el hecho de ser hombre:

Después de visitar tres CENDI  sin ninguna respuesta sobre la posibilidad de realizar mi intervención decidí hacerme presente y entrevistar a lagunas madres que esperaban la salida de sus hijos: ¿estaría usted dispuesta a que yo cuidara a su hijo?, ¿por qué no dejaría usted a su hijo con un hombre que no fuera su padre?, ¿cuáles cree usted que sean las razones por las que no existen educadores en el área maternal? Las respuestas eran muy interesantes: muchas respondían que no lo harían porque los hombres no sabemos siquiera cambiar o bañar a un niño, hablaban del morbo, de la inseguridad, violencia y de la poca visibilidad de los sentimientos por parte de un hombre. Regresé al otro día y me instalé por cuatro horas, di unas cuantas vueltas entre los asistentes que se aglomeraban afuera de la institución con una cartulina cuya leyenda decíaCuidador de bebés, llame al 56725638, al mismo tiempo sobre mi cuerpo había escrito leyendas como hombre que sientehombre que en realidad no es, sin determinismos, […] esta misma acción la realicé en la coordinación de la carrera de pedagogía en mi facultad junto con una serie de posters que decían: se solicita educadora, licenciada en pedagogía o maestra. Mis compañeros apoyaron mi decisión final de no hacer intervenciones aunque era un requisito para aprobar la materia […].

Al percatarme de la relación que tenía el espacio privado con la construcción de los géneros y el amor maternal pensé también que estábamos encapsulados, encerrados y sitiados en una ideología poco ergonómica. Todo esto lo había vivido a lo largo de la vida al sentirme en una dualidad muy poco flexible: por una lado se encontraban mis deseos de amar a otro hombre, de no querer ser lo que miraba en el espejo, de visitar el departamento de mujeres en las tiendas de ropa o mi curiosidad por hacer en un baño de mujeres pero el otro lado, ese lado oscuro y que produce sonidos como el del tenedor raspando el pizarrón es el de la imposición.

Mi insistencia por estar en medio también me obligo a llegar a la cárcel, necesitaba entender mi encierro desde un espacio con las mismas lógicas y al mismo tiempo estar en ambos lugares: femenino/masculino, fue así que decidí empezar a trabajar con mujeres. Decidí salirme del campo formal que nos imponen en la pedagogía, nunca me posicioné como profesorx o como docente, más bien quise acercarme a un espacio complejo, a una problemática que se relacionara con mi vida, con mi historia y la historia de muchxs mexicanxs. Creo que lo más humano de mi experiencia es que no soy el otro que desde afuera explora y observa sino que todos los espacios en donde he trabajado se vinculan con sus historias a mi propia biografía. En la cárcel de mujeres yo mismx era parte de ellas que querían encontrar otros medios para fugarse del encierro con lo que construíamos juntxs y la información compartida y en mi caso contribuían a mi crecimiento espiritual y académico.

En la cárcel siempre me cuestionan si no me da miedo o que porque no tengo problemas con construir relaciones tan cercanas y afectivas con ellxs que se consideran malx, peligrosxs s, y yo siempre les respondo que  también soy rebelde en tanto que he elegido romper con lo que la sociedad me ha dicho que tengo que ser o hacer, siempre estoy en sentido contrario y eso para el sistema es peligroso, en el caso de las mujeres puse en la misma posición sus luchas y heridas con las mías y, aunque me costó mucho trabajo entenderlo y tuve una que otra pelea con colegas feministas, considero que también algunos cuerpos leídos como masculinos que empiezan a desdibujar algunos elementos se vuelven abyectos y vulnerables para la sociedad, el estado busca una finalidad específica para estos cuerpos.

Dejarse Tocar: Los sentimientos puestos en juego.

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Mi quehacer en la cárcel y mi forma de ser están cruzados por el tipo de relaciones que he construido con hombres y mujeres. Desde que llegué a la cárcel he mantenido un estrecho contacto emocional con todxs lxs que se van cruzando, a pesar de las dinámicas de poder y distanciamiento que te señala la institución. Como dice la autora Megan Boler en su artículo Ausencias disciplinarias: los estudios culturales y la ausencia del discurso sobre la política feminista de las emociones, es necesario abordar el tema de las emociones y los afectos desde el trabajo de Foucault sobre la relación entre poder y resistencia en cualquier circuito social donde existan tensiones entre seres humanos.

El espacio que intento construir en mis relaciones diarias con quienes voy conociendo dentro y fuera de la prisión esta armado a través de la afectividad. En la cárcel, en el aula, o en los encuentros que tengo en cualquier espacio que me mueva salgo y entro cruzado por la afectividad, es a través del afecto que desarrollo mi posición crítica en el mundo. Se preguntarán a qué clase de afecto me refiero: entiendo por afecto la parte humana que podemos desarrollar las mujeres y los hombres en convivencia. Relaciono la palabra afecto con afectar, es decir, que el contacto estrecho con otra persona haga que sucedan cosas, que se desaten emociones y que también entren en el proceso de descolocación y movimiento de esquemas.

En pocas palabras he perseguido por mucho tiempo la idea de que mis palabras y mis manos que siempre tocan otras manos, piernas, frentes, muslos, narices, ojos, etcétera. Se muevan por la energía del corazón como dice Francesca Miglivaca y por supuesto que al ser afectadxs todxs la vida sea más humana, nunca me ha resultado difícil lograr una relación de afecto con quienes voy conociendo, pero como siempre, no todo es de color rosa, el afecto trae consigo siempre riesgos y es algo de lo que tengo que teorizar muy pronto.

Afectar al otro se puede convertir en un éxtasis de sentires y actitudes, el extremo es el enamoramiento, o la idealización porque ¿quién nos ha enseñado que de ninguna manera somos seres extraños entre sí? o que no debe de haber distancia entre nosotros o la fuerza de un abrazo y un beso que suceden justo en el momento en que nuestras historias de opresión se conocen y dialogan. Es así como uso la afectividad como radar para moverme por cada uno de los espacios del lugar, gozozx de estar entre ellxs. Así y a través de las dinámicas de juego en la cárcel como Juegos para niños que lxs presxs me decían que se olvidaban de donde estaban cuando nos encontrábamos juntos y construíamos una atmósfera particular de convivencia. A través del juego podíamos tocarnos, reír juntos y conocernos.

El contacto corporal era de alguna forma natural, se justificaba por las reglas de los juegos, también nos abrazábamos cuando jugábamos en equipos o cuando nos daba emoción ganar un punto. También nos tocamos para animarnos a continuar jugando cuando íbamos perdiendo. Stop, avioncito, amo ato, botella, ahorcado y semana inglesa, eran los juegos pero siempre con variaciones afectivas que nos acercaban más. El juego de la botella de algún modo combinaba el relato compartido, nos acercaba a la intimidad de cada uno. Las preguntas que se hacían respondían más a la curiosidad sobre cuestionessecretas. Reíamos y bromeábamos con las historias íntimas.

El reír y pasar un momento divertido es algo que en un medio como la cárcel queda completamente anulado ya que lxs internxs se ven obligados a tomar la subjetividad de menos que humano  y es necesario tomar la violencia, la seriedad,  la pelea y la apatía como medios para la sobrevivencia.  Quiero hablarles de un hecho que puede parecer absurdo, pero que para mí es muy importante en el trabajo en la cárcel; es sobre mi manera de vestir cuando llego a mi otra casa, como le llamo, la cárcel. Unas veces llevo pantalón y otras veces short, sandalias o distintas formas en el peinado. Cuando empecé a acudir, los custodios y los mismos internos me cuestionaban sobre mi forma de vestir y me hacían comentarios negativos, pero esto tenía una finalidad.

Mi activismo se ha centrado en poner el cuerpo en contextos precarios. Al mencionar esto me refiero a que aparte de asistir a marchas, realizar trabajo colectivo desde la disidencia me hago visible como persona cuir/anarco-fem-andro/trans en el espacio de la cárcel, lo hago constantemente como lo hacen mis colegas profesoras argelinas cuando van a trabajar con niños que han perdido a sus padres y madres. Llegan a la escuela bien vestidas porque desean que los niños y las niñas vean en ellas cada mañana imágenes de vida. Pienso como ellas que en un espacio de condiciones tan complejas donde las personas están cruzadas por imágenes de violencia, suciedad y pérdida, es necesario llevar imágenes de vida y color como dice Zazi Zadou en el texto de Diotima sobre las profesoras que enseñan a personas que han sobrevivido a la guerra que sabiendo el peligro que corren como mujeres en estas situaciones lo siguen haciendo con esperanza y solidaridad. Me relaciono mucho con este último testimonio de Zazi ya que en el caso de los hombres recibirme y acogerme es un proceso lento que pasa por muchos procesos; empieza con el rechazo, continúa con la broma que se convierte en curiosidad y termina en la construcción de un nuevo conocimiento, como dije anteriormente, a los hombres que están en la prisión les descoloca mirar mi cuerpo y mi mirada andrógina, escuchar mi voz masculina con un tinte femenino u observar que no me nace barba ni bigote. La masculinidad es un tema que está sumamente naturalizado en la cárcel, tanto que no es tema de reflexión y no existen otras imágenes de la masculinidad que no sean las hegemónicas. Entonces uso ese sentir de rechazo para empezar a construir nuevos saberes situados.

Ser homosexual o transgénero en la prisión, te coloca en el espacio de la vulnerabilidad extrema y de la humillación; al considerarme multidisciplinario en mi identidad llegué a pensar que corría peligro, pero a estas alturas de mi vida puedo afirmar que todo depende del trato con el que llegues, debe de ser horizontal, pero no por compromiso sino porque el corazón te lo está gritando. Me interesa mucho hablar de cómo a través del performance hablo sobre la performatividad del género, la construcción de la masculinidad y las expresiones corporales con los internos de la cárcel del norte que es donde me hallo actualmente desarrollando estos encuentros, y a la vez como he podido negociar mi próxima entrada al anexo ocho donde se encuentran las mujeres transgénero presas de la justicia en el Distrito Federal.

Para concluir esta parte continúo diciendo que es particular en mí que deje al descubierto mis brazos, mis piernas, mis hombros porque como explica una colega y amiga, Lorena Méndez, no solo pongo mi cuerpo, sino que les presto mis ojos, mis pies y mis hombros para desarrollar su sensibilidad. Pienso en la potencia de la energía cuando siento algo y de manera inmediata lo llevo al terreno de la realidad; al poder decirle a una persona que le quiero, que le siento y que estoy a su lado aunque tengamos solo dos días de conocernos, al dejar que el otro siendo experto en su propia vida tenga su propio proceso, o al caminar por los pasillos de la cárcel e ir saludando a todos los hombres y mujeres que pasan y a los que me gritan desde los cantones, como les llaman a los lugares donde duermen. Aunque algunas veces me he puesto serio al atravesar el pasillo cuando me gritan comentarios ofensivos de inmediato me doy cuenta  y siento sus miradas y a veces me duelen sus palabras. Me imagino que se han de sorprender de ver a un no sé qué, como un día me dijo Alberto (eres un no sé qué) moverse con tanta familiaridad por el lugar, sin miedo, sin ideas preconcebidas de la cárcel llamadas estigmas, más bien dispuestx a que me mi saber se va a cruzar con otros saberes.

Comunicar poniendo el cuerpo: la experiencia y la performance.

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Cuando me inicié como performancerx me interesaba hablar de la desigualdad entre mujeres y hombres dentro de las carreras, trabajos y relaciones amorosas. Posteriormente la performance era una manera de contar como vivía mi transición identitaria en un mundo hegemónico. Después hablé de mi vida junto a mujeres feministas que me enseñaron de que iba este acontecer de vida y de cómo poder incorporarnos como hombres y mujeres transgénero.  Mi trabajo de performance fue cambiando con los años, se transformó de acuerdo a mis intereses y a las necesidades de los contextos.

Hace un par de meses llevé a cabo uno de los tantos deseos que me venían persiguiendo cada noche: la conformación de una colectiva que trabajara desde los afectos y la disidencia enraizada por eltransfeminismo y los estudios maricas lenchoscuirs. Piernas abiertas somos un grupo de amigxs afines, disidentes de la norma, compañerxs de lucha y de vida. Buscamos construir espacios de lucha contra los discursos hegemónicos y binarios de un sistema machista, patriarcal, capitalista, blancocentrista yantitepiteño.

La performance para mí desde el año 2007 se va convertir en una acción colectiva de mucha potencia donde podemos inventarnos los internxs y yo nuevos mundos, nuevas formas de comunicación y nuevos cuerpos caminantes, más críticos y sororos. La performance es un puente que me va a permitir acercarme a los cuerpos de las personas y además, reflexionar sobre una amplia variedad de temas que van surgiendo en el caminar de la cárcel, un ejemplo es bola de nieve, donde entré vestido durante dos días con dos uniformes de secundaria diferentes y guardé en mi cuerpo pequeños papeles con preguntas sobre el tema de la violencia escolar y la relación maestro-alumno, algunos internos de la cárcel del norte decidieron buscarme con los ojos vendados los papeles y otros descubiertos, así íbamos hablando del tema, interviniendo, cada vez se hacía más íntimo hasta compartir historias verdaderamente fuertes de vida, mi acción terminaba con un abrazo efusivo. De esta manera nos resistíamos a la imposición del encierro y a las condiciones de la reclusión.

Entonces la performance desde mi concepción es una actividad catalizadora, provocadora, rebelde ante las acciones de poder del estado y las instituciones patriarcales y capitalistas como la escuela, la iglesia, la familia y el sistema carcelario. Con toda esta construcción creo que yo también le he aportado mucho a laperformance como medio de incidencia social y como medio pedagógico transformador. También la convertí en un modo de negociación y resistencia. Me refiero a la serie de trabas por parte de las autoridades con las que me he encontrado en el sistema al entrar con materiales y con todas las ganas de llegar a tocarles y quererles. Para la mayoría de los que laboran en la cárcel es extraño que unx abrace o bese a lxs internxs y quienes hagan algo diferente e innovador que ponga en signos de interrogación la reinserción siempre son perseguidxs.

Mi manera de hablar, de moverme, de mirar y de poner el cuerpo es bastante peculiar. El personal de la cárcel y las autoridades después de un tiempo de conocerme y de conocer el trabajo colectivo tienen la confianza de decirme que no entendían mi actitud dentro del contexto de reclusión, pero que al paso del tiempo observan el trabajo y escuchan a los presos y presas hablar de mi como alguien que les brinda confianza, afecto, ánimo y que les toma de la mano para continuar en sus procesos de reflexión. Tengo una fuerte dosis de espontaneidad, soy desenfrenadx o para explicarlo de otro modo no veo a la institución como aquella figura que determina tus movimientos y pensamientos. Me muevo en la cárcel como me muevo en todos los espacios, nunca he sentido temor. Creo que las personas sienten mi acercamiento y mis deseo de compartir y construir juntes un espacio inexistente.

Para entender parte del trabajo de performance colectivo en la prisión considero fundamental hablar sobre alguna de las performance dentro. Compartiré una parte de la performance titulada Des-esperación que realicé en el año de 2009 en el reclusorio preventivo varonil sur.

A continuación cito de mi diario personal:

En desesperación entré vestidx de azul marino a la cárcel del sur de la Ciudad de México. Al llegar hasta donde se encontraban los hombres esperando la performance, les saludo con mucho gusto de estar entre ellos. Inicio hablando de mi experiencia como hombre en deconstrucción y sobre la cuestión de la identidad en las personas. Les narro como se puede construir una comunidad en donde reflexionamos sobre la situación económica, social y cultural de una sociedad como la mexicana con fuertes problemas económicos, contradicciones culturales y sociales, con una doble moral, un fuerte racismo, etcétera. Pongo ejemplos de los hombres que han estado cerca de mí  y hablamos sobre la problemática de las relaciones que tienen la mayoría de los hombres con otros hombres homosexuales o mujeres trans, una relación en que el respeto es solo para el más fuerte, y cómo esta figura de fortaleza se ha construido a partir de nuestra educación. Pongo de ejemplo la acción de los hombres que muestran afecto, lloran o son emotivos, Víctor comenta que es una falta de respeto molestar a estos hombres pero que es como una especie de chip que traen desde el nacimiento, yo le digo en el oído que nunca es tarde para hacer una reflexión sobre nuestras acciones, los demás dan su punto de vista y van generando alternativas de comunicación. Hago un mapa en el suelo con gis, me muevo entre ellos. Siento sus miradas y empiezo a encontrarme sus ojos en mis ojos. Me huelen, me sienten y me motiva su atención. Mientras hablamos me acerco a sus cuerpos y unto crema primero suave y luego fuerte. Alejandro nos comienza a atar con listón rojo, cuerpo por cuerpo, mientras yo rocío mi perfume sobre ellos, cerramos los ojos.

La parte final de la performance es larga, pareciera que no podemos dejarnos, que hubiéramos estado más tiempo conviviendo. De repente viene la pregunta más estremecedora ¿cuándo vuelves? Les contestó que aunque no esté físicamente nuestros corazones están enlazados y que el respeto por nuestros cuerpos ha tomado sentido. Ya no importan las clases, las preferencias, los posicionamientos y mucho menos las razones por las que estamos ahí…solo importamos nosotros dos, tres, cuatro… diez, y el amor tan fuerte que transpiramos. Entre abrazos fuertes y sonrisas nos despedimos, me agradecen el encuentro  y yo no puedo marcharme. El custodio me anuncia que debo dejar las instalaciones, entre gritos y señas afectivas desde lejos no puedo evitarlo, corro a la reja y toco sus manos, así sabemos que estamos juntos, escucho a lo lejos. Te queremos Jerry! No volteo más para que no miren las lágrimas que me salen de los ojos, tan mías y tan de ellos.

Estas páginas están escritas con la sangre, la pipi

las lagañas, la saliva

el sudor y la caspa.

Todo es muy corporal

lleno de amor y energía

listos para afilar el puñal

que se convierte en vela

en ramo de flores

en dedos y ojos.

Ese puñal que me cuida

que me sigue

que no se clava

es frío o caliente

metálico o de madera

beige o azul,

se puede patear

por el kilómetro

por las almas

por el cielo.

Yo no sé del tiempo

él sí sabe

pasa rápido

no se detiene,

el puñal

debe cortarlo

cortar el tiempo

partir el corazón

dejar te una mitad

una mitad mía

y que me des una tuya…

 

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