Por Denise Alamillo

En Monterrey se lleva a cabo la Feria Internacional del Libro (FIL) cada otoño. La iniciativa del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey reúne a editoriales nacionales e internacionales y tiene una gran afluencia. Hay un sector marginal de la población que se ha visto beneficiado con la FIL: un grupo de militantes anarquistas, fundadores de una biblioteca autónoma comunitaria edificada mediante la “expropiación” de libros de la feria y otras vías.

La biblioteca se encontraba a cargo de una pareja perteneciente al colectivo. Este texto se compone de dos partes, ya que los bibliotecarios anarquistas fueron entrevistados por separado. Ambos prefirieron quedar en anonimato, para evitar más represión por parte del estado.

Él es un joven universitario, sigue compartiendo muchos ideales del anarquismo. Hoy en día participa en varios proyectos comunitarios enfocados a la reconstrucción del tejido social. Narra los orígenes de la biblioteca:

¿En qué contexto surge la biblioteca?

Después de 2004, cuando regresamos de la Cumbre de Guadalajara (Unión Europea-América Latina-el Caribe), en la que fuimos reprimidos por el gobierno, hubo una división en el movimiento anarquista en el que participaba. Algunos fundamos un colectivo y lo primero que decidimos fue poner una biblioteca.

¿Por qué una biblioteca como prioridad?

Considerábamos necesaria la formación; yo tenía 15 años en ese entonces. Vimos indispensable tener un espacio formativo y de reunión para la movilización social. Rentamos una casa por la universidad y allí nació el proyecto. Un año después nos cambiamos al centro de Monterrey, por la estación del metro Fundadores. Estudiaba a unas cuadras de ahí, en la prepa No. 1 de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y en ese semestre se estaba cerrando esa preparatoria. La biblioteca grande que tenía se la llevaron a la unidad de Apodaca, pero dejaron un chingo de libros abandonados en un salón, entre polvo y material de construcción. De allí empezamos a robar esos libros que estaban abandonados. Fueron los primeros de la biblioteca.

¿Cómo se los robaban?

Llenaba una mochila grande y la aventaba por la ventana, luego mi compañera pasaba por ella y se la llevaba a la casa. Partimos de la idea de que el conocimiento no sirve de nada encerrado, en el descuido. Así armamos la biblioteca. Prestábamos los libros en el metro Fundadores dónde teníamos el local.

¿De dónde más hurtaban libros?

En el Distrito Federal. Allí nos regalaban muchos, y por otros íbamos a una calle del Centro Histórico que se llama Donceles. Tiene muchos negocios de libros usados. Comprábamos algunos, pero muchos otros los tomábamos.

Esos libros no estaban abandonados y sin embargo se los llevaban. ¿Cómo lo justificaban?

Partíamos de la idea de expropiación. Esos libros le iban a servir a mucha gente por ser un proyecto bibliotecario. La lectura tiene que estar al alcance, nosotros lo facilitábamos. Y bajo esos ideales expropiábamos cada que podíamos. Después llegó la Feria del Libro a Monterrey y decidimos ir también, primero con mucho miedo; vimos que había mucha seguridad, pero también varios conocidos que trabajaban allí nos decían que se podía sacar libros fácilmente.

Tenía miedo. A veces me culeaba, pero como iba con una morra —mi compañera— era más fácil; sentíamos confianza juntos. Así nos íbamos por cada pasillo.

¿Tomaban los libros al azar o los seleccionaban?

Los elegíamos con mucho cuidado. Recuerdo que nos llevamos muchos de Eduardo Galeno, libros de historia, política, anarquismo, filosofía, feminismo, sociología. Ese era el enfoque de la biblioteca; también eran nuestros gustos. Lo hicimos por varios años.

¿Cuál es la diferencia entre robo y expropiación?

La expropiación es un término que se usa en la jerga anarquista. Es una respuesta al sistema. Se parte del origen de los productos de consumo; todos son producidos por los obreros y trabajadores. El patrón se gana un excedente a base del esfuerzo de los empleados, por tanto la acción de tomar lo que los obreros producen para distribuirlo entre la clase que lo genera es un derecho legítimo ante el robo que los burgueses hacen desde la explotación capitalista.

Con esta idea antisistémica y anticapitalista, la expropiación es un derecho. Nosotros con orgullo expropiábamos libros y los colectivizábamos. También expropiábamos cajas de CD´s de Walmart y con en ellos grabábamos y vendíamos documentales, unos históricos, otros del canal 6 de julio, películas de arte. Con eso financiábamos una parte de la renta del espacio.

¿Existe alguna ética sobre la expropiación?

Claro. No le podíamos robar a la misma gente; de hecho, a ninguna persona. Pensábamos que la sociedad tiene que apoyarse entre todos, actuar en colectivo, compartir. Robábamos sólo a las corporaciones. Sabíamos que no era lo mismo robarle a Walmart que a una librería. En el caso de la Feria del Libro, nuestro planteamiento partía de el acceso que brindábamos a la comunidad para leer libros que no se conseguían fácilmente en Monterrey y que la gente no podría llegar a ellos por su precio; los libros “buenos” son muy caros. En este sentido, la educación también es mercancía y tiene un costo impagable para muchos de nosotros. Todo lo que robábamos tenía que servir para más personas, difundir y financiar el espacio.

¿Cómo fue recibido el proyecto por la comunidad?

En 2009, la biblioteca estuvo abierta todo el año. Fue cuando más evolucionó el proyecto y más gente nos visitó. Algunas personas no regresaban los libros; estaban en su derecho también (muchas risas).

El asunto es leerlos, porque muchas veces tenemos en nuestra casa libros que ya leímos y nunca utilizamos. Los tenemos allí como parte de nuestro ego para decir “Miren, esto es lo que he leído”, y se transforman en literatura inútil.

La biblioteca se cerró en 2010, se cicló el proyecto. El espacio funcionó como semillero de diferentes movimientos sociales y cada colectivo tomó su rumbo. Mi compañera y yo nos separamos; teníamos una relación de pareja.

Tras la experiencia, ¿crees que una biblioteca comunitaria tiene posibilidades de funcionar?

Hay una crisis de lectura y de bibliotecas. En México estaba el proyecto de la Biblioteca Social Reconstruir, una biblioteca anarquista que fue nuestra influencia, fundada por un exiliado español, Ricardo Mestre, que llegó en la época de Cárdenas a México y abrió el espacio que mantuvo por muchos años. Cuando él muere, se la deja al Toby, y él continuó con el proyecto. De allí surgió un movimiento social muy importante, la Caravana Libertaria Carlo Giuliani. En memoria de Carlo, que fue asesinado en Génova en 2001 en la cumbre del Grupo de los 8 (G8). La banda de esa caravana fue la que se movilizó contra las cumbres globales en México que tuvieron como ciudades sede Cancún, Monterrey y Guadalajara. Esa biblioteca cerró también sus puertas en el 2010. Pasó algo semejante con la biblioteca de Oaxaca.

Teníamos una red de bibliotecas autónomas libertarias y hacíamos ferias del libro. Venía gente de Oaxaca, de Guadalajara y del DF.

¿A qué se debe que una red tan fuerte haya cerrado?

Tener una biblioteca es un trabajo que requiere mucho tiempo. Es un proyecto serio al que hay que dedicarle muchas horas de vida, y desde la perspectiva anarquista no vas a recibir dinero del Estado. De hecho, la mayoría de las bibliotecas públicas están en deplorables condiciones. Al Estado no le interesa mucho fomentar la lectura y proveerla. Hacer un proyecto autónomo requiere también dinero; la falta de ese sostén económico provoca diferencias entre los integrantes de los colectivos. Es difícil trabajar con muchas personas. Hay quienes no se toman el trabajo en serio y otros que sí. Esa descompensación hace que se agoten las energías. Surgen las separaciones.

Un factor extra, el único positivo, es que ahora con internet se encuentran muchos libros. La gente interesada y con acceso está leyendo por este medio.

¿Ahorita existen proyectos de bibliotecas autónomas en México que estén en funcionamiento?

Sí, conozco varios: en Tlaxcala, en un pueblito; en el DF, en el auditorio Che Guevara y otro lugar de arte y gráfica. En las bibliotecas anarquistas se da mucho “la herencia de libros”. Pasó con los españoles que llegaron a México huyendo del franquismo. Trajeron muchos libros que han sido heredados por varias generaciones de anarquistas. De allí comenzaron en México todas estas bibliotecas, así que es un anarquismo muy influenciado por la revolución española.

¿Qué pasó con los libros?

Se los quedó mi compañera. Ella ahorita está en comunidad. Pero esa es otra historia.

Comments

comments