Por Denise Alamillo

En Monterrey se lleva a cabo la Feria Internacional del Libro (FIL) cada otoño. La iniciativa del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey reúne a editoriales nacionales e internacionales y tiene una gran afluencia. Hay un sector marginal de la población que se ha visto beneficiado con la FIL: un grupo de militantes anarquistas, fundadores de una biblioteca autónoma comunitaria edificada mediante la “expropiación” de libros de la feria y otras vías.

La biblioteca se encontraba a cargo de una pareja perteneciente al colectivo. Esta es la entrevista a otra integrante de ese colectivo. http://ow.ly/pZLPcElla es una joven que pasa sus días trabajando para una asociación civil en una colonia de clase baja en Monterrey. Se ocupa de canalizar y resolver los problemas de la comunidad en que se encuentra.

¿Cómo surgió la idea del proyecto bibliotecario?

Surgió bajo la influencia de las bibliotecas anarquistas que se crearon durante la revolución civil española. Fue una práctica común en Argentina, Chile y otros países, en donde el movimiento anarquista tomó fuerza, sobre todo en el sector anarco-sindicalista, con los obreros en las fábricas. Fungían como un espacio de estudio ante el creciente analfabetismo y la falta de atención por parte de la educación pública con la clase trabajadora en general.

Los grupos anarquistas dentro del sindicato se organizaron para formar casas de estudio en donde las bibliotecas eran una línea base para conocer la historia y servían a los obreros para recobrar ese protagonismo como clase trabajadora, que al final era lo que estaba guiando las luchas sociales.

Aquí en México las primeras bibliotecas anarquistas fueron las que iniciaron exiliados de la guerra. Ricardo Mestre fue el que fundó la biblioteca más reconocida en toda Latinoamérica por la gran cantidad de ‘arsenal’ de la que disponía. Aquí en Monterrey, iniciamos con libros de donaciones de las bibliotecas del Distrito Federal, de Guadalajara y Oaxaca. Y con libros expropiados de la feria del libro, de una biblioteca abandonada y de casas de libros usados. Donadores involuntarios de nuestro archivo.

¿Cómo se organizaban?

La intención era ponernos de acuerdo y generar un consenso en el que todas las personas participaran. Aunque se intentaba trabajar como colectivo, a la hora de la práctica, las responsabilidades terminaban recayendo en pocos hombros.

Era un proyecto dirigido a la juventud, no sólo porque quienes lo desarrollábamos éramos jóvenes, sino porque la intención, más allá de generar cultura y conocimientos sobre movimientos sociales, era crear consciencia social en los usuarios más jóvenes, para que tomen el papel de denuncia que le corresponde en la sociedad. Que dejen de lado la apatía y la indiferencia que generalmente pregonan antes la realidad que estamos viviendo y se dediquen a pregonar la idea de la necesidad de la lucha, que se indignen ante lo que estamos viviendo.

Otra idea era que toda esa magia y todas esas letras que se encuentran atrapadas en los libros cobraran vida y generaran otros proyectos.

¿Cómo pasarían de las letras a la acción?

Buscábamos crear una sinergia entre proyectos que combinaran cultura, estudio y acción, dirigidos al uso de una movilidad alternativa –siempre con la bandera del medio ambiente-, de la recuperación de espacios públicos, la denuncia de la cantidad de comida que se desperdicia a diario en los países más industrializados y que promulgan una cultura de consumo indiscriminado desigual.

En el espacio de la biblioteca surgió una unión con más organizaciones, y fue así como se formaron varios movimientos sociales estables, algunos aún continúan como ‘Comida no bombas’ , ‘Pueblo Bicicletero’ y ‘La Bola’. Intentamos hacer un taller de serigrafía y otro de medios libres, pero falló por la falta de un método organizativo.

¿Cuáles fueron los principales problemas en la biblioteca?

No había remuneración económica, el trabajo era voluntario y quienes abrazamos el proyecto éramos personas que no teníamos estudios específicos sobre la organización de una biblioteca. Además de que se necesitaba inyectar fondos para poder mantener a la biblioteca, trabajábamos por amor al arte.

Es un proyecto que requiere de compromiso, responsabilidad y disciplina. En Monterrey en particular, muchas personas malinterpretan el término anarquista. Se van simplemente a la derivación etimológico “sin autoridad”, pero no entienden que no es lo mismo que “irse por la libre”, sin disciplina, método de trabajo u organización. Eso generó muchas fricciones.

¿Qué faltó en la biblioteca?

Yo creo que mi compañero habló de la parte bonita del proyecto y es muy importante destacarla, pues hay que reconocer nuestros logros. Sin embargo existe una parte incómoda que es también necesario resaltar. La mayoría de las organizaciones prefieren callar ante los errores, no tienen capacidad autocrítica a pesar de que es una parte necesario en un grupo cuyo objetivo es madurar y persistir.

En la biblioteca nunca lo hicimos y cuando se intentaba parecía que era una confrontación personal, no se veía como un intento de pedir apoyo para que los frutos fueran mayores y se pudiera gozar de ellos. Esa es la satisfacción en un proyecto, verlo rodando, vivo. Es lo que se busca.

¿Cuál era el perfil de los voluntarios?

No era la comunidad en donde acude el burgués, el policía o el violador. Era una comunidad con ideología anarquista y como tal, la destrucción del capitalismo era nuestra máxima consigna. Al expropiar libros y ponerlos a las manos de la juventud, según nosotros teníamos un claro mensaje en ese acto. Las editoriales hacen demasiado lucro con sus costos tan elevados. Dejan inaccesible el conocimiento para muchos sectores y los libros terminan convirtiéndose en algo innecesario, ya que la clase baja tiene otras preocupaciones como pagar comida, luz, agua o transporte público… A través de eso se trata d elitizar la cultura, y con la biblioteca nosotros tratábamos de aportar una respuesta.

Háblanos de la expropiación…

La hacíamos primero por falta de recursos para hacernos de nuestro archivo, aunque partíamos de la primicia que la lectura es universal. Esos libros no los queríamos para nuestro uso personal, no nos interesaba levantar nuestro ego, sino ponerlos al servicio de las personas.

Consideramos que la expropiación es una clara denuncia de como la vida misma se ha vuelto una mercancía: la transformación de libros en bienes es un proceso capitalista. Como anarquistas libertarios, siempre abogábamos por la destrucción del capitalismo. No queríamos reformarlo, sino destruirlo. Pero fuimos muy abiertos en el proyecto y en su ideología.

¿Cómo elegían los libros?

Era variado, leíamos reseñas, libros sobre los movimientos sociales, que contuvieran alguna crítica expresa de la realidad social, política, económica, o de movimientos actuales como el levantamiento de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) los sindicalistas del Distrito Federal, de la lucha de los obreros de fundidora etc…Temas actuales y pasados.

Lo hacíamos entre dos compañeros, llevábamos libros para que se creyera que éramos muy buenos compradores y pedíamos bolsas en las diferentes editoriales. Habíamos comprado ya en diferentes módulos de librerías, nos vestíamos como ‘jóvenes normales’ y nos cuidábamos de los guardias de seguridad. Usábamos diferentes métodos, el descarado: “mételo en la bolsa y sigue caminando”. Otra: “Ábrelo, comienza a leer mientras caminas poco a poco (muchos stands no tienen delimitación de su especio) y cuando te has alejado lo suficiente, el libro es tuyo”.

¿Cuál sería tu autocrítica?

El tener una biblioteca es un trabajo de admirar y reconocer. Lo que nos faltó en el proyecto fue acercarnos al pueblo, terminamos con un proyecto encerrado bajo cuatro paredes: hacíamos eventos al aire libre en la explanada de Colegio Civil, actividades culturales de música y de denuncia, pero nunca tuvimos ese acercamiento con el pueblo, nunca nos empapamos de esa sensibilidad necesaria, de lo que sufre el pueblo día a día. Hacerlo hubiera significado un verdader crecimiento del proyecto, aunque el hecho de simplemente tener una biblioteca para una sector ya es un progreso. Pero si el ideal es luchar por destruir el sistema, que tortura y mata lentamente a quien lo sufre y chupa la vida del pueblo trabajador, si tocaría introducirse en la comunidad, no esperar a que lleguen a buscarte.

Otro de los objetivos era reconstruir el tejido social que se destruyó con la creciente narcocultura. Esa oda al dinero y a la violencia que se ha generalizado entre las juventudes del pueblo trabajador, de la carne de cañón de esos grupos.

Solemos abandonar ese sector por que definitivamente es tedioso y gris. Pero l pequeña burguesía y la clase media nunca harán revoluciones por si solas. Eso es lo que nos faltó, involucrarnos no nada más de palabra, sino en la acción y en la práctica diaria.

¿Qué sucedió con los libros?

Están guardados, en la comunidad en la que estoy, la biblioteca no es un brazo del movimiento, por mi sola no le podría dar vida ni mantenerla. El trabajo que estoy haciendo es muy distinto, lo que hago es estudiar problemas para solucionarlos. Son problemas monótonos. Dificultades con el seguro popular, mujeres enfermas muriendo por infecciones sin nadie que las ayude, el alto cobro de los servicios básicos, etc…

¿Qué has aprendido en la comunidad?

Que no puedes llegar a decirle a la gente que hacer, o que están mal; he conocido la vida pesada, la vida gruesa, jodida a lo gacho, mujeres golpeadas por los maridos y maridos que también sufren. Poco a poco, a medida que me familiarizaba con los problemas me di cuenta de que se pueden solucionar algunas cosas, introducir cambios, pero hay que organizarlos bien. Desde luchar junto con la colonia para poder obtener drenaje. Una biblioteca no tiene relevancia entre ellos, sus prioridades son otras y en su mayoría no saben leer. Hay que aprender del pueblo y formarse a la par. Lo reconozco en mí, estaba en las nubes y luego toque tierra al llegar a la colonia y arranqué desde abajo.

¿Qué va a ocurrir con los libros?

Van a ser donados a otros proyectos, el método organizativo tiene que existir, el hecho de que el pueblo trabajador se instruya es básico para que puedan en un primer momento romper con el engaño en el que crecieron toda su vida. El gobierno usa el engaño para permanecer el poder, un pueblo instruido no permitiría tanta explotación y tanto abuso.

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