Por Wendy Mendoza Sánchez

En un país tan ultrajado por las acciones y omisiones políticas, ¿qué se puede esperar? Claro que la caminata hacia la justicia será muy, pero muy larga; tenemos toda la Historia esperando por justicia. Ya hasta parece la tierra prometida, parafraseando los textos bíblicos. Sin embargo, no podemos quedarnos como espectadores.


Javier Sicilia, poeta, toma acciones que a raíz de la muerte de su hijo, víctima de la violencia desatada por la guerra contra el narco en México, nos permiten ver a nuestro país muy lejano de la paz y la bonanza que se nos vende todo el tiempo.


Este libro narra historias que me estremecieron y desconcertaron, porque algunas no tienen ni lógica ni razón de ser. Existen sólo por los intereses económicos y de poder que así lo han determinado.


Además, el libro ofrece una explicación clara de por qué hacer un viaje tan largo, hasta el corazón de la nación que ha ideado esta “guerra” contra el narcotráfico y que le resulta un negocio redondo. Pone de manifiesto que las autoridades, tanto de México como de su poderoso vecino comercial, no pretenden terminar con las drogas ni su mercado, sino alimentarlo y de este modo incrementar sus ganancias.


La Caravana por la Paz optó por evidenciar la tragedia que se vive en México en las calles de la nación que así la ha generado desde hace algunas décadas, y establecer lazos con organizaciones civiles de ese país y otros más que se sumen a la causa. Eso es mucho más de lo que medios de comunicación y diplomáticos mexicanos han hecho y es digno de reconocerse.


Dicha caravana es un aliciente en esta lucha, que para los menos optimistas parece cada vez más lejos de un final. La caravana es, como dice Jonh Gliber, “un disparo de aliento” contra Estados Unidos y sus dirigentes, que son los arquitectos de esta guerra sin sentido.


Considero que esta caravana es legítima; es justa y merece ser multiplicada, no sólo en nuestros corazones, sino traducida en acciones. Como diría Galeano, “gente pequeña haciendo cosas pequeñas”. Afortunadamente, y gracias a acciones como las de las víctimas de la guerra contra las drogas, la caravana ha traspasado las fronteras y así ha sumado fuerzas a favor de la Paz, que, dicho sea de paso, no es la misma paz a la que se refieren los políticos y fuerzas del orden.


* Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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