Para dondequiera que uno vaya, sin duda alguna la música ambiental es acorde a la temporada. Por lo que desde muchos sitios brotan los empalagosos villancicos tradicionales, siempre reconocibles aún cuando sus melodías estén interpretadas en ritmos que van de lo ranchero y la banda al hip-hop.

Así, gusten o no, ahí están los hits estacionales interpretados por voces de sobra conocidas. No falta el José Feliciano, ni la Tatiana; tampoco el Mijares, las Pandoras, la Daniela Romo o la Yuri, porque… “Navidad, Navidad, hoy es Navidad. Es un día de alegría y felicidad. ¡Ey!”.

Para los espíritus Grinch, que tampoco faltan nunca en estos días, semejantes sonsonetes con peces que no se cansan de beber y beber tienen visos de tortura.

Tormento apenas superado por la abundancia de arbolitos nevados, lucecitas intermitentes, esferas brillosas, moños afelpados, Santa Claus barbudos y panzones, angelitos por puños, guirnaldas por kilos, cajas de regalos por montones y, sobre todo, eso que ellos llaman las “familias garapiñadas”, que llegadas de todos los puntos cardinales andan muy cargadas de aguinaldos, bonos canjeables, tarjetas de crédito o débito; leleando siempre en bola, en búsqueda de los regalos navideños

Generalmente, la “familia garapiñada” típica está integrada por padre, madre y uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis o más hijos. Aunque también se da el caso que, a manera de agregados culturales, en ella se acoplen todo tipo de familiares o conocidos: la suegra, dos o tres cuñadas, concuñas, comadres, tías, sobrinos, primos, la abuelita y uno que otro vecino. ¡Ah!, además de una coqueta mascota adornada con cuernos de reno o gorrito de Santa Claus.

Su comportamiento habitual es el de ir haciendo compacto amasijo cuasi blindado por donde quiera que anden; ya sean banquetas, tiendas comerciales, plazas públicas, transporte idem, estacionamientos o cualquier otro transitado espacio que se atraviese en su camino.

Sin olvidar que cargan bolsitas y bolsotas, paquetes y cajas en todos tamaños y colores, carriolas y pañaleras para los bebés, bastones para las obligadas selfies grupales, vasos copeteados de chorreante comida chatarra, múltiples objetos no voladores ni identificables y, si es necesario, hasta la también tradicional jaula del perico.

¡Imposible intentar cruzar por en medio, a un lado, al otro, alrededor, bajo, sobre o contra de semejantes apelmazamientos humanos! ¡Apenas brincarlos sería la opción viable para cualquier individuo que ose caminar solitario por la vida en esta época del año! Pero… ¡eso sí que es casi imposible!

¿Quién no ha visto haciendo fila a una familia de “garapiñados” frente a la caja de cualquier centro comercial? Ahí están todos, haciendo bola, es-tor-ban-do a más no poder, así sea nada más para pagar un chicle, o una botella de agua de dos litros, pa’ que les ajuste a todos aunque sea de a traguito.

Y no se diga al cruzar una calle. ¡A veces hasta van todos agarraditos de la mano y con los brazotes estirados a más no poder! ¡Como si estuvieran bailando una encontrada danza de cuadrillas!

Los pobres Grinchs, individuos solitarios por naturaleza, pasan las de Caín localizando el huequito por donde poder colarse entre ese “garapiñado” gentillal, al que le vale un cacahuate los que vienen enfrente; porque ellos, los garapiñados”, van con toda la actitud del “Voy derecho, y no me quito”. Así que, ¡pásele por dónde se pueda!

Pareciera que la temporada navideña acrecienta nuestro natural y mexicano gregarismo guadalupano a niveles máximos. Por aquello de que es tiempo de estrechar los lazos familiares, de aparentar el amor al prójimo o a la prójima, el perdón y la reconciliación, el olvido de las afrentas y, especialmente, la necesidad de gastar lo que no se tiene hasta quedar bien endeudados buena parte del año que entra; que para algo se inventaron los 3, 6 y 12 meses sin intereses.

Lo cuestionable del gregarismo de la “familia garapiñada” es su evidente espíritu montonero. En otras palabras, su falta de civilidad ante los derechos de los demás, sean o no Grinchs.

Así que ya lo sabe: si usted es un consumado Grinch y no quiere ir toreando bolas de “garapiñados” en esta temporada en que ellos abundan, mejor quédese en su casa leyendo un buen libro, escuchando buena música, viendo buenas películas, y… ¡pase una muy feliz y desgarapiñada Navidad!

Por Carmen Libertad Vera

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