Por Denise Alamillo

Foto por Victor Hugo Valdivia (Festival de Zombies)

No conozco a Jovita. Supe de su existencia en Distrito Federal cuando me habló de ella Emilie, una francesa que apareció mágicamente en mi vida en uno de sus viajes por el mundo cantando en los lugares más recónditos del planeta. Emilie tampoco la conoce en persona.

Tragedia

pareja_2Jovita lleva desde julio del año pasado en la cárcel. ¿Su crimen? Ser humilde, indígena y vivir en un contexto social en el que le ha tocado someterse al maltrato, los golpes y las amenazas de su concubino.

A sus veinte años de edad y a pesar de su desnutrición, Jovita dio a luz a un pequeño que nació por medio de cesárea. Menos de quince horas después fue dada de alta en la clínica, con la herida aún abierta y un sangrado posparto, salió caminando con bebé en brazos; su concubino le pidió la criatura en varias ocasiones y ella se negó a entregarlo hasta que él se enfadó mucho y se lo arrebató. Él aceleró el paso mientras Jovita le seguía detrás. Unas cuadras más adelante él había metido a su hijo en una bolsa negra y se había sentado encima de él asfixiándolo hasta la muerte.

Sabemos que después de eso él le mostró la bolsa con su hijo ya muerto y la amenazó de muerte si decía una sola palabra. Poco después él fue a denunciar al Ministerio Público que le habían robado a su hijo pero con las inconsistencias de sus testimonios la policía averiguó lo que había sucedido.

El Juez

Jovita fue acusada de: “homicidio simple por omisión” en agravio de su hijo. El juez argumentó que ella no hizo lo que le correspondía para salvar la vida de su hijo. Llegó a decirle: ‘Un animalito defiende más a su cría que tú’.

El Juez Séptimo de lo Penal en el Distrito Judicial del Centro de Oaxaca, dejó de lado los antecedentes de violencia doméstica y las amenazas que Jovita había vivido y que diversos testimonios de testigos confirman, no le importo su estado físico ni emocional. Desde su mirada, ella es culpable por no haber dado la vida en el intento de salvar la de su hijo, y esta idea le bastó para dictar los 7 meses de prisión que lleva Jovita encarcelada (más los que faltan) esperando una sentencia que finalice el proceso judicial en el que se encuentra.

La burocracia

Parecería que en este punto comenzó un desafortunado peregrinar de los padres de Jovita, quienes han dejado abandonada su milpa para iniciar los procesos burocráticos que han tenido que enfrentar cada día buscando ayudar a su hija a salir de la cárcel, sin tener recursos económicos, ni la educación mínima necesaria para defender derechos que ni siquiera saben existentes. ¿Derechos? Nunca los han vivido como tal, por eso he planteado: “parecería” pues este no es el comienzo, su vida entera tal y como la mayoría de las vidas indígenas comparten las condiciones de vida en que la familia de Jovita ha sobrevivido: enfrentándose a una cantidad inimaginable de abusos e injusticias.

El padre

Emilie, luego de platicar con los padres de Jovita decidió encaminarse a documentar video en la comunidad en que tienen sus milpas.

Venimos de un pueblo marginado” -dice el padre de Jovita mientras se le quiebra la voz- “mi hija no tiene la culpa, ella no pudo correr ni pudo rescatar a su hijo, el la hizo caminar muchísimo mientras ella tenía el dolor del parto.”

La modestia con que el padre de Jovita se refiere, ubica al Juez como si fuera ‘El todopoderoso’ ‘El soberano’ que tiene la vida de su hija en sus manos. El señor busca ser escuchado, pero su voz se llena de suplicas, una sumisión desbordante. Un corazón amable y agradecido con las ONG’s que le han apoyado.

Defensa

Existe un amparo interpuesto por Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad Oaxaca, una asociación civil que tiene más de diez años trabajando por una vida en libertad para las mujeres. Sin embargo el amparo no ha surtido efecto. Jovita sigue en la cárcel, los procesos judiciales en el país son muy lentos y las autoridades los alargan más. El caso está programándose para Marzo o Abril sí es que no lo prolongan.

Desde que supe sobre esta situación, comenzaron a rondar sentimientos de impotencia y rabia. Con el paso de los días me saltaba más obsesivamente la presencia de Jovita en mi vida. Había yo quedado tocada por ella y de alguna forma tendría que darle lugar, esto lo confirmé tras un par de noches con pesadillas en las que Jovita y su hijo aparecían. Desde Monterrey no es mucho lo que puedo hacer, pero estoy intentando contar lo poco que se. 

Acá la petición online, http://ow.ly/sWYGQ

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