¿Cómo reaccionan los vecinos de un barrio bravo cuando el gobierno quiere convertir sus casas en un túnel?

Por Alma Vigil

Las protestas

Incautos, cientos de automovilistas siguen su trayecto diario por el centro de Monterrey sin saber que su rutina será interrumpida súbitamente durante más de tres horas. Desde lo alto de la Loma Larga, vecinos de la vilipendiada colonia Independencia bajan hasta el cruce de Pino Suárez y Ocampo cantando “no al túnel. No al túnel”. Son las 5h30 cuando más de 70 personas, en su mayoría amas de casa y niños, comienzan la protesta alzando sus pancartas fluorescentes. En medio del grupo, una madre joven que carga a su bebé recién nacido también defiende su barrio.

Ciento veinte minutos después, en la hora pico, la cosa se empieza a calentar, y no sólo porque todavía es verano. Los conductores hastiados y furiosos comienzan a arrojar sus coches sobre los manifestantes tratando de salir del caos vehicular. Los que protestan, renuentes y aún más enfurecidos, imposibilitan el paso. Dejan transitar sólo algunos autos, entre ellos un ecotaxi que transporta a una señora al hospital por un malestar. No hay golpes ni agresiones a pesar de que la tensión se incrementa. Reporteros de diferentes medios rodean la manifestación. “¡No me tomes fotos! ¡Que no me tomes fotos!”, le gritan los vecinos a una fotógrafa de un periódico local que prefiere el anonimato.

Juana Ordaz “Juany”, una de las organizadoras de la manifestación, protesta para defender el hogar que habita desde hace más de cuatro décadas. Como muchas mujeres, esconde los años. En la Independencia vio crecer a sus cuatro hijos que ahora están casados y viven en otros lugares. Juany permanece en la casa donde creció, ubicada dentro de una vecindad en la calle Colima. Días antes de la protesta, el alcalde de San Pedro, Ugo Ruiz, anunció la posible destrucción de una parte de la Independencia para perforar un enorme hoyo en medio del cerro. Luego de escuchar la noticia, Juany recorrió casa por casa de su colonia con su amiga Elizabeth Sánchez “Bety”. “¿Vas a defender tu casa o no?”, fue su pregunta para cada uno de los vecinos. De esta manera se reunieron y marcharon hasta la avenida Pino Suárez.

Doña Chonita

Dice María Encarnación Alvarado “Doña Chonita”, de 91 años, que si no tuviera las rodillas lastimadas, también hubiera ido a defender su patrimonio. Ella vive en la misma vecindad que Juany desde 1939, pero la Independencia ha sido su hogar desde que nació, allá por marzo de 1922. Sus padres también crecieron en esa colonia. Su casa es pequeña y humilde. Al muro de enfrente lo adorna un grafiti que dice “El Cholo”. Doña Chonita tuvo ocho hermanos; todos han fallecido, al igual que su esposo. Nunca parió hijos y pasa la mayoría del tiempo sola, aunque una sobrina la visita ocasionalmente y la acompaña a cobrar los 700 pesos mensuales que el gobierno de Rodrigo Medina destina a personas de la tercera edad en situación de bajos recursos. Además, Juany siempre está al pendiente de ella. Un día corrió y vetó a un sobrino de Doña Chonita que llegó drogado a robarle los pocos pesos que tenía guardados en una antigua máquina de coser, su más grande tesoro.

Durante la manifestación, integrantes de la Fuerza Civil y Tránsito de Monterrey arribaron de inmediato al lugar y controlaron la situación. Dejaron un carril libre para que fluyera el tráfico. No obstante, los manifestantes siguieron con su cántico para salvar a la Independencia, hogar de más de 2 mil familias desde hace 30, 60 y hasta 90 años.

Personas de la tercera edad, con lágrimas en los ojos y llenos de coraje, también desfilaron hasta el cruce de la manifestación para proteger sus patrimonios. La obra pública conectaría las avenidas Pino Suárez y Cuauhtémoc en el centro de Monterrey, a través de la calle Colima, con la avenida Rufino Tamayo en San Pedro Garza García, donde casualmente se encuentra el EGADE Bussiness School del Tecnológico de Monterrey. La destrucción abarcaría desde la calle Oaxaca a Campeche y de Moctezuma hasta arriba.

María Palacios “Mary”, de 83 años, protestó afuera de su casa en la calle Colima -aunque no pudo caminar hasta el punto de reunión- junto con otra decena de vecinos, cargando pancartas y gritando “no al túnel. No al túnel”. Ella recuerda lo mucho que ha cambiado la colonia. De una bolsa de plástico saca una foto antigua en blanco y negro que muestra una chica joven frente a una casita de madera rodeada de árboles. “Esta soy yo –dice Mary–. Antes aquí no había nada, era puro monte. Todos fueron construyendo sus casas poco a poco”. Su hogar ahora es de concreto, pintado de rosa por fuera y por dentro. Lo rodean más casas. Tanto Juany, Bety, Doña Chonita y Mary aseguran que los vecinos de la Independencia son muy unidos; siempre se apoyan mutuamente y juntos se enfrentan a diversos obstáculos como el plan de construcción del túnel.

Los acarreados

Resalta la pregunta: si los vecinos de la colonia son tan unidos, ¿por qué a la manifestación no asistieron ni cien personas, siendo que en la Independencia viven más de 2 mil familias que pudieran ser afectadas? A primera vista, hay cuatro posibles respuestas:

1) A la hora de la manifestación, lo más probable es que la mayoría de los vecinos, en especial los hombres, anduvieran trabajando.

2) Apatía. En Monterrey es común el desinterés por participar en movimientos sociales.

3) Desconocimiento de la protesta. Juany y Bety recorrieron solamente las casas de la calle Colima. Ambas afirman que cuando avisaron a vecinos de calles aledañas sobre la protesta, dijeron con reticencia que a ellos no les afectaría la construcción del túnel.

4) No participar en un movimiento orquestado con fines políticos.

Luego de ese 20 de junio hubo rumores de que la manifestación había sido manipulada por representantes de partidos políticos para afectar el gobierno panista de la alcaldesa Margarita Arellanes. Se decía que los vecinos recibieron despensas y 500 pesos a cambio de que fueran a bloquear la avenida. Entre los gritos sonaban críticas incesantes a la alcaldesa. “Cuando fue a las calles a pedir nuestros votos, la alcaldesa fue y tocó en nuestras casas. ¿Por qué no viene ahora? Que venga”, protestó uno de los 15 hombres que asistieron a la manifestación. “De volada se veía que eran acarreadas”, dice Julián, reportero de un periódico local

que llegó a cubrir la nota y cuyo verdadero nombre también permanecerá oculto por razones de seguridad. “La manifestación –señala– era encabezada por una señora gordita, morena, de cabello negro”. Julián asegura que “torció” varias veces a esa señora hablando por celular con alguien al que le preguntaba cuándo detener el bloqueo. A la Independencia se le identifica como una colonia priísta desde hace décadas, aunque han mostrado una preferencia por el Partido Acción Nacional (PAN) en las últimas elecciones. Aún así, siendo un barrio en el que muchos sufren situaciones precarias, una despensa y 500 pesos parecen una fortuna, sin importar de qué partido vengan.

En las redes sociales se especulaba que lo que ocurría en Pino Suárez y Ocampo era un narcobloqueo. La ciudadanía esperaba lo peor.

La última vez que Monterrey sintió un calor como el de ese jueves, fue hace poco más de un año. El 24 de febrero de 2012, los “tapados” hicieron su aparición final al bloquear la avenida Félix U. Gómez. Ocasionaron un embotellamiento que duró horas y creció cuando dos automóviles que buscaban evadir el narcobloqueo chocaron contra un muro de contención. En contraste, la manifestación del túnel fue pacífica, aunque abundaron los “chingas a tu madre”.

En esta ocasión, el sol ya se escondía cuando la protesta llegó a su fin. El tráfico volvió a la normalidad. Los vecinos se fueron a sus casas luego de un diálogo con los representantes del municipio. Les fue prometida una reunión al día siguiente con Sandra Pámanes, secretaria de Ayuntamiento. Margarita Arellanes, en el momento de la manifestación y la reunión, estaba en Oaxaca en un encuentro de presidentes municipales.

Durante la reunión, Felipe González, el subsecretario de gobierno y otros funcionarios negaron rotundamente que la construcción del túnel estuviera contemplada en el Plan Municipal de Desarrollo Urbano o el Plan Metropolitano de Desarrollo Urbano. Reiteraron que ni el municipio ni Margarita Arellanes tienen intención de permitir la obra pública que estaba dentro del Plan de Desarrollo Urbano de San Pedro.

Esta vez, los vecinos de la Independencia ganaron.

Bety y Juany

Sobre la calle Colima, en una barda blanca con letras oscuras y grandes se puede ver la leyenda “No al túnel”. Más adelante hay otras paredes pintadas igual. Frente a una de ellas, la que está cubierta por un árbol de buganvilia, queda la casa de Bety Sánchez.

Esto no es con fines políticos –asegura Juany en diversas ocasiones– lo hicimos porque amamos nuestras casas y nuestra colonia”. ”Sabemos que hicimos mal, que molestamos a mucha gente que venían cansados de sus trabajos –interrumpe Bety– pero, ¿qué tal si hubieran sido sus casas las afectadas? ¿Ellos qué hubieran hecho?”.

Bety y Juany se conocen desde niñas. Cuando Bety iba a casa de su tía que vivía en la calle Colima, conoció a muchas personas de la Independencia, entre ellas Juany. Ahí también vio por primera vez al amor de su vida, con quien tuvo dos hijos que crió en casa de sus suegros, donde vive desde hace más de 30 años.

Entre todos los integrantes de la familia construyeron la casa y juntos han trabajado por ella. Ambas son promotoras de un centro de salud. Con frecuencia organizan actividades para apoyar a todos los vecinos. Hacen campañas de prevención contra la tuberculosis y promueven las pruebas del Papanicolaou. También realizan brigadas para los habitantes de la colonia.

Son integrantes del Programa de Acción Comunitaria de la Independencia, iniciativa de Margarita Arellanes que tiene por objetivo dar atención a las necesidades de cada colonia de Monterrey. Además pertenecen al Comité Unión Pino Suárez que es parte del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Los inicios del túnel

En la Independencia, Paulino caminaba por la esquina de las calles Libertad y Oaxaca cuando le preguntaron si era vecino de la colonia y si asistió a la manifestación. Sí vive en la Independencia, pero asegura no haber participado en las marchas. Según Paulino, las protagonistas de la manifestación son un grupo de señoras argüenderas que aceptaron 500 pesos de un político.

Minutos después pasó Angelina, una vecina que llevaba puesto un vestido floreado y portaba un paraguas rosa, también adornado con flores, para protegerse del agresivo sol. “Allá en la esquina en aquella casa vive Bety, una de las organizadoras” señala Angelina. Cuenta que el rumor del túnel existe desde hace mucho tiempo. Ella recuerda que la primera vez que escuchó sobre eso fue poco tiempo después de la construcción de la Macroplaza, inaugurada en 1984.

Ugo Ruiz no inició el proyecto del túnel. Varios han intentado llevarlo a cabo, sin éxito. Mauricio Fernández, su antecesor, también trató. Esa ocasión los vecinos protestaron en la colonia, en el punto de la loma donde planeaba ser construido. Pero nadie supo de esa manifestación, o al menos los medios no tienen ningún registro de ella. Por diversas razones, el proyecto se trasladó a un sitio mucho menos poblado. El resultado fue la construcción del túnel Loma Larga que conecta Venustiano Carranza en el centro de Monterrey con Lázaro Cárdenas en San Pedro Garza García.

La idea de un túnel que atravesaría la Independencia comenzó en la administración del ex gobernador Jorge Treviño, pero se concretó hasta los noventa cuando su sucesor, Sócrates Rizzo, ocupó el puesto. En entrevista, Sócrates Rizzo señala que, por su parte, nunca realizó boceto ni maqueta del túnel porque quería asegurarse de proteger a los habitantes de la Independencia antes de realizar cualquier acción. Advierte también que un funcionario de obras públicas dio un informe falso para un periódico local que dictaba que los vecinos de la Independencia serían acomodados en un alto edificio, causando gran indignación entre los habitantes. Intervino en contra la entonces regidora Leonor Garza Salinas de Barocio, tía de Carlos Salinas de Gortari, y se canceló el proyecto.

Cuando Ugo Ruiz anunció el túnel, también declaró que en su visita al Distrito Federal negoció 3 mil 300 millones de pesos para su construcción. Lo que no dijo fue cuánto de ese dinero sería destinado para liquidar a los habitantes de la Independencia. El plan del túnel incluía su traslado a La Alianza, una colonia ubicada en los límites de Monterrey, cerca del Libramiento Noreste. Para llegar al Centro en camión harían más de dos horas de camino.

Arriba de la Indepe

Más arriba, en una casa de madera en la esquina de Colima y Tepeyac, viven Marcelina López y Martín Castro. Están casados desde hace ocho años y tienen cuatro hijos pequeños que asisten a la escuela de enfrente, la cual también sería destruida para el proyecto del túnel. Ambos participaron en la manifestación. “Mucha gente peleó sus terrenos y sufrió soles. Un tiempo no teníamos ni agua y teníamos que cargarla desde allá con los bomberos. Lo que tenemos lo tenemos por nuestro sudor y nuestro trabajo. Ahora el de San Pedro quiere tumbar y aventarnos a las orillas. Que se vaya él para allá”, dice Marcelina.

Todavía más arriba en el cerro, pasando Tepeyac, afuera de la Frutería Ramos, está José Luis Ramos, dueño de ese comercio, y Verónica Salazar, de 40 años. Verónica vive dos casas más abajo y también se manifestó. “Cuando se presentaron los policías en el bloqueo les preguntamos que por qué aquí sí están pero cuando se escuchan los balazos en la colonia nunca suben. Hace unos años sí se puso muy feo en la colonia. Aunque ahorita, gracias a Dios, ya está más tranquilo”, dice Verónica. A ella lo que le gusta es andar en la calle. Disfrutaba de la noche hasta que la guerra en Monterrey la obligó a meterse a su casa más temprano y encerrarse. Ya no salía como acostumbraba. Cuando la situación se puso más peligrosa, para las 19h00 ya estaba metida en la casa. Por eso también pelea contra el túnel. Dice que si aún estuviera como hace unos años, lo más probable es que ni hubiera protestado.

La colonia Independencia siempre ha sido estigmatizada. Tiene la mala fama de albergar delincuentes y drogadictos entre sus manzanas. No obstante, varias de las vecinas aseguran que en el tiempo de la guerra, los narcos llevaban Zetas a la colonia para que hicieran sus maldades y la culpa recayera sobre habitantes del lugar. Durante mucho tiempo se escucharon balaceras por aquel rumbo.

La posible manipulación

Días después de la manifestación, la prima de la amiga de una señora que vive en la Independencia relató que a esa mujer (la señora) la habían amenazado con golpear a su hijo si decía que litigantes del Partido de la RevolucónDemocrática (PRD) fueron quienes ofrecieron las despensas en la colonia.

El jueves 27 de junio se llevó a cabo la Sesión de Cabildo donde, entre otros temas, también se abordaría el de los vecinos de la Independencia. Juany y Bety fueron de las primeras en arribar al Palacio Municipal para la sesión con la alcaldesa. La reunión fue programada para las 11h00. Juany y Bety ocuparon los asientos centrales de la primera fila. La sala se llenó. Media hora después llegó Margarita Arellanes, ocupó su asiento, tocó una pequeña campana situada en la mesa y comenzó la sesión. Tras algunas adulaciones dirigidas a Arellanes por parte de los regidores y después de tratar temas como el de la Policía Regia y la plaga de zancudos que trae consigo el verano, la alcaldesa dio su pequeño discurso respecto al caso del túnel: “una primicia de este gobierno municipal para cualquier obra o acción ha sido tomar en cuenta a los ciudadanos. Los planes municipales o metropolitanos no pueden estar por encima de sus intereses. Esos planes tienen que ir armonizados con las necesidades de cada uno de los regios”. Aclaró que cualquier proyecto para mejorar la vialidad tiene que estar basado en estudios previos, análisis, conteo, origen y destino. Según su declaración, a Monterrey diariamente llegan más de 1 millón de personas.

Al finalizar la sesión, se le preguntó a la alcaldesa si creía que la manifestación fuera manipulada por parte del PRD como una forma de presión para quitar la demanda que le puso a Roosevelt Joel Sánchez, militante del partido de izquierda, por supuesta extorsión y venta de amparos falsos a los comerciantes de la Plaza Morelos que fueron removidos violentamente de su lugar de trabajo para la remodelación del lugar meses antes. La respuesta vino de Sandra Pámanes: “sí hubo comentarios cuando nos presentamos a esta situación del bloqueo. Hubo personas que se acercaron a los vecinos resaltando el tema de una declaración jurídica que había hecho la alcaldesa”.

Tanto el PRI como el PAN se deslindaron de cualquier participación en torno a la protesta del túnel. Para ambos la manifestación no tuvo ningún fin político, sino que fue un acto organizado por los vecinos para proteger sus patrimonios.

Por lo general, cuando los políticos quieren cumplir sus caprichos, los que pagan los platos rotos son los habitantes de escasos recursos de las colonias populares. Los vecinos terminan cediendo su terreno y los expropian con cantidades muy por debajo de su valor comercial. Por el momento, Margarita Arellanes declama estar en contra de la creación de este túnel, justo cuando se especula acerca de su posible candidatura al gobierno del estado. Pero en política todo va siempre muy rápido…

El domingo 30 de junio, El Norte vinculó a Eduardo Arguijo, diputado del PRD, con los movimientos sociales del estado, especialmente con el Frente Nuevo León. Más tarde, alrededor de 500 personas acudieron a la toma de protesta de la Unión de Sociedades Juveniles, conectada al mismo movimiento, en el kiosco de la Macroplaza. El evento no pudo llevarse a cabo porque casualmente se traspapeló el permiso solicitado. Cuando se le preguntó a Mayra Díaz, presidenta de la Unión de Sociedades Juveniles, sobre la participación de políticos en los movimientos respondió: “se han estado uniendo gente de la política o funcionarios públicos, pero en apoyo. Creo que están interesados en ayudar a la juventud y seguir sacando adelante a nuestro estado”.

Al aprobar Margarita Arellanes el plan de remodelación de la Plaza Morelos, de acuerdo con diversos testimonios, no hubo consulta previa ni negociación con los comerciantes. Con ayuda de policías armados, la alcaldesa logró un desalojo hostil. A partir de entonces los comerciantes organizaron varias manifestaciones, en algunas de las cuales respondió la policía regia con violencia.

María de los Ángeles Sánchez, representante de la Asociación de Comerciantes, asegura que cuando Eduardo Arguijo tomó el control del caso de los comerciantes, Sandra Pámanes, escudada por Margarita Arellanes, le pagó 500 mil pesos para calmar el asunto.

Roosevelt Joel Sánchez, quien trabajó para Arguijo en el Congreso del Estado haciendo gestorías, añade que todo el problema de la Plaza Morelos hizo que Margarita Arellanes se molestara y buscara intimidarlo con la supuesta demanda para proteger sus aspiraciones a la gubernatura. Joel asegura que no ha tenido ninguna notificación por parte de abogados en cuanto a la demanda. Los comerciantes han sido reubicados entre calles de la Plaza Morelos, donde el tráfico de gente es mucho menor y las condiciones son incómodas.

El regreso del túnel

El martes 2 de julio, en el palacio municipal de San Pedro, se llevó a cabo la habitual Sesión de Cabildo con el alcalde Ugo Ruiz. Al finalizar se hizo una rueda de prensa donde se le preguntó por la insistencia en la construcción del túnel. El alcalde afirmó que hasta la fecha piensa realizarlo. Anteriormente declaró para los medios que si no se hacía el túnel, encontraría otra forma de mejorar la vialidad en ese punto.

Es un plan metropolitano que está en los planes de desarrollo de todos los que tenemos que ver con el área metropolitana. La explicación es muy sencilla: se necesita el túnel para poder sacar todos los vehículos que van sobre la avenida Las Torres y encontrar una alternativa. Pero si no hay un acuerdo conjunto con el Gobierno Estatal, el Gobierno Federal, el Municipal de Monterrey y el Municipal de San Pedro, pues no hay túnel. Nosotros estamos listos para hacerlo, pero si no hay voluntad, pues no se puede”, dijo el alcalde.

Reafirma la existencia de un boceto desde hace más de 20 años, en tiempos de Sócrates Rizzo. Al informarle a Ugo Ruiz que Sócrates Rizzo dijo que no existía ningún boceto en ese entonces, el alcalde se quedó callado unos instantes. Luego contestó: “Pues habría que ver. El proyecto se está generando desde hace más de 20 años”.

Juany es una señora gordita, de tez aperlada y cabello negro. En su casa de la Independencia, en confianza, afirma que algunos de los seccionales que tiene cada manzana de la colonia tomaban crédito por la organización de la protesta cuando ni siquiera se manifestaron el día del encontronazo. Además señala que cuando el gobierno les destinó despensas a los habitantes a través de esos seccionales, ellos fueron los que se quedaron con todo. De hecho, varios vecinos de la colonia advierten nunca haber recibido nada por parte de estos líderes. A pesar de todo, Juany está preparada para futuras protestas y para seguir defendiendo su hogar. Todas las demás vecinas de la Independencia que se manifestaron también lo harán de nuevo. No importa cuántos automovilistas se les avienten encima o cuántos “chingas a tu madre” les griten. Hasta el final, con o sin el apoyo de políticos, ellas seguirán siendo las voces de la Independencia.

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