Por Antonio Hernández**

Cuando se oculta el sol

En felino de flores se convierte,

Recorre selvas y montañas

Para que lo tomes por nagual.

Bajo la luz de la luna

Observa la bóveda celeste

Y descubrirás las flores del jaguar

Que cada día guiarán tus pasos.

Al presentarse la alborada,

Se apagan como la lumbre,

Igual que en un sueño nocturno,

Y el día nos saluda de nuevo.

Martín Rodríguez Arellano**

Poeta ayuuk (mixe) de Oaxaca.

Hace unas semanas, en el Barrio Antiguo les compartimos información sobre la conservación del oso negro (Ursus americanus) en el Parque Nacional Cumbres de Monterrey. La motivación de hacerlo fue porque se trata de un trabajo en el que se han tenido acuerdos importantes para organizarse en la protección de estos carismáticos animales, teniendo un papel relevante en ello grupos residentes en las comunidades rurales Las Canoas y San Antonio de la Osamenta, con un trabajo que está en proceso de ser vanguardia en la conservación de esos animales, si se logra mantener la tendencia favorable de sus acciones.

Para la conservación de la fauna silvestre en Nuevo León, esos grupos no son los únicos progresistas de la entidad. Al sur del estado, en el municipio de Zaragoza, dentro de una región montañosa, con paisajes espectaculares y ecosistemas relevantes, personas de varias comunidades -bajo el acompañamiento de la Universidad Nacional Autonóma de México (UNAM)-, tienen ya un tiempo organizándose para proteger un animal al que muchas personas inmersas en lo cotidiano de nuestras ciudades, probablemene no imaginen siquiera que exista por nuestra región: el jaguar, o dicho de manera más precisa, como lo llaman en las comunidades y ejidos del sur de Nuevo león, el tigre.

En la atención a la conservación de los jaguares, se tiene una circunstancia parecida a la del oso. Eventualmente ocurre que estos felinos son muertos por personas cuyo ganado es depredado por esta especie. Y esa es una circunstancia importante y adversa, la cual debe ser atendida, considerando lo relevante del rol ecológico de la especie.

Sobre ese aspecto, se vuelve estratégica la labor conjunta de la UNAM y residentes del sur de Nuevo León, ya que son un grupo que trabaja de manera científica y sistemática en la protección de esos animales. Sería deseable que las agencias locales que deban atender el tema colaboren en fortalecer el trabajo vigente, y ampliar también de modo eficiente sus alcances. Una población de jaguar estable es un objetivo final conveniente para la integridad de los ecosistemas, y en último término, para los servicios ambientales necesarios para la viabilidad de las poblaciones humanas.

La necesidad de un mayor alcance en la atención al conflicto que se da entre comunidades humanas y el jaguar, es un indicador que refleja el requerimiento de acciones de manejo para los ecosistemas relevantes que existen al sur de Nuevo León, particularmente en la Región Prioritaria para su Conservación San Antonio-Peña Nevada.

Un paso posible y deseable es la declaratoria de Área Natural Protegida, la cual tendría que acompañarse de personal capacitado para la administración del eventual nuevo espacio protegido, y un presupuesto suficiente. En estas acciones, el liderazgo puede provenir de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, y Parques y Vida Silvestre de Nuevo León, sin dejar de considerar actores u organizaciones que también realizan trabajo de conservación al sur del estado.

Los carrizos nativos.

La introducción de especies exóticas que luego se tornan invasoras, es una problemática que ocurre dentro de los ecosistemas de las áreas naturales protegidas que existen en el entorno de Monterrey. Una de ellas es la presencia de carrizo (Arundo donax) en una mayoría de los cuerpos de agua.

Para el noreste de México se tiene registro de una especie de carrizo nativo, que ha sido amenazado por su contraparte invasora. Individuos de esta especie –Phragmites australis– es posible encontrarlos en poquísimas localidades, siendo una de ellas en Cuatrociénegas, Coahuila.

Pero ese sitio no es el único, porque también se ubica dentro de las aguas de la Laguna del Perico, en las afueras de Zaragoza, Nuevo León. Es entonces que esta localidad sureña no es únicamente zona donde se distribuyen jaguares, porque también es posible encontrar poblaciones de ese carrizo nativo mexicano que aún no han sido afectadas por la introducción de las especies invasora.

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