Para tener una idea de la grave sequía que atravesamos en Nuevo León, basta consultar los estudios del doctor en hidrología, Jaime Leal Díaz, presentados en Mitos y Realidades sobre el agua en la Ciudad de Monterrey. Segunda edición privada, realizada por sus amigos en abril 2013; ahí se puede observar que tenemos 7 años en caída libre. Vivimos una situación gravísima, pero por lo visto, a las autoridades de Nuevo León encargadas del agua, poco les importa. Juegan a promover las obras de Monterrey VI; traer agua de un afluente del Pánuco es un proyecto que huele más a negocio de unos cuantos y de la banca internacional, que a una verdadera solución para el abasto del vital líquido en nuestra metrópoli.

El doctor Leal señala que desde el 2005 estamos inmersos en un proceso de sequía que no tocará fondo hasta el año 2020. Su estudio es un conocimiento de la humedad pasada y por venir, el cual pudo elaborar con registros estadísticos oficiales de la Comisión Nacional del Agua (CNA) de la región que habitamos. Una región a la impactan los riegos del río San Juan, afluente clave del sistema hidrológico del bajo Río Bravo. El mencionado proceso de humedad que estudia Leal, abarca altas y bajas de la misma, con cinco ciclos. El Primer ciclo abarca del año de 1880 a 1910; el Segundo ciclo de 1910 a 1945; el Tercer ciclo de 1945 a 1985; el Cuarto ciclo de 1985 a 2020; el Quinto ciclo del año 2020 a 2040. Cinco ciclos con una amplitud de 32 a 35 años, es lo que estudió el doctor Leal Díaz, agregando en el periodo lustral comentado de 1880 a 2040, la precipitación pluvial en el área metropolitana de Monterrey, y por otro lado, los escurrimientos del Río San Juan, que aportan millones de metros cúbicos al año.

En el estudio del Cuarto ciclo, el doctor Leal pudo señalar que desde el año 1995 se había alcanzado el máximo desarrollo de humedad y ubicó un proceso de caída de la misma; ésta sólo guardó cierta alza de relativa mejora en los años de 2000 a 2005.

A pesar de todo,  desde el año 2005 se vive una sistemática baja en el abasto acuífero del sistema que nos corresponde, que es la cuenca del bajo Río Bravo. Los escurrimientos del río San Juan han bajado en el año 2007 a mil 50 millones de metros cúbicos por año, y es de esperarse que lleguen a 450 millones de metros cúbicos en el año 2020, para, posteriormente, iniciar un nuevo ciclo de ascenso que en el año 2030 tendrá un máximo de mil 200 millones de metros cúbicos.

Estamos viviendo un periodo de caída de humedad, correspondiente al Cuarto ciclo (1985-2020). Tal descenso lleva ya ocho años. Y todavía nos faltan siete años más de sequía, es decir, estamos entrando en una caída de por abajo de los 500 mm por año, y los 600 millones de metros cúbicos al año que ofrecen los escurrimientos del río San Juan. Una realidad dramática de la cual las  autoridades no hablan ampliamente, y ante la que vacilan para tomar medidas a fondo. La necesidad se vuelve apremiante, más cuando 45 municipios del estado padecen sequía severa desde hace semanas, según la SAGARPA, y apenas hace unos días, los gobiernos estatal y federal  emitieron la declaración de sequía.

Para el área metropolitana de Monterrey la situación no se resolverá fácilmente, buscando traer agua de otros sitios, intención manifestada por los promotores de Monterrey VI, sino respetando el monto acuífero que actualmente nos llega de 11.5 metros por segundo. La llegada de este monto se registra, pero no así su cobro en los recibos para tal fin que expide y cobra el Sistema de Agua y Drenaje de Monterrey. De esta manera queda en evidencia que se extravía un 30 por ciento del agua que llega al área metropolitana. Este proceso lleva décadas. Actualmente, se estima en unos 93 millones de metros cúbicos anuales, el agua de la metrópoli que no se sabe dónde queda. Es una pérdida que va de 900 a 2 mil 700 millones de pesos anuales para la paraestatal de Agua y Drenaje, si se calcula a 10 pesos el metro cúbico de agua para usuario de bajo consumo o a 30 pesos el metro cúbico de agua para usuario de alto consumo.

¿Quién se roba el agua? Volvamos a citar al doctor Leal: “Aparentemente el Consejo de administración de la empresa que brinda el servicio de agua y drenaje concluyó que es más barato y práctico buscar más fuentes de agua, porque localizar el agua extraviada es muy complicado y caro, pero sobre todo conflictivo y comprometedor, pues puede haber delincuencia organizada, incompetencia e irresponsabilidad compartidas”.

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