Tercera entrevista con Horacio Castellanos Moya, periodista y narrador

Por Diego Osorno

Manhattan, Nueva York.- El escritor Horacio Castellanos Moya, en el tramo final de la entrevista, después de contar su vida como periodista y las “musas” que lo inspiran a escribir, comenta sobre la violencia en su vida y obra, pero antes explica así la forma en la que trabaja después de haber escrito un libro:

Horacio Castellanos Moya: Es algo muy caprichoso, muy arbitrario. De un libro a otro pasan muchas cosas. En principio es despojarme de mi idea de mí mismo para poder ver el mundo desde el personaje. No importa si lo hago en primera o tercera persona. El personaje es el que lleva el control. Es a partir de sus necesidades que se va revelando, no a partir de una predeterminación tuya. Tienes alguna intuición y a través de esa intuición lo comienzas a construir.

Nunca, por ejemplo, he conocido a una persona como Robocop [soldado convertido en sicario en su novela El arma y el hombre], pero me lo puedo imaginar. He conocido a otra gente, pero es una construcción literaria. Lo divertido es que cuando yo construyo a Robocop, antes leí varios libros de la Contra nicaragüense que no me sirvieron para nada porque todos eran muy buenos. Y en la literatura el juicio ni para un lado ni para el otro, porque es acción y reacción ante la vida. El personaje opina lo que corresponde opinar, pero no la opinión del autor. Eso puede ser una novela mucho más omnisciente donde antes era un sólo juicio. Pero cuando te metes con este tipo de personajes, como un transgresor, tiene que ser ni para bien ni para mal. Tiene que ser su visión de mundo la que se expresa, cómo cualifica y cuantifica la vida”.

Diego Enrique Osorno: ¿Y el lenguaje? ¿Cómo vas construyéndolo?

HCM: El lenguaje es otro reto, porque el personaje sin lenguaje no es personaje. El lenguaje es un trabajo de oficio, pero antes de que se convierta en eso es una intuición auditiva. Tienes que oír. Si no escucho a un personaje no puedo escribirlo. Tengo que oírlo aunque lo escriba en tercera persona. Esa voz tiene que estar un rato en mi cerebro para que me anime a escribirlo. Puedo tener a un personaje muy bien diseñado, hacer el perfil: 60 años, exsoldado salvadoreño, actualmente maneja armas para un grupo de michoacanos. Tengo un esquema, una idea. Pero si no suena, olvidáte, ya no hay personaje. Cuando la escuchas dices “esta es la voz que necesito”.

DEO: ¿Te refieres a algo a que suena en tu cabeza?

HCM: Sí, sí. Comienzas a ver la cosas como él. Y aveces termino teniendo actitudes como si yo fuera el personaje. Es un proceso de adopción, como si fuera el personaje de tu propia persona.

DEO: Y con todo este trabajo, primero, un gran etapa periodística; ahora, en los últimos años más literaria ¿cómo caracterizas esta violencia que vivimos en México y Centroamérica?

HCM: Yo tengo algunas reflexiones sobre eso que he publicado en formas de ensayo. Desgraciadamente vemos cómo la realidad siempre rebasa la ficción. Por más malo que sea un asesino en tu libro, el reportaje de la página amarilla te lo va a botar y te va a decir “hay una más malo, pero allá en la esquina”. A partir de eso, he hecho algunas reflexiones.

Creo que evidentemente lo que pasa es un problema muy complejo que tiene que ver con elementos económicos y culturales. Pero básicamente elementos de economía. En El Salvador tuvimos una violencia de carácter político. Pero países que no tuvieron problemas políticos, como Honduras, están descompuestísimos. La década de los ochenta les costó 100 mil muertos a El Salvador, 100 mil a Nicaragua, y 100 mil a Guatemala. En Honduras murieron como 40 personas. Y míralo ahora, tanta violencia.

Sí creo que hay una cosa estructural: la gente la llama Neoliberalismo. Es un modelo en general del capital es el que está tronando al planeta. Y va seguir tronando. Y ese modelo contempla, primero, reducir al estado. Al reducir al estado dejas a un montón de segmentos de la población fuera, no les toca ni migaja. Y lo que les queda es la violencia; segundo, la reducción del estado se hace para la creación de sectores particulares, para vender seguridad. Hay gente que hace dinero con la violencia, con la inseguridad. Eso es parte del mismo paquete. Eso es un ámbito de explicación para mí. A los ricos y a los dueños del dinero les pagan mejor con la violencia.

DEO: Porque el miedo es un gran negocio…

HCM: Y lo es a nivel global como política del estado del imperio. Y lo es a nivel pequeño en los pequeños países como los nuestros, aunque México es un país grande pero que está afectado por lo mismo. No es que crea que sea como un plan. Es el modelo que existe de voracidad. Es el triunfo de la revolución neoconservadora de Ronald Reagan y del Papa Juan Pablo II en los ’80, ’81. La derrota del comunismo 10 años después evidentemente propició el surgimiento de un capitalismo de naturaleza salvaje que no tenía que competir con ningún sistema. No tenía que mostrar una cara buena, algo que sí tenía que mostrar cuando competía con el comunismo, pero ahora el comunismo es tan capitalista como capitalismo. Con ese modelo lo único que se puede generar es violencia en aquellos sectores de población que no reciben nada y que hacen feliz a lo sectores de población que se enriquecen con esa violencia, con ese terrorismo. Todo es negocio, la violencia es un negocio, la cárcel es un negocio.

DEO: Sin embargo, hay una gran cantidad de gente de Estados Unidos que ve la violencia en los mexicanos como algo genético. Charles Bowden dice esto en Murder City, su libro sobre Ciudad Juárez. ¿Cómo es que gente tan lúcida como Bowden repita esta patraña?

HCM: Mira, la violencia está en el corazón del hombre, siempre. Nada más dale oportunidad a que la exprese. No importan las razas, no importan las nacionalidades. Sólo mira la historia. Mira lo que ha hecho esta gente con Japón, cuando ya no había necesidad. La violencia está en el corazón del hombre, pero que esté más en una raza o en otra son tonterías. Más bien lo que no se quiere abordar y explicar es el modelo que está rigiendo al mundo. El modelo que sustenta que ese 1 por ciento de la población maneje todo el dinero. Y cada vez ese 1 por ciento se hace más rico mientras todos los demás estén más jodidos en medio de la violencia. ¿Por qué? Porque ellos tienen inversiones en las grandes empresas de seguridad, en las grandes empresas de armamentos. Es decir, todo es interés económico. Yo no le veo salida. La única salida es algo así como Mad Max.

DEO: Bueno, por lo menos tú tienes una salida personal que es la literatura…

HCM: Sí, bueno, una salida personal que no me exime de lo que pase en el mundo. Europa se viene a la chingada por la misma lógica. Es la pura avaricia del capital. También hay una carencia de instrumentos de análisis para entenderlo. ¿Pero qué van a hacer? Cercar el mundo, poner rejas. Está lógica que se decía era de los comunistas cuando hicieron el muro de Berlín ahora está sucediendo en todos lados. Los judíos, los gringos, todo mundo quiere hacer muros. Una cosa que está funcionando muy mal en la cabeza de los seres humanos, pero que es producto de la avaricia, de las pasiones del ser humano que no se controlan. ¿Por qué? Porque no hay con quién competir. Si somos los dueños del mundo por qué chingados vamos a hacer la cosas de otra manera. ¿Tú crees que a Slim le preocupa la violencia en México? Es un mundo muy canalla. Ayer decía que a una edad aprendí quiénes eran los tipos que estaban del otro lado y eran el ejército y los ricos. Y los siguen siendo.

DEO: Para terminar ¿cómo ves la literatura que se está haciendo en México?

HCM: No me gusta mencionar nombres porque siempre se me olvida alguna y si vas a publicar algo de lo que hemos platicado vas a meterme en problemas. Yo creo que ha surgido una nueva generación de mexicanos, no la sé ubicar en términos temporales, en la que por primera vez es claro que salen de la cortesanía que ha sido la cultura por excelencia del intelectual mexicano. El intelectual mexicano es cortesano porque le viene del Virreynato. Ahí se formaron unas pautas culturales que después el PRI las asumió. Entonces tenemos cortesanos que estaban con el PRI, luego con el PAN, el PRD, y ahora otra vez con el PRI. El intelectual es un sustentador del poder en el sentido que le da argumentos para permanecer ahí independientemente del partido. Así ha sido percibido el intelectual mexicano, al menos desde afuera. Y es un poder que les da algo a cambio: becas, diplomacias, posiciones dentro del aparato oficial. No les puede dar algo que el país no tiene porque no lo ha desarrollado, como el mercado. En un país tan pobre, su 60 por ciento de población, la venta de libros es mínima. Este nuevo modelo de autor que surge a partir de toda esta descomposición que se ha producido y da la impresión que esta respondiendo a un espacio más libre. El problema de la cortesanía es que ha hecho de la literatura mexicana una literatura muy conservadora. Aquellos que no se sometieron a la cortesanía, como José Revueltas, como Fernando del Paso, incluso, gente que escribió desde los márgenes, ahora el fenómeno entre lo jóvenes ya no tienen la intención de instalarse en el poder. Y un escritor que no piensa en esos términos los he encontrado en los nacidos en los ’70. Una generación sin modelos cortesanos y por ello con más de garra, más peleona.

Los grandes tótems de la cortesanía han sido Carlos Fuentes y Octavio Paz. Este último con matices, porque aunque hizo su obra dependiendo de la cortesanía, tenía un serie de criterios muy fuertes. Aunque yo nunca coincidí con sus opiniones pero me gustaba leerlo. Al final comenzaba a pelearse con el mercado, pero murió. Ya que no había comunismo se dio cuenta que había un enemigo más grande y era la dictadura en nombre del dinero.

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