Por Nínive Chávez Santiago

La verdad la entendemos en una plática o acontecimiento, narrar lo sucedido sin aumentarle ni omitirle. Pero en nuestra familia nos han enseñado el valor de la honestidad, de decir y hacer lo correcto, por penoso que sea. Porque, según los pedagogos, la educación inicia en casa y se refuerza en la escuela.

En la escuela, como profesora de niños de primero, a diario les muestro el valor de la honestidad. Al encontrarme el día anterior algún lápiz o color, les pregunto si les pertenece. Los niños son pequeños, y según algunos padres, no saben lo que hacen. Entonces, ¿cómo justificarían que algún niño le guste tomar objetos ajenos, sabiendo que no es suyo?

A diario los niños reconocen la verdad y la mentira que la maestra les dice; tienden a creerle más a los saberes de los padres. Sin embargo, las palabras no demuestran enseñanzas como los hechos, porque los niños demuestran en el salón los malos hábitos de sus padres.

¿Cuál sería entonces nuestro problema como sociedad? ¿Será verdad lo que plantea el maestro Guillermo Marín Ruiz: que un pueblo sin identidad es un pueblo sin futuro? ¿Qué hemos perdido en este caminar de la vida?

Si tenemos fallas como familias, ¿qué esperamos de nuestros gobernantes que lo compran todo, al valor que sea? Compran las televisoras, o las televisoras a ellos, para decretar nuevas leyes. Ya sólo llegan a votar, ni siquiera disimulan interés o análisis de sus ventajas y desventajas.

El trabajo de las televisoras es sólo entretenernos, con programas obsoletos que nos enajenan mientras nuestros flamantes diputados y senadores venden empresas mexicanas al mejor postor entre empresas transnacionales, y nos conformamos con verdades falsas de la televisión, sin el interés de investigar la realidad, que es otra.

El escritor Diego Osorno narra crónicas muy reales y tristes en esta sociedad, crónicas que la televisión nunca narraría, y a través de ellas conocemos más sobre las verdaderas intenciones de nuestros gobernantes por sacar adelante este país, pero sobre todo las negras intenciones del país vecino.

La televisoras dan verdades falsas de la realidad, como ha sucedido en los diferentes movimientos en el país. Desde la llegada de los españoles, la historia es falsa; la independencia de México, la Revolución mexicana, el movimiento estudiantil del 68, el movimiento del 71, el movimiento zapatista, los asesinatos en Guerrero, el caso de los mineros y los campesinos, el movimiento de Oaxaca en 2006, el caso Ayotzinapa y muchos más.

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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