Ilustración de la serie ‘Paredes de Marsella’ por Denise Alamillo

La última lata de whisky (sí, esa, la que dejaste en la nevera): la tomo y la bebo hasta el último sorbo. Los recuerdos se agolpan uno a uno en mi cabeza. Mientras tanto, en la televisión, la última escena de Perdidos en Tokio, esa película que me gusta tanto. Tomo mis llaves salgo a la calle

Surcan la piel el desdén, la desesperanza, el vacío; ese vacío que se vive con la soledad. El conflicto magisterial del 2006 dio pie a escribir muchas historias, historias de solidaridad,esperanza,amor, injusticia, desesperanza y odio. Y esta es una de ellas…

A 10 años del conflicto magisterial y popular, viene a mí esta historia. Es el año de 2013,es asesinado mi compañero de vida, quien militó en la APPO, siendo encarcelado en el penal de Cosolopa. La muerte me acompaña, camina todos los días junto a mí, va de mi mano. Es imperceptible a los ojos de los demás.

Los días pasan, te das cuenta de que la vida no se detiene: continúa, te va devorando entre sus fauces. Sobreviven mientras tu cuerpo inerte se va amoldando.

La vida continúa, sigue, nada se detiene, cada quién en su minúsculo mundo,con historias parecidas entre ellas, pero ninguna igual, porque todos venimos de distintos lugares.

Me detengo un momento tras el cristal sucio y roto. Veo pasar a dos chicas, van tomadas de la mano y se dan un beso. El olor fétido de la central camionera me regresa a la realidad. Más adelante veo a un niño pidiendo limosna con su cara sucia y una panza prominente; su madre lo observa de lejos. También veo a una a una señora que vende chapulines y semillas. Su pequeño canasto va lleno, ha vendido muy poco. Se me acerca, casi por inercia le compro una bolsita de chapulines. Pienso en ti: eran tus favoritos.

Cruzo la calle, siento ganas de llorar, mis ojos se nublan

Continúo mi camino. Ahora recuerdo tu sonrisa. Esa que me hizo feliz tantas veces. La busco entre la gente. Imposible: no la hayo en ninguna parte. Ya son las seis de la tarde, el sol se va ocultando; siento mis pies cansados. Subo al taxi, cierro los ojos, de nuevo empiezo a recordarte. Otra vez vienen los recuerdos, me hacen padecer. Por un momento quiero dejar de pensar en todo aquello que me hizo feliz.

Era el año de 1997 cuando nos conocimos, hace 19 años…

Descansa en paz.

Por Adriana Ortíz

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