Por Rodolfo Castellanos 

Fotos: Natalia Bermúdez Fierro

La noche del martes 13 de noviembre de 2012, Felipe Calderón asistió al ITAM por ser el ganador del Premio Carrera al Universo, máximo galardón que un exalumno puede recibir por parte de su alma mater. Considero un despropósito ahondar en la actitud de admiración y aprecio que dicha institución tiene por el expresidente. El simple hecho de que su Junta de Gobierno haya decidido otorgarle su mayor distinción como “reconocimiento a su calidad profesional, así como su notable contribución al desarrollo económico, político y social del país”, evidencia la concepción que tienen de su persona.

Como alumno itamita, fui testigo de las manifestaciones a favor y en contra que mis compañeros realizaron previo al arribo del entonces Presidente de la República. Porque a diferencia de la impresión que muchas personas tienen del ITAM como una institución tecnócrata, frívola y neoliberal; su carácter técnico, liberal y humano permite que dentro de sus aulas habiten personas con distintas formas de concebir la realidad.

En mi caso, mi opinión sobre Calderón es idéntica a la descripción sobre su personalidad que Emiliano Ruiz Parra plasma en Ovejas Negras, rebeldes de la Iglesia mexicana del siglo XXI:

Complejo de inferioridad, se rodea de personajes de menor estatura intelectual, política e incluso física, a quienes prohibió brillar más que él. Hombre de exabruptos, practica el regaño hiriente, exige lealtad incondicional y le exaspera la crítica. A sus 44 años, declaró una guerra contra el narcotráfico que costó 60 mil muertos.

Por aquellos días de noviembre de 2012, durante el sexenio calderonista, ya habían muerto 49 bebés asfixiados y quemados en la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora; el país estaba (y sigue) convertido en un camposanto repleto de narcofosas; en Monterrey, 52 personas murieron masacradas en el Casino Royale; en Villas de Salvárcar, Ciudad Juárez, 16 jóvenes murieron acribillados por sicarios; en Allende, Coahuila (como lo ha documentado Diego Osorno), alrededor de 300 personas fueron disueltas en diesel en ranchos aledaños; en San Fernando, Tamaulipas, 72 migrantes fueron masacrados; en Morelia, Michoacán, durante los festejos del 15 de septiembre de 2008, dos granadas de fragmentación estallaron en pleno zócalo dejando un saldo de 7 muertos y 132 heridos; el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad había visibilizado el horror que la guerra contra el narcotráfico ha traído y dos Secretarios de Gobernación habían caído del cielo.

No obstante lo anterior, la mañana del martes 13 de noviembre, compañeros del ITAM comenzaron a difundir volantes con el siguiente mensaje:

¿Eres estudiante del ITAM y estás orgullosos de tu universidad?

Demostremos respaldo a nuestra institución. El premio que se otorga a Felipe Calderón es muestra del orgullo por contar con un Presidente de la República egresado de nuestras filas.

La excelencia académica del ITAM también es motivo para manifestarnos. Súmate.

La cita es a las 5:00 pm en los torniquetes de la entrada con dos cartulinas y un plumón.

Todo el movimiento se llevará a cabo en un ambiente total de respeto tanto hacia las autoridades como hacia las personas que no comparten nuestras opiniones. Convocatoria exclusiva para alumnos del ITAM.

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Paralelamente, otro sector de compañeros que opinaban que Calderón era muchas cosas, mas no precisamente un estadista, comenzaron a planear recorrer los pasillos de nuestra institución cargando un féretro a manera de marcha fúnebre. Horas después fueron notificados que cualquier expresión política dentro de la universidad ameritaría una sanción ejemplar, de tal manera que ambas manifestaciones optaron por acomodarse afuera del ITAM, de frente a la entrada principal.

Para las 18:00 hrs. los dos grupos se encontraban a escasos dos metros uno del otro, en tenso silencio. Fue cuestión de minutos para que los calderonistas comenzaran a gritar: ¡Presidente, Presidente!, e inmediatamente los otros postularan: ¡Asesino, asesino!

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La hora siguiente fue una competencia de alabanzas y reclamos; ambos contingentes eran pequeños en comparación con el resto de alumnos que se encontraban viendo la manifestación, inertes, impresionados de sus compañeros de clase que defendían o acusaban al Presidente de patriota o genocida.

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Meses atrás, durante el nacimiento del movimiento #YoSoy132, la comunidad estudiantil del ITAM marchó unida rumbo a Televisa San Ángel para proponer y exigir expresión libre y democrática, sin cercos informativos (http://bit.ly/1BPzdJD ); semanas antes, toda la comunidad del ITAM nos habíamos reunido en el auditorio principal para despedir a nuestro Maestro Alonso Lujambio. Pero esto era diferente, Calderón no solo dividió al país, también había fragmentado y polarizado a los itamitas.

Alrededor de las 21:30 hrs. el Estado Mayor designó espacios para cada grupo de manifestantes. Los calderonistas fueron ubicados a un costado de la entrada por donde llegaría Calderón, mientras que los otros fueron mandados al otro extremo de la calle, donde instalaron un altar en memoria de los caídos durante el sexenio.

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Una vez iniciado el evento, dentro del ITAM, la noche fue mágica. Un auditorio lleno aplaudió de pie al comandante Calderón cuando finalizó su discurso por haber recibido el Premio Carrera al Universo, donde mencionó lo siguiente:

La demagogia de los prejuicios que han atrapado a México durante décadas y quizás siglos, se ha escondido siempre en un espíritu intolerante; ese que dice “solo yo tengo la razón y en consecuencia tú no tienes ni siquiera el derecho a opinar, ni a hablar, ni a exponer, ni a tratar de convencer” (http://bit.ly/1zkbPA1 ).

Durante el brindis de honor el Presidente estuvo contento, accesible a todo aquél que quisiera fotografiarse con él.

Le restaban 17 días en el poder al comandante Calderón; muy probablemente fue su última gran noche.

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