Dedicado a aquello grandes maeses que uno se encuentra en el camino y siempre tienen algo que contar…

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Robert Anthony Zimmerman, joven líder de la legendaria banda de motociclistas Hells Angels, regresaba a casa con la facción de San Bernardino tras haber atravesado el lago Bass en 1961. Bobby conducía como siempre, al frente y a la izquierda del grupo motorizado, cuando se desprendió el mofle de su motocicleta. Al darse cuenta se le hizo fácil regresar por él, así que dio la vuelta en “U”. Al mismo tiempo, otro ángel de la pandilla de Richmond, llamado Jack Egan, desde atrás de la manada aceleró su máquina, rebasando una larga fila de veloces motocicletas, invadiendo el carril que corría en contra justo cuando Bobby hacía su maniobra de retorno. Jack golpeó a Bobby, quien murió al instante.

En 1966, Robert Allen Zimmerman, mejor conocido por su nombre artístico, Bob Dylan, y quien se puso así en honor a su poeta favorito (Dylan Thomas), manejaba su motocicleta Triumph Tiger 100 en una carretera cerca de su hogar, en Woodstock, cuando sufrió una grave caída que le fracturó varias vértebras cervicales. Poco se conoce acerca de las circunstancias del accidente, ya que Dylan nunca fue hospitalizado, y no existen partes médicos de lo acontecido. Lo que sí se sabe es que estuvo fuera de circulación cerca de dos años, tiempo que ocupó para componer más canciones.

En su disco Chronicles, Volume One, Dylan interpreta su accidente de la siguiente forma: “Estuve en un accidente en motocicleta y me lesioné, pero me recuperé. La verdad es que ya quería salir de esa carretera de ratas”. Varios biógrafos concuerdan que el accidente le dio a Dylan la oportunidad de liberarse un poco de sus presiones, por lo que dejó los escenarios por ocho años, dedicándose entonces a ser un buen padre de familia y a pintar (la portada del disco que grabó posterior a su accidente, Self Portrait, lleva un autorretrato pintado precisamente por él).

¿Qué tienen en común estos dos hechos? A simple vista podría parecer que lo único en común es que los protagonistas comparten el mismo nombre y que ambos estuvieron involucrados en un accidente de moto (con la diferencia de que uno se salvó y el otro sobrevivió). Pero Bob Dylan ha encontrado otros paralelismos. Afirma haber sufrido una transfiguración, aunque no es del todo claro al exponer sus ideas. Piensa que esa transfiguración no tuvo nada que ver con la reencarnación o la transmigración, sin embargo, insiste en que el espíritu de aquel Hell Angel ha vivido en su interior desde aquel accidente que casi le cuesta la vida.

En la película I’m not there (2007), un vivo retrato de Bob Dylan en ojos del director y también guionista Todd Haynes, seis actores interpretan diferentes momentos de la vida personal y profesional del cantante. Todas las actuaciones son excelentes, y la música de la película no tiene desperdicio, pero para esta ocasión hay que ponerle especial atención a la interpretación que Heath Ledger hace de Robbie, un motociclista mujeriego y rebelde que vive en la carretera. Aunque el buen Bob diga que para él esta es una película más, él sabe de qué se trata todo esto.

La transfiguración es lo que me permite hacer lo que hago, componer las canciones que canto y seguir en el camino”.

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Posiblemente podríamos deducir que sean cosas de la edad, ya que todo esto se lo contó Bob Dylan a la revista Rolling Stone en el 2012. Pero, ¿cómo dudar de un hombre que ha escrito más de 450 canciones, grabado 43 discos de estudio y, entre otros reconocimientos y nombramientos, es premio Nobel de Literatura 2016 por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición en la música estadounidense, la cual ha abierto una brecha generacional, haciendo que su obra sea portadora de emociones e inspiración de millones de personas en todo el mundo?

La verdad yo sí le creo, porque como el buen Dylan le dijo al entrevistador de la Rolin’: “ Bob Dylan está aquí contigo, estás hablando con él. Por lo que respecta a Bobby [el Hell Angel], se ha ido. Si pudiera, daría marcha atrás. A estas alturas me gustaría volver atrás y hablarle, extenderle mi mano, decirle que tiene un amigo. Pero es imposible. Se ha ido. Sólo sé lo que te he dicho. Tendrías que trabajar por tu cuenta si deseas descubrir algunas otras cosas, pero estás viendo una persona transfigurada”. ¿Quihubo chatos?

La caravana esta lista para agarrar carretera, cada quien en sus vehículos familiares. Entonces tomo de mi arsenal de discos de música previamente seleccionados para escucharlos en la autopista. Modern Times, de Bob Dylan, grabado en el 2006. Amablemente se lo ofrezco a Don Oscar, mi Compadre mayor, para que lo escuche durante el trayecto a nuestro destino de recreo. Lo pone en el reproductor de música de su pick up Ram 2500 y suenan los primeros acordes de un country-blues sabrosón llamado “Thunder on the Mountain”, e inmediatamente lo extrae y me lo regresa a la voz de “Compadre, ¿qué es esta chingadera?”. Poco tiempo después me regaló un par de discos curados por él mismo, una fina selección de canciones del autor de “Like a Rolling Stone” y que contiene las primeras grabaciones que ahora forman parte de mi preciada colección…

Y pues, bueno, no lo puedo culpar. Cada quien le reza al Dylan de su devoción, ¿qué no?

Por Alex Fulanowsky

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