¿Monterrey es ciudad panadera?

 

Por Mariana Treviño & José Ignacio Hipólito

 

Considerando el papel que ha ocupado el pan en los hogares mexicanos, La Superior, fundada en 1924 y ubicada en la calle Guerrero, cruce con Ruperto Martínez, ha sido una de las panaderías regiomontanas más importantes para el Centro y el área metropolitana de Monterrey.

Aunque la zona está repleta de taquerías, el olor a pan recién hecho se puede percibir a la distancia. La enorme cantidad de rótulos en las paredes hacen destacar la fachada de La Superior. En una barra al centro de la colorida panadería se encuentra Jorge Luis Molina haciendo cuentas en una libreta para hacer el corte de las cajas registradoras. Él es encargado y gerente de la panadería La Superior desde hace un par de décadas.

Molina reconoce la importancia de mantener la panadería que a través de muchos años adquirió la riqueza popular y tradicional de los regiomontanos. Por esta razón, es necesario para el personal sobrevivir a las malas temporadas, la competencia, las políticas públicas y a los aumentos fiscales que han desfavorecido al negocio.

Las piezas más famosas y preferidas por los clientes incluyen las mantecadas, buñuelos, croissants mini, conchas de vainilla y chocolate, orejas, pan blanco, volcanes gigantes, pan integral y galletas de todos los sabores frutales que uno pueda imaginar.

La panadería pertenece a los mismos dueños que la famosa taquería La Mexicana (ubicada sobre la misma acerca, a sólo dos locales de distancia), pero Molina sabe que eso no es garantía para que el negocio prevalezca. Se han sabido adaptar a las diferentes exigencias del mercado y los ritmos citadinos; han sobrevivido añadiendo más variedad de producto: ahora se venden comidas, tacos, hamburguesas, hot dogs y tortas a precios accesibles.

Aunque el invierno es la mejor temporada para la venta de pan dulce, son muy famosas las margaritas. La Superior le suerte pan a los torteros más famosos del barrio: Tortas Bernal, Tortas de la Purísima, Las Tortuga y algunas otras.

Consciente de los reportes gubernamentales que informan que al menos 150 negocios han cerrado de diciembre a febrero en San Bernabé (entre panaderías, carnicerías y tortillerías, principalmente) el compromiso profesional y personal de Molina es mantener a cada uno de sus 20 empleados, mantener los precios del pan a pesar de las inestables y cada vez más caras tarifas de la materia prima y resguardar la tradición de comprar un panecito en La Superior a la hora de la merienda en los días nublados.

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