Por María Fernández

A pocos días de la euforia de uno de los eventos deportivos más importantes, creo oportuno compartir un poco del tremendo legado musical de Brasil. Una de sus grandes herencias se deriva del movimiento Tropicália, también llamado Tropicalismo, considerado como una de las revoluciones más (tropicales) importantes del país. Este movimiento influenció no sólo a las artes, la música, el cine y el teatro, sino que también tocó esferas sociales y políticas durante una dictadura militar.

La música que derivó del Tropicalismo es una colisión de sonidos tradicionales, como la samba y el bossa nova, con lo avant-garde proveniente de Norteamérica. De esta forma, el Tropicalismo permitió el surgimiento de sonidos experimentales, así como el desarrollo de música moderna brasileña que cuestionaba la música popular de Brasil (MPB). Algunos de los artistas fundadores de este movimiento son Gilberto Gil, Caetano Veloso, Tom Zé y Os Mutantes. A través de sus letras, todos ellos cuestionaban fuertemente el sistema y otros aspectos de la sociedad contemporánea.

Uno de los representantes más influyentes es la banda legendaria Os Mutantes. Considerados como los hijos de Pink Floyd, los integrantes Arnaldo Baptista, Sérgio Dias y Rita Lee son responsables, desde mi humilde punto de vista, de representar fielmente la psicodelia latinoamericana. Tanto así que la agrupación ha sido aclamada alrededor del mundo por artistas como Kurt Cobain, Beck, Wayne Coyne y David Byrne.

“Los Mutantes” fueron desde sus inicios fuerzas líderes de un movimiento cultural en plena rebeldía. El primer álbum que grabaron fue inspirado por los Beatles y los Beach Boys, durante una época en la cual el mundo se unía para derrocar la anestesia social a través de la música. Se convirtieron en la voz de un nuevo idioma que iba más allá de una protesta; Os Mutantes era clara muestra de un arte que pretendía retar al sistema.

Lo que al final logró el Tropicalismo fue abrir la mente de los brasileños, especialmente de las nuevas generaciones, que venían arrastrando una imagen contradictoria de un país en crecimiento. Como diría Godard, eran los hijos de Marx y Coca-Cola; un país que siempre ha estado en posición de complacer a los padres internacionales, que, en esta ocasión, ha hecho lo imposible por dar gusto al comité de la Copa Mundial. Pero ahora Brasil se enfrenta a un escenario donde su papel de niño bueno es puesto en duda.

El aumento en tarifas de transporte y rentas, así como la “inversión” para el mundial a costa de los impuestos de los brasileños, han hecho arder a los jóvenes de todos los estratos económicos. Veamos qué pasa después del “pan y circo”, veamos cómo reaccionará el pueblo brasileño.

Os Mutantes – “Panis Et Circenses”:

 

 

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