Por Anónimo Sinnombre

Contra Estados Unidos. Crónicas desamparadas (Almadía, 2014) es un libro muy interesante, ya que sus crónicas me llevan a vivir lo ocurrido en aquel momento. También lo es por las opiniones de las personas que intervienen dentro del libro, como es el caso de “El caravanero, que externa en una cartulina sus reclamos contra Estados Unidos por su política antidrogas, pues es efectivamente uno de los países que más consume y vende narcóticos como si se tratara de otro producto más de la canasta básica. Pero la realidad es que el consumo de drogas ya es algo tan normal que ha pasado a un segundo plano; la sociedad y las autoridades ya no se alarman ante la venta y consumo de sustancias, como tan acertadamente se menciona en el libro: “No tengo duda: la guerra del narco es cien veces más dañina a ambas sociedades que el abuso de las drogas”. Sería engañarnos pensar que dentro del gabinete presidencia no hay juegos de poder que involucran al narco, en los que las promesas no cumplidas llevan directo a la denuncia de transacciones, fraudes, asesinatos y demás acusaciones que lo ayuden a lograr su objetivo.
En la crónica de “La limpia” tal pareciera que se trataba de hacer un recuento de daños, pero era más bien de víctimas, y todos los comentarios que en ésta se vierten apuntan hacia lo que el presidente Felipe Calderón pretendía aventar a una fosa clandestina: la memoria histórica de la guerra del narco. Tal parece que lo que un presidente propone, el siguiente lo pone en práctica. Cuando dice en sus diálogos del Castillo que si Calderón no publica la ley de víctimas, la publicaremos nosotros, con esta declaración está más que dicho lo que él ya tenía planeado. En lo que no pensó fue hacerlo con aquellos que en realidad lo merecían en vez de con jóvenes que apenas iniciaban en una guerra política, en una ardua carrera de retos, sacrificios, batallas, sueños, ideales. ¿Por qué sacrificar a unas semillas fértiles con gran visión para un mejor país, un mejor pueblo, una mejor calidad de vida? ¿Por qué de esa manera tan cobarde, sin dejar que se defendieran y pudieran embestir su propia muerte, como se debe morir, con la frente en alto y de pie? Porque no hay nada que ocultar, nada que silenciar. Porque así somos los jóvenes: rebeldes, inquietos con muchas agallas, sin miedo a la represión del más fuerte.
La realidad que se vive en el país es muy alarmante. Ha rebasado los límites de la desfachatez, se ha quitado la máscara que durante tantos años llevó puesta. Ya no hay nada que esconder, detrás de todo funcionario público hay un grupo del crimen organizado que controla las masas ofreciendo dinero, puestos, bienes y todo para disfrazarse con un humanismo hacia su pueblo, haciéndoles creer que están con ellos, dándoles programas que subsidien su calidad de vida.
Imagínense cómo podría ser una Caravana por la Paz en México, qué hechos y qué víctimas podrían darle impulso: la matanza del 2 de octubre, las victimas en Ciudad Juárez, los bebés atrapados en la Guardería ABC y la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa.
Pareciera que todo lo que pasa con la delincuencia, las drogas, los desaparecidos, y todo los involucrados en el narcotráfico es, hoy por hoy, la ruta a seguir, ya que las autoridades no hacen nada al respecto, pues están al tanto de todo y saben cómo se manejan las transacciones. Hasta el empleado de nivel más bajo en la burocracia se vuelve cómplice y pide mordida para que no te infraccionen, o denuncien.
Lo peor de esta situación es que somos parte de este sistema. Hay que alzar la voz, no permitir más daños y humillaciones. Un claro ejemplo de este cambio lo encontramos en la película de La dictadura perfecta, donde nos muestran de una forma clara lo que los medios de comunicación son capaces de hacer con un presidente y cómo puede manejar la información, dando a conocer lo que quieren que se dé a conocer, enfocando la atención en otros asuntos para ocultar crisis de índole política, económica, educativa, etc. Mientras la sociedad está ocupada con los ojos en un lado, por el otro se aprueban leyes.
Mientras nos puedan controlar con los medios de comunicación, no habrá ninguna conciencia ciudadana política que genere otra mentalidad y que inicie una transformación con la que exijamos nuestros derecho, el buen trato para los que menos tienen, la igualdad y el respeto por una sociedad justa e igualitaria, en donde todos tengamos las mismas oportunidades para una mejor convivencia.

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

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