¿Qué fue de esa Patria que adornaba los libros?

Por Carmen Libertad Vera

Fui de las afortunadas escolares que un buen día recibió, al igual que millones de niños mexicanos, un equipo de ejemplares de las primeras ediciones de libros de texto gratuito.

Los recuerdo perfectamente. Sus portadas mostraban escalonados, sobre pódiums disparejos, a los principales héroes patrios y a Doña Josefa, la entonces única heroína de nuestra nación. Todos así bien seriesotes. Egregios. Como posando su homérica finta. Ilustrados con paletas donde los colores nacionales destacaban como el fondo idóneo de sus distintivos y característicos ropajes. Fueron todos retratados por los pinceles de —ni más ni menos— Siqueiros, Montenegro, Anguiano, Zalce, Leal y Chávez Morado.

Como una escena luminosa, viene a mi memoria aquella soleada mañana cuando, en el arqueado patio de una vetusta escuela pública, nos fueron entregando aquellos libros. Conjuntamente con un montón de esféricas pelotitas coloridas, de distintos tamaños y fabricadas en compactado y duro hule espuma. Nunca entendí la relación entre ambos objetos. Lo único que intuí fue que uno de esos dos regalos, los libros, trascenderían durante toda mi vida como algo fundamental.

En esos libros aprendí a leer. Bajo el concepto de Lengua Nacional y con el método onomatopéyico de don Gregorio Torres Quintero, observando ilustraciones monocromáticas donde México era una noción medianil entre lo rural y lo urbano. Nación abundante en rasgos indígenas, rebosantes de esperanza por un futuro próspero. El país en esas páginas era una especie de entelequia rodeada de garigoleados ejercicios caligráficos. Porque sí, entonces se aprendía a escribir en letra Palmer, y era necesario “aflojar” el pulso mediante planas enteras de palotes y bolitas.

Después, hubo una nueva imagen que uniformó nacionalmente las portadas de todos los libros de texto gratuitos. Las únicas diferencias entre ellos fueron los nombres de las materias y el grado de instrucción al que estaban destinados.

Esa colorida portada se volvió mítica. Se convirtió en la magna representación de una patria mestiza, fecunda y generosa. Patria representada como una mujer altiva, de apariencia inmaculada y pechugona. Mitad virgen, mitad diosa. Tótem de la nativa raza de bronce. Y ella adquirió la condición de abanderada nacional de un país que todavía se soñaba ubérrimo e inagotable Cuerno de la Abundancia.

En esos aprendimos el amor a nuestra patria y a las letras. Mediante las coplas del Sapito Glo Glo y la historia de cuando Dionisio Pulido vio nacer un volcán, brotado desde las entrañas de su parcela michoacana. Aquella mujer fue, durante más de una década, la representación perfecta para esa Suave Patria, “impecable y diamantina”, mitificada por obra y gracia de López Velarde.

Jorge González Camarena, artista jalisciense y autor de esa didáctica pintura, logró en su momento contribuir a unificar el pensamiento en torno a un México ideal al que poco tiempo después, horrorizados, descubrimos tan inexistente y fantástico como cualquier vulgar cuento de hadas.

De allí que no cause tanta extrañeza conocer la verdadera historia de Victoria Dorantes, aquella indígena tlaxcalteca que a los 18 años impactara con su rotunda belleza autóctona a González Camarena, quien luego la eligiera a ella como modelo perfecta para muchas de sus obras, especialmente en ese óleo sobre tela de 1.20 X 1.60 mts., representación de nuestra Matria.

Cuenta la versión más divulgada de esa historia que Victoria trabajaba en un bar en el que solían reunirse, entre otros, el propio González Camarena, el Dr. Atl y Diego Rivera.

Según se dice, González Camarena de inmediato abordó a aquella mujer con intención de cortejarla mediante el manido recurso que todos los pintores utilizan: convertirla en su modelo particular. Victoria le advirtió la imposibilidad de tal hecho debido a su condición de mujer casada y no con un hombre cualquiera, sino con un peligroso y cruel pistolero al servicio de cierto cacique político, como esos que eran tan frecuentes en aquellos tiempos.

Olvídese. Si mi marido descubre que estoy posando para usted, al día siguiente habría dos entierros. El suyo y el mío”. Esas fueron, al parecer, las palabras con las que Victoria intentó hacer desistir al pintor de sus intenciones hacia ella. Explicando asimismo cómo, previamente a alguna de las frecuentes ausencias de su marido, éste llegó a descargar una pistola a los píes de la atemorizada mujer, en señal de advertencia de cualquier posible intento de infidelidad.

Finalmente, un día, González Camarena advirtió que en casa de Victoria había un velorio. Presintiendo que aquel ser primitivo había ultimado a la mujer, el pintor se acercó a tal escenario descubriendo con asombro que el difunto era el violento marido de la tlaxcalteca.

Lo demás ocurrió a manera de epílogo. Victoria se convirtió en la Madre Patria para muchas generaciones de mexicanos. Y, de paso, en la ilustre amante de González Camarena durante muchos, muchos años. Cuentan que ella luego estuvo viviendo en París, y que a su regreso era una consumada alcohólica que murió de justificada cirrosis hepática.

Más allá de las fronteras nacionales, la internacionalizada imagen de esa bella tlaxcalteca llegó hasta el cono sur, porque en la Universidad de Concepción, en Chile, ella está plasmada en el mural Integración latinoamericana, pintado por encargo de Díaz Ordaz e inspirado en el Canto General nerudiano.

El 12 de abril del 2012, en la Cámara de San Lázaro, la entonces diputada panista Oralia López Hernández propuso ante el pleno del Honorable Congreso de la Unión que el nombre de esa tlaxcalteca se inscribiera con letras de oro en el Muro de Honor del Palacio Legislativo, iniciativa que resultó turnada a la comisión correspondiente.

Quizá algún día la historia de Victoria Dorantes, tan ligada a la propia historia de nuestros gratuitos libros de texto, sea literaturizada e incluida en las páginas de algunas de sus futuras ediciones. Aunque me temo eso será casi imposible, aun cuando transcurran muchas más reformas educativas. ¡Lástima!

Comments

comments